¿Quién controla tus emociones?

Por Astrid Perellón

 

Aquí y ahora se dice que el Gobierno controla las emociones y pensamientos de las masas. Esto es cierto pero no por su extraordinario poder, sino porque uno mismo renuncia a su capacidad de autogobernarse.

 

¿En verdad creemos que el Gobierno (o la suegra, o el vecino molesto) es realmente capaz de activar nuestra dopamina o regular la oxitocina en el organismo, con tal de que nos sintamos de una u otra manera? ¡Cuidado con tu respuesta!

 

Piensa, por ejemplo, si un niño creyera eso: que otros tienen responsabilidad por hacerlo sentir esto o lo otro. Podría ser víctima del acoso escolar, cambiando su concepto de sí mismo por lo que otros dicen de él. Podría llegar a adolescente creyendo que el amor de la vida es aquel que le habla bonito y llegar a adulto pensando que los poderosos son culpables de la mala administración que uno lleva en casa.

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Por el contrario, considera posible que uno se gobierne, se autorregule, se sienta como se quiera sentir. ¿En verdad tengo el control remoto de las imágenes que se proyectan en mi cabeza, produciéndome alegría o rencor? ¡Claro! A menos que permitas que predominen las que ves, lees o escuchas de otros. La contaminación no es culpa de un ente poderoso moviendo los hilos de la sociedad; es responsabilidad de quien no cambia el canal y no usa para su beneficio el control remoto.

 

Podrá sonarte a basura automotivacional, sin embargo, es una inofensiva fábula en donde, por un lado, un tipo quejoso y achacoso se sintió culpable por admitir que quería sentirse mejor cuando los hechos a su alrededor demostraban que todo iba de mal en peor. Mientras que otro tipo se sintió absolutamente poderoso al saber que podía sentirse como quisiera. No recordaba dónde había leído que era posible y no tenía la menor importancia pues, por simplemente considerarlo, sintió mejorar su estado de ánimo.

 

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