Vicente Fox llama a casa. Mi padre, en la lista de muertos

Por María Alejandra Yáñez Navarrete

 

Mi mente llevaba procesando el accidente desde la mañana y fue tan solo cuando el presidente Vicente Fox mencionó el nombre de mi padre entre la lista de los muertos cuando mi mente entró en estado de shock.

Desde muy pequeña he sabido los riesgos del trabajo de mi padre, siempre con las historias y consejos que me reprochaba cada vez que podía detrás de mí, pero para mí siempre ha sido como una simple historia de terror que acababa cuando mi padre entra por la puerta de la casa al finalizar el día.

Aquel 21 de noviembre de 2005 todo pintaba normal. Lo único diferente de mi rutina fue que mi padre no me acompañó a la escuela como solía hacerlo. Las clases transcurrieron con normalidad hasta mi clase de historia y geografía, en donde la noticia se dio a conocer.

Realmente no recuerdo bien qué hacíamos en clase, pero la mayoría de mis compañeros se encontraban parados. Las chicas estaban alrededor de la profesora presumiendo sus accesorios nuevos, los trabajos de sus padres o sus escasas conquistas a sus cortos 10 años. Mientras yo permanecía sentada en mi lugar, cada quien hacía de su vida un papalote. Hasta que uno de mis compañeros gritó:

–¡Un helicóptero del gobierno se cayó!

Por unos segundos sentí que mi estomago se contraía, y es que a pesar de mi corta edad era muy celosa del tiempo de mi padre, por lo cual estaba pendiente de su agenda y sí, él era uno de los que tenia que subir a ese helicóptero aquella mañana.

Durante esos segundos mis compañeros se juntaron tratando de conseguir más detalles morbosos con la profesora. Uno de esas y esos tantos era yo, pero hasta esos momentos sólo se sabían escasos detalles, uno de ellos eran las dos explosiones que escucharon los testigos y luego la caída del helicóptero.

Me acuerdo que tontamente confirmé con mis compañeros y mi profesora que mi padre era una de las personas a bordo. Después de eso recuerdo haber sido bombardeada por preguntas de asombro y morbo que mi profesora logró calmar con un trabajo individual hasta que finalizó la clase.

Recuerdo que después de esa clase y durante el día todos se negaron a darme mucha información, pues no se confirmaba la identidad de los fallecidos.

Casi siete horas después del accidente el presidente de la Republica leyó un comunicado en cadena nacional. Para ese momento ya me encontraba en mi casa, en el cuarto de mis padres, y con la cara a tan solo unos centímetros del televisor.

Para ese punto el presidente Vicente Fox daba a conocer la lista de los fallecidos y los llamaba “héroes”. El nombramiento de cada persona era eterno y, en ese momento, ni a mi madre ni a mi nos importaba el cargo de los mencionados o los nombres, hasta que escuchamos el nombre que menos queríamos oír.

-“Luis Anselmo Yáñez Garrido

..

..

Lamentamos la perdida de estos grandes funcionarios a sus familiares y amigos”

Mi madre se encontraba igual o más pálida que yo. Mientras nos mirábamos la una a la otra, sin saber cómo reaccionar, el teléfono sonaba. Sonaba tan estridente como lejano. Queríamos que aquel ruido que llenaba toda la habitación acabase de una vez y sólo había dos opciones: La primera era dejarlo ahí, dejarlo sonar, dejarlo torturarnos, y la otra era levantar el auricular y escuchar el pésame de Presidencia.

Escuchar la confirmación de que mi padre ahora era un héroe, según Fox, un héroe que nos entregarían en una bolsa, bolsa que luego sería puesta en un ataúd lleno de piedras.

Aún recuerdo el momento con lentitud. Creía tener el corazón en la garganta cuando mi madre levantó el auricular y en ese momento lo escuchamos.

Hola Mikita, acabo de aterrizar.

–¡Luis! Que bueno saber que estás vivo, pero posiblemente sin chamba, porque tu jefe se acaba de hacer pomada con todo y helicóptero.

Mi corazón volvió a su lugar. Ahora veía a Fox y sus héroes como algo lejano a mí. En ese momento ya sólo me importaba que llevaba todo el día sin comer y qué le pediría a mi padre de regalo cuando regresara.

Durante la llamada mi padre le explico a mi madre que consiguió un lugar en un vuelo hacia Chile. Mi madre le detalló el accidente y le pidió que se comunicara con su secretaria, quien estaba hecha un mar de llanto y no paraba de recibir llamadas, flores y cuestionamientos sobre dónde se llevaría a cabo el funeral.

Aquella mañana mi padre se había dirigido al ATM para tratar de conseguir un viaje a Santiago de Chile para acompañar a su hermana y a su tía en una operación que se llevaría a cabo el 22 de noviembre. Aparentemente consiguió el lugar a bordo de un avión que salía en 10 minutos, por lo cual entre las prisas sólo pudo comunicarse con su jefe, Ramón Martín Huerta, secretario de Seguridad Pública Federal.

Al momento de aquella llamada se estaban resolviendo asuntos de urgencia y, como el lugar de mi padre quedaba libre, se decidió que José Bernal, de Derechos Humanos, abordara el helicóptero de manera imprevista.

 

Related posts