De Mara, Valeria y todas las demás que incomodan

Por Argelia González Cervantes

 

Con noticias como la de Mara, en Puebla, violada y asesinada por el conductor de su «taxi seguro», o la de Valeria, en Neza, la niña de 11 años violada y asesinada por el conductor del pesero donde la subió su papá para que no se mojara, pienso que como estos hay mil crímenes más que pasan inadvertidos, que simplemente son parte del día a día.

 

Y me parece escalofriante y frustrante que los poquitos que salen a la luz sólo sirvan para arraigar en la mente colectiva la noción de que las mujeres no podemos pasar ni un minuto solas porque quedamos a merced de cualquiera (hombre, claro) que pase por ahí y decida que en ese momento se le antoja asaltarnos, darse el gusto de meternos mano, cogernos, o bien llevarnos por la fuerza a un lugar escondido, satisfacerse, asfixiarnos, golpearnos, apuñalarnos o lo que sea para lo que dé su imaginación retorcida.

 

Y pienso además en lo mal y lo diferente que seguimos educando a mujeres y a hombres. Pienso en mis amigos con hijos haciendo «bromas» sobre cómo no dejarán a sus niñas tener novios sino hasta después de los 30, pero a los niños, ellos sí desde chiquitos… ¿para que aprendan a ligar?, ¿para que sepan tratar a las mujeres?, ¿a unas como putas y a otras como damas?, ¿o para que le entren al juego de «agarren a sus gallinas, porque mi gallo anda suelto»?

 

Y hablo de amigos míos, gente joven, inteligente, profesional, trabajadora, que comparte conmigo este contexto citadino de pseudo progreso y pseudo libertad. Y sin embargo siguen sembrando en los varones el mensaje de «hay que ser un cabrón con las chavas», «tú echa desmadre, hijo, para eso son las viejas, pero cuando te cases consíguete a una muchacha recatada y de su casa», «mientras más chavas tengas, más fregón eres», «en tiempos de guerra, cualquier hoyo es trinchera».

 

En cambio el mensaje para las niñas sigue siendo que «las niñas que tienen muchos novios valen menos», «las muchachas deben portarse bien, para que no les pase nada», «el hombre llega hasta donde la mujer quiere», «ésa no tiene hombre, por algo ha de ser», «es a lo que se exponen por andar de liberales», «qué pena lo que le pasó pero seguro algo malo andaba haciendo», «quién la manda a vestirse así», «quién la manda a andar sin su marido (o sin su novio, o sin su papá)», «para qué anda de buscona», «bien que les gusta y luego chillan», «los hombres siempre van a ser así, pero tú tienes que darte a respetar», y otras joyas como: «con dedos y palos no hay violación, sólo cuando hay verga», «estadísticamente está comprobado que las mujeres disfrutan que las violen, porque así ellas no son culpables del pecado y entonces se permiten gozar».

 

En este país vivo. Viven mis primas, mamá, tías, sobrinas, amigas del alma, hermanas de vida. En este país que está tan pinche lejos de entender lo atrasado que está.

 

A las niñas se las va a seguir educando con miedo y culpa, y supeditando su valor en la medida en que tengan un hombre al lado que las cuide y las defienda, por estar bien casadas o por ser buenas madres. Estamos lejos de que eso cambie, porque quienes intentamos algo distinto únicamente terminamos siendo arrinconadas y estigmatizadas, somos feminazis, quedadas, amargadas. Y con noticias así de horrorosas, sólo se fortalecen los pensamientos misóginos que aseguran que a las mujeres no hay que darnos tantas libertades, que porque se trata de cuidarnos.

 

Pero qué tal que vamos cambiando el chip que le ponemos a los niños y los programamos distinto. No como caballeros, no como héroes protectores. Sólo como humanos decentes.

 

Amigos, si ustedes son padres de varones pequeños, mi sugerencia es ésta: Vamos enseñándole a los niños que su apetito sexual no es un monstruo voraz e irrefrenable. Que no tienen que demostrarle a nadie si son más o menos por tener sexo a tal o cual edad.

 

Que ninguna presión social o ningún estado etílico les da derecho a decidir sobre alguien más por diversión. Que mandar fotos obscenas no los hace más hombres. Que pueden perfectamente aguantarse las ganas de agarrar una nalga o una teta, o de embarrársele a alguien. Vamos enseñándoles que es cosa de seres humanos, no de putas o damitas de su casa, ni de caballeros andantes o cabrones machistas.

 

Se me ocurre.

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