Viacrucis burocrático en las oficinas de la CFE

Por Gretta Penélope Hernández

El pasado 17 de noviembre acudí a la sucursal de la compañía de luz  en la colonia Pantitlán. La empleada de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), «la empresa de clase mundial», me pide que le tome fotos al medidor de luz donde se muestre la fecha de hoy.

“¿Y cómo supone que haré eso?, cuestiono desconcertada.  La mujer joven que me atiende saca del cajón de su escritorio unas fotografías donde se lee un trozo del cabezal del periódico.

La Prensa y la fecha del 22 de septiembre de 2014. A un ladito y fuera de foco, un medidor de luz.

–¿Pero para qué quiere eso?–vuelvo a preguntar.

–Para verificar que sí es su medidor y que la foto fue tomada el día  de hoy– contesta muy seria.

Con los ojos cuadrados por semejante requisito, sugiero:

–Y si le traigo la foto tomada con el celular ¿le sirve?

–No –afirma orgullosa del procedimiento burocrático–. Si desea cambiar los datos de su recibo de luz, deberá presentar las fotos, más la copia de su IFE, más las copias de sus escrituras y su recibo de luz actual.

Salgo de la sucursal de «la empresa de clase mundial», tomo mi bici, pedaleo hasta encontrar un periódico, después regreso a casa, fotografío el medidor de luz, hago malabares para que se vea la fecha del diario al lado del aparato.

Me siento estúpida haciéndolo, pero la señorita  de la CFE así sentenció que debía ser.

Descargo las fotografías en la computadora, las guardo en la USB, vuelvo a tomar la bici y pedaleó rapidísimo al Walmart para imprimir las fotos. De una vez imprimo 4 tomas distintas para que no me regresen  porque me haya faltado algún ángulo.

De vuelta a la sucursal de la Calle Uno en la colonia Pantitlán,  me atiende otra señorita.

Extiendo sobre su escritorio el pedido de copias y fotos. Apenas mira mis papeles y regresa a su monitor. Sus dedos teclean despacio y sus ojos vagan por la pantalla. Me da la impresión de que no tiene ni idea de lo que está haciendo.

Tras varios minutos, me informa que como la factura ya está por salir es imposible realizar el cambio y por ello el sistema no admite cambios.

Parpadeó, resoplo y pregunto: “¿Cuándo debo regresar?”

–Hasta principios de diciembre–responde.

–¿Debo volver a tomar las fotos con la fecha de ese día?

–¿Fotos? ¿Quién le dijo que fotos? Eso sólo se pide cuando están erróneos los datos.

Antes de salir suelto la amenaza de armar “desmadre de clase mundial” si al regresar en diciembre me vuelven a pedir las fotos con la estúpida fecha de un diario.

La mujer apenas sonríe

–Fue un placer atenderle–después me ignora y grita: “¡Siguiente!”

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