7:19… Tanta muerte, tanto polvo, tanto llanto

Por Rivelino Rueda

 

Tanta muerte, tanto polvo, tanto llanto. La ciudad herida de muerte y un poeta con un puñal de obsidiana clavado en el pecho. Tanta muerte, tantas sombras, tantas moscas azules. Mi ciudad se muere y no la dejo morir.

 

Son las 7:19 de la mañana de un 19 de septiembre de 1985 y la tierra copula con el tiempo en dos minutos desgarradores…Y el poeta copula con ellos. El polvo es sol y la noche es polvo.

 

Jorge Emilio Pacheco se aferra a su vida, a su ciudad, a su gente. El poeta fenece y enmudece. El poeta narra, porque duele…El poeta narra porque necesita hacerlo, a un lado de su gente, siempre su gente, siempre su ciudad.

 

Muchos dicen que la ciudadanía se forja con la sangre derramada por jóvenes estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968; otros rebaten y hablan de una ciudadanía renovada tras el fraude electoral de 1988. La opinión se divide con una sociedad civil pujante luego del levantamiento zapatista de 1994.

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La historia marca la ruta y se detiene ahí, en septiembre 19 de 1985, en donde de las ruinas sumerge el otro, el que estaba escondido y hoy habla con las manos, con la integridad, con la solidaridad, con la desesperación, pero también con el recuerdo.

 

Miro la tierra (México, 1986) es la voz de nuestros muertos y de nuestra lucha cotidiana. Del momento desgarrador pero también del instante ciudadano. De la emancipación silenciosa de una ciudad herida de muerte. Del nosotros antepuesto al yo, “mi prójimo lejano/el más alto sufrimiento”.

 

“A mis amigos que no volveré a ver,/a la desconocida que salió a las seis/de la colonia Granjas-Esmeralda o de Neza/para ir a su trabajo de costurera o mesera;/a la que iba a la escuela a aprender/computación e inglés en seis meses,/quiero pedir disculpas por su vida y su muerte.

 

“Ruego que me perdonen porque nunca encontraron/su cuerpo verdadero en el cuerpo de tantos/que ahora se desintegran en la fosa común/y dentro de nosotros siguen muriendo.

 

“Muerto que no conozco, mujer desnuda/sin más cara que el yeso funeral,/el sudario de los escombros, la última/cortesía del infinito desplome:/tú, el enterrado en vida; tú, mutilada;/tú que sobreviviste para sufrir/primero la caída y poco después/la inexpresable asfixia: perdón”

 

Abajo hay muerte, como la que nos enseñaron desde niños. La ciudad que quedó sepultada vuelve a ser sepultada de nuevo…Y ahí están nuestros poetas, nuestro Jorge Emilio Pacheco, nuestro humanista, nuestro forjador de ciudadanía.

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Y su eterna pareja, Cristina Pacheco, nos da dosis de vida, de pertenencia, de amor a una ciudad desgarrada pero digna, eternamente digna y amable. Nos habla del poeta con poesía, de su eterno compañero, Jorge Emilio Pacheco.

 

“Hice una pausa. Me levanté del escritorio porque reapareció frente a tu ventana el colibrí que tanto te gustaba. Si él regresó, es imposible que no regreses tú”.

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One Thought to “7:19… Tanta muerte, tanto polvo, tanto llanto”

  1. Claudia

    José Emilio Pacheco!

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