Armando

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz

Foto: Eréndira Negrete

 

Para él, Armandito

 

Antes de huir 
Con mis cosas de aquí
Pintare en la pared «Te Quiero» 

Cuando nació, los doctores le diagnosticaron Síndrome de Rubinstein–Taybi (En 1961 los doctores mencionados descubrieron ese síndrome en varios niños). Le habían pronosticado que viviría hasta los 18 años.

 

Sólo unos jeans, unos tenis y al fin 
Igual que llegue te dejo 

Déjenme platicarles cómo era Armando. Era un chico con los pulgares arqueados, cara “cómica” –así le llaman, no sé por qué chingados, porque yo la tengo más cómica, pero bueno–, baja estatura, párpados caídos, retraso mental y un coeficiente intelectual de 30 a 79, aunque hemos visto a varios presidentes con menos de eso. Pero a lo que voy es que este chico, para mí, tenía un intelecto mayor al que de muchas personas a las que conozco.

 

Creo que el amor nos abandonó 
Y voy a buscarlo a cualquier precio 

 

Él vivió algún tiempo conmigo cuando tenía que estar en la “gran cuidad”, para sus estudios y para ir a alguna escuela para “personas especiales”. En las noches, cuando llegaba de trabajar, lo sentaba junto a mí y hacíamos competencias de adivinar canciones. Autor y año de diversas canciones que le ponía en una vieja computadora que yo tenía en mi recamara.

 

Pasábamos horas y él me ganaba en la mayoría de las canciones, diciéndome el año y los artistas de moda que interpretaban las dichas canciones. Le gustaba sentarse sobre la alfombra con sus piernas cruzadas en flor de loto y se mecía de un lado a otro. Tenía el cabello lacio, negro y un poco largo. De verdad que sentía la música.

 

Lejos de ti bajo el cielo de abril empezaré de nuevo 
Quiero sentir si aún puede hervir mi sangre con otros besos
Creo que es mejor armarse de valor
Desplegar las alas e irme lejos 

La tenía prohibida, pero a escondidas le dábamos una Coca Cola fría y se empinaba el envase. Abría la boca, su boca llena de palabras de amor que a todo mundo le demostraba, y entraba el líquido oscuro como una fuente inagotable de placer y de sensaciones, que él solo podía demostrar. Después de retirarse la botella, con los ojos rojos por falta de aire, era tal el placer de tomar ese liquido gaseoso que se quedaba sin aire por algunos instantes y te volteaba a ver con una sonrisa parecida a la de un bebé que acababa de de descubrir algo nuevo.

 

Como una mariposa 
Escapando sin mirar atrás
Como una mariposa
Volando hacia la libertad
Como una mariposa

 

En una ocasión en el supermercado estaba el actor Alejandro Camacho y se le fue encima gritándole:

 

-¡Eres un maldito! ¡Maldito Federico Cantú Sánchez-Zúñiga!

 

Él veía la telenovela de “Muchachitas” y se le fue a gritos, ya que pensaba que era él. La gente volteaba a mirar desconcertada y el actor sólo sonreía, pero apenado. Para mi hubiera sido un placer eso, ya que hice muy bien mi trabajo. A Armando lo calmaron diciéndole que era un actor y hacía su trabajo. Después de una Coca Cola fría se le paso el coraje.

 

Cerca del mar 
Con arcilla y coral levantare mi casa
Solo unos jeans, unos tenis y al fin
Saldré sin decirte nada 

 

Después de un tiempo y sin más estudios que hacerle lo enviaron a su casa, en Tapachula, Chiapas.

 

Como una mariposa 
Escapando sin mirar atrás
Como una mariposa
Volando hacia la libertad 

Pasaron varios años y sólo sabía que iba decayendo poco a poco. Las clases de lectura que le dio mi madre y todo el amor que le dimos aquí, se fueron con el tiempo. Recuerdo cuando movía su cabello como en cámara lenta y cerraba los ojos emocionado por la música, mientras cantaba “Como una mariposa”. La sonrisa formaba una aureola en todo su rostro y te contagiaba de esa emoción. Aplaudía con sus manitas deformes y se golpeaba en sus piernas por tanto placer.

 

Como una mariposa 
Escapando sin mirar atrás
Como una mariposa
Volando hacia la libertad 

A veces olvidamos cómo demostrar la emoción de algo tan insignificante, como es estar con la gente que nos quiere… La pasaba muy bien con Armandito.

 

Hoy por la mañana me dijeron que murió de un paro respiratorio. Los doctores, cuando nació, le pronosticaron que viviría hasta los 18 años. Murió teniendo 36 años. Ahora lo recuerdo con gran cariño, cantando y moviendo su cabello de un lado a otro.

 

Ahora, pensándolo bien, ya está escapando sin mirar atrás, volando hacia la libertad.

 

Descansa en paz Armandito, nuestro gordito.

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