El trinfo de un niño no deseado

Por Hoger Cruz Méndez

Foto: Eladio Ortiz

No es fácil tener un hijo y mucho menos si éste será el sexto de la «camada». Así lo pensaron Alejandra y Miguel, una pareja que había formado una familia bastante disfuncional, llena de violencia y maltrato.

Alejandra nació en Morelia, Michoacán, en los años sesenta. Fue separada de su padre a los cinco años por su madre, misma que la despreció y abandonó a merced de su abuela. Su infancia fue difícil. Era maltratada y humillada por sus tíos y tías. Todos se imponían a ella. Decidió abandonar su casa a los 17 años. Ella misma trabajó y pagó su escuela.

De poco en poco logró graduarse como enfermera en la Universidad de Michoacán y conoció a Carlos, un contador del cual se enamoró y con quién decidió casarse. Sin embargo, un par de años después de su boda, Carlos falleció de un ataque cardiaco, dejando a Alejandra viuda.

Miguel, al igual que Alejandra, nació en la década de los sesenta, pero su origen era defeño. Él viene de una familia pobre cuyo único sustento era un humilde puesto de tacos del cual no obtenían muchas ganancias. Era el penúltimo hermano de siete y –dicho por él mismo– no fue el favorito de su madre. De hecho no le prestaron mucha atención a su educación, obligándolo a trabajar desde niño para también poder pagarse escuela. Se graduó como ortopodólogo en la Universidad de Podólogos de Puebla.

Al igual que Alejandra, Miguel también se casó. Leticia era la mujer en turno. Era vanidosa, despreocupada y bastante irritante. Tuvieron dos hijos: Miguel Jr. e Israel. Por cuatro años vivieron como una familia feliz, pero Leticia se aburrió de su monotonía y fue dejando a Miguel al cuidado de sus dos hijos.

Los hermanos de Alejandra decidieron vivir en la Ciudad de México. Ahí conocieron a Goyo, hermano de Miguel. Goyo era homosexual y de inmediato sintió atracción por Fernando, un hermano de Alejandra con pasado militar. Fernando era bisexual, por lo que decidió entablar una relación con Goyo, entonces organizaron una fiesta en la que invitaron a Miguel y Alejandra. Entonces se conocieron y comenzaron a salir.

Decidieron vivir juntos. Alejandra, sin prejuicios, aceptó criar a los pequeños hijos de Miguel y así formar una familia. Dos años después llegó Miranda, la tercera hija de Miguel y la primera de Alejandra. El día que ella nació Miguel estaba borracho. El alcohol fue un vicio que le había surgido después de que Leticia lo abandonara. No supo qué decir. Sentía que aquella recién nacida sería su gran orgullo.

Si tener el cuidado de tres niños y creyendo que todavía no era suficiente, le encargaron una cuarta a la cigüeña. En esas épocas vivían con lo justo. Ninguno encontraba un trabajo digno, pero la fábrica de hijos seguía abierta.

En esta ocasión se llamó Mónica y nació milagrosamente, ya que en ese tiempo Miguel era un hombre primordialmente violento, Cada ocasión que llegaba borracho golpeaba a Alejandra ante la impotencia de sus hijos. Era como si Miguel pensara que no hubiera un mañana.

Miguel tuvo un bebé más, siéndole infiel a Alejandra que, por amor a él o a sus hijos, lo perdonó sin dudarlo. Ese niño no vivió con ellos, pero igualmente implicó gastos de manutención y escuela.

Un año después se embarazan del sexto. Esto ya se había convertido en una losa muy pesada, pero en fin, “es uno más”, dijeron. Pasó el tiempo y entraron en un momento muy complicado, donde comían lo justo solamente. Alejandra ya tenía ocho meses de embarazo y decidió abortar al bebé.

«Sólo es uno, ya tenemos a los demás», comenta.

Acudió donde su cuñada quien, por petición de ella, saltó sobre su estómago haciendo que los huesos del bebé crujieran. También tomó unas pastillas con las que se desharía del feto, pero todos sus intentos de abortar se vieron inútiles y, el 26 de diciembre de 1995, nació Jorge.

Era el mismo retrato de ambos, una combinación perfecta. Sin embargo, los problemas no habían mermado y decidieron regalarle el niño a Goyo, el hermano de Miguel, para que él lo cuidara y le diera educación. Y así fue. Goyo lo crio, le dio nombre, lo registró como su hijo y le dio el amor que, en un inició, sus padres por necesidad le negaron.

Pasaron los años y Alejandra se arrepintió. Se sintió la peor basura del mundo, Su hijo, ahora cinco años, no la reconocía. No la llamaba mamá. Ni siquiera la volteaba a ver. Entonces habló con Goyo. Le exigió que le devolviera a su hijo que, por cierto, legalmente era hijo de ella también. Goyo, quien era abogado de oficio, no acepto e hizo todo lo que pudo para arrebatarle legalmente al niño.

Jorge jamás dijo nada. Él sólo observó todo el conflicto y al final fue entregado a su madre por orden del juez. La familia Ruíz Hernández, su familia de sangre, lo recibió con afecto. Ahora sí querían a esa pobre criatura.

En su nueva casa, Jorge sufrió por lo menos dos años de su infancia el abuso físico que su mamá recibía de su padre, y él, como su madre, no hacía nada por liberarse de esa tortura. Un par de años después Miguel dejó de tomar y la familia Ruíz Hernández tomó un nuevo giro, por vez primera positivo.

Así pasaron los años y Jorge, el hijo no deseado, triunfó en cada rubro de su vida. Fue parte del cuadro de honor toda su educación primaria, misma época en la que fue aceptado en la filial del equipo de futbol Pumas de la UNAM, donde fue titular indiscutible hasta que lo sacaron de ahí. En la secundaria fue un gran alumno que por unas décimas no formó parte de la escolta.

En la preparatoria fue alumno de cuadro de honor los últimos tres semestres y actualmente estudia una carrera en periodismo, con la que pronto trabajará en Michoacán, el lugar de origen de su madre, para una cadena de radio.

Respecto a los otros cinco hijos, Miguel Jr. jamás terminó la escuela y se volvió drogadicto. Israel actualmente tiene tres hijos y una familia disfuncional. No tiene un trabajo fijo. Miranda acabó sus estudios universitarios pero tiene dos años viviendo con sus padres, sin trabajar, y Mónica abandonó su casa por un amor de verano y nunca regresó.

Es así como un niño, que nació en una familia con problemas en todos los rubros, que no fue deseado y fue relegado de la familia, y que incluso sobrevivió a un intento de aborto, hoy por hoy es el que más futuro tiene de entre los hijos de Miguel y Alejandra, además de que es un claro ejemplo de que algunas personas solo vienen al mundo para dar estabilidad al mundo, en este caso a la familia Ruíz Hernández.

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