Xilitla y el domingo de Huapangos

Texto y foto: Ángel Santillán Mora

XILITLA.- La tarima lloraba de emoción por una tarde de Huapangos. La expectación fue tan larga que los pobladores del pueblo mágico de Xilitla, en el bello estado de San Luis Potosí, estaban emocionados. 

Se notaba en cada uno de los rostros que la espera había sido de más de un año para poderse reunir. La pandemia mundial del Covid-19 no les había permitido llevar a cabo el tradicional baile de cada domingo. 

Cuando llegué a la Plaza Principal de Xilitla vi a lo lejos una pareja bailando– un hombre y una mujer, muy jóvenes, por cierto–; alrededor las personas grababan el acto. 

Felices, todos movían los pies al ritmo de la música. El baile típico de la región era sinónimo de emoción en los presentes; de fondo, un quiosco y decenas de puestos que invitan a los visitantes a comprar las artesanías y productos del lugar.  

Un cielo entre nublado y soleado fue partícipe y testigo del gran día. 

El baile me generó emoción. Fui directamente con los bailarines. A la mujer le pregunté si podía bailar con ella. Con una sonrisa en el rostro me dijo que sí. 

De hecho, ella me explicó rápidamente los pasos que se tenían que seguir. También me comentó que era el primer baile que se realizaba desde hace un año que inicio la pandemia. 

Su sonrisa en el rostro era natural y estaba emocionada por volver a pisar la tabla. 

El baile con la dama 

De mirada tranquila, ojos profundos; la miro directamente a los ojos, sin duda me cohíbo, ya que le pido que baile conmigo. Con un vestido típico de la región, verde con blanco, y una blusa blanca con colores en lasmangas, también que acompañaba con zapatillas alargadas negras me dice:  

“Bienvenido a Xilitla”. En el siguiente huapango me explica que empieza una pareja a bailar, para después ir eligiendo a la pareja.

En el escenario principal el Trío Andante Huasteco amenizaba el baile. Dos hombres con camisa azul y pantalón café que acompañaban con un sombrero casi del mismo tono. La mujer de lentes que cantaba los huapangos portaba un vestido con tonos rosados, el cual combinaba con un Quechquémitl.  

En el rostro de los tres músicos se podía detectar felicidad. La jarana y la guitarra se habían empolvado. Tocar en la Plaza Principal era algo que esperaban con gran devoción. 

El domingo de Huapangos había regresado al pueblo de Xilitla y, con ello, un cúmulo de sonrisas en sus habitantes. Todos se olvidaron por un momento del virus y sacaron sus mejores pasos de baile.  

Los acordes de la música lograron mitigar por un momento el contexto de la pandemia mundial. El huapango regresó al pueblo y, con ello, la sonrisa de los presentes. 

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