“El Toques”, una vida de violencia en un país de violencia

Por Daniela Jazmine Gómez Lecuona

 

Foto: Eréndira Negrete

 

Alexis Salgado, mejor conocido como “El Toques”, con apenas 14 años de edad, conoció el mundo de las drogas, y no sólo eso, asesinó a dos personas. Era la única salida, era su deuda con la cocaína que alguna vez le dio todo lo que él soñó, o al menos eso creía.

Joaquín, Óscar y César son los hermanos de Alexis. Joaquín es el más grande, le sigue Óscar, después Alexis y César es el más pequeño. Todos son hijos de Miriam y Don Alberto, un herrero que trabaja en el centro de la Ciudad de México. Los padres de Alexis discutían casi todo el tiempo, la mayor razón era porque Don Alberto es alcohólico.

Cuando Alexis estaba en la secundaria sufría de bullying porque tenía sobrepeso. Añadiendo la separación de sus padres, que marcó mucho esa etapa, donde los adolescentes presentan cambios emocionales. Pero algo en ese niño cambió. Empezó a defenderse y juntarse con la banda rebelde de la secundaria. Él lo suele llamar como “el nacimiento del nuevo Alexis”.

“Los chavos que me defendían en la secundaria me enseñaron a tomar y fumar marihuana. No terminé la secundaria. Me fui a trabajar con mi tío José a un bar que estaba escondido entre las calles del Centro”, explicó “El Toques”.

En este bar conoció a Cecilia. Ella era fichera, una mujer con cabello castaño largo y lacio. Tenía ojos cafés de tamaño mediano, con una conflexión media. Entre trago y trago se conocieron. Cecilia era una dama de compañía, ganaba lo doble que un bartender. También era seis años mayor que Alexis. Los días pasaron y la relación creció.

“Me compraba todo lo que me hacía falta: ropa, tenis, zapatos. Siempre tenía dinero en mí cartera”, recordó el joven con una pequeña sonrisa que mostraba pena.

Alexis se fue a vivir con Cecilia durante tres meses a un departamento ubicado en Ixtapaluca, aunque no era por un sentimiento noble,  era por conformidad y diversión con alcohol, puesto que ingerían 12 caguamas al día. Sucedieron problemas  debido a que la dama no iba a dejar su fuente de ingresos a pesar de que implicaba estar con otros hombres, y el adolescente precoz le fue infiel por tres ocasiones. Evidentemente era algo que no tenía futuro, así que se separaron.

Su abuelita Carmelita lo acogió en Naucalpan. Para ser más exactos, en la colonia Loma Colorada. Posteriormente trabajó vendiendo rompecabezas con Felipe, un conocido de su papá. Ganaba mil 200 pesos a la semana, más 750 pesos que conseguía los fines de semana en el bar por la noche.

Salgado, en sus tardes libres, se reunía con sus amigos del vecindario. Si algo tenían en común era el consumo de cocaína por las conocidas líneas. No por nada,  es conocido como “El Toques”.

En una ocasión, en la casa de uno de sus amigos, Alexis padeció dos colapsos por consumo de la cocaína.

“Sentía que mi corazón latía muy rápido y no podía respirar. Amanecí en la Cruz Roja”. La segunda vez fue cuando consumí cristal, una droga muy rara. Estuve dos días inconsciente en el hospital. No recuerdo nada”.

En su experiencia relata que sentía la necesidad de consumir drogas y el dinero ya no le alcanzaba,  ya que cada tacha le costaba 120 pesos y compraba diez.

De vender sus cosas pasó a asaltar en las tiendas Oxxo. Junto con Luis, un amigo de la infancia, conseguían de 5 mil a 8 mil pesos en la caja registradora apuntando al encargado con una pistola calibre .22, mientras que Alexis llenaba una maleta con botellas de alcohol y cigarros.

Alexis desapareció. Ahora todos lo conocían como “El Toques”. Esa fama lo condujo a estrechar lazos con bandas más peligrosas, hasta tener un padrino del negocio.

“Mi padrino me pagaba por robar carros en Satélite y Lomas Verdes. En esos años, el más pedido era el Bora. Por cada auto ganaba 7 mil pesos, aunque esto dependía del año del vehículo. Me pedían de cuatro a cinco carros por día”, narró “El Toques”.

Una noche, las cosas se salieron de control. Alexis y un colega iban en una sola moto, como es costumbre.  La rutina era la misma: golpear la ventanilla del conductor y ordenarle que se baje del auto. Con lo que no contaban era que alguna vez una persona les diría “no”.

“Le disparé en la pierna. Mi carnal me ayudó a sacarlo del auto y nos pelamos para la Ahuizotla, donde se dejan los carros robados”, confesó Salgado, describiendo que al llegar al punto de reunión donde estaba su padrino, tenía un aspecto fatal. Tenía la cara amarilla y los nervios invadían su cuerpo.  Como todo buen padrino, le dio la medicina sagrada. Un paquete de cocaína, por haber estrenado “la castigadora”.

La segunda vez que ocurrió un percance fue el más importante. “El Toques” no recuerda la cara del señor que se negó a darles su auto. Sólo está el momento en que su amigo disparó dos veces en el estómago de la víctima. En el carro se escapó su amigo y Alexis en la moto.

Todo parecía perfecto. El problema surgió cuando los judiciales capturaron al amigo, debido a que el auto tenía un rastreador vía satélite. A partir de ahí comenzó la pesadilla para este joven con apenas 17 años.

Lo detuvieron días después, cuando se encontraba en una reunión con sus compañeros. Al tratar de escapar, protagonizó una balacera contra los policías. Para su mala suerte, lo atraparon y lo encerraron en una camioneta policial.

“Por pasarme de listo, me amarraron los pies y las manos, y un oficial gordo se dejaba caer sobre mí estómago, me quedé sin aire y algo inconsciente”, narró “El Toques”.

Lo trasladaron a Toluca, al tutelar de menores. Como bienvenida, sufrió otra golpiza para quitarle sus pertenencias. Alexis se defendió, causando furia a sus compañeros de separo. “Me dieron en la madre”.

Al día siguiente, lo llevaron “a la grande”. Le volvieron a dar la bienvenida. Fue tanta la agresividad que estuvo inconsciente tres días en la enfermería. “Vete a la verga de aquí, pinche chamaco huevon”, fue lo primero que escuchó al despertar por parte del supuesto doctor.

A los recién ingresados los identifican por no tener mangas, ya que en los separos se las rompían. Alexis cuenta que la celda dónde estuvo cuatro días mide cuatro metros cuadrados y lo compartía con 19 presos más. Dormían uno encima de otro. El baño se tapaba por dos semanas y los encargados de limpiar eran las personas provenientes de poblaciones de escasos recursos, la mayoría de Oaxaca y Chiapas. Es un abuso total.

“No aguanté más. En las regaderas compartidas, a lado mío, asesinaron con arma blanca a un señor, apuñalándolo más de 20 veces. Nadie intervino, sólo veía cómo el agua roja pasaba entre mis pies. Sigo teniendo pesadillas de esa escena”.

En la primera oportunidad de conseguir un teléfono, se comunicó con su papá, su abuelita y su tía. Miriam ya se había alejado. No soportaba ver a su hijo entre las rejas. Por último, marcó a su padrino, pues sabía que lo podía ayudar.

Basto esa llamada al jefe para que cambiara su estancia. De celda pasó a camarote. Así se llama debido a que contaba con ciertos lujos: cama, regadera con agua caliente, comida digna, un ropero y hasta televisión. La protección le costaba 2 mil 500 pesos semanales. “Adentro todo es dinero, si quieres sentarte cuesta, si quieres agua cuesta, si quieres una cobija cuesta.”

En la cárcel todo es negocio. Los presos se convierten  en comerciantes: tortas, tostadas, aguas frescas, lo básico para el aseo personal y lo que es más solicitado, la cocaína. Sólo tienes que saber con quién.

“El Toques” estuvo tres meses en la cárcel. Lo consideró una eternidad. Pudo salir bajo fianza gracias a que sus familiares vendieron una propiedad, el carro, y joyas de la abuela.  Juntaron más de 600 mil pesos. Eso fue el costo de su libertad.

La mayoría podría pensar que al dar el primer paso fuera de las rejas Alexis se alejaría de la delincuencia. Sin embargo, sucedió lo contrario.

Regresó a vivir con su padre. La relación no era mejor, porque ambos en estado de ebriedad se golpearon en tres ocasiones. Don Alberto tenía amistad con Sebastián Barrera, mismo que le dio trabajo a Alexis en un bar de la calle Venezuela, en el Centro Histórico.

Sebas le regaló una grapa, pues es de esos señores que con sólo verte sabe lo que necesitas. “Fue el peor error haber aceptado esa chingadera. Después me ofreció trabajo, entregando paquetes de medios kilos y kilos de cocaína en las calles obscuras del Centro, Tepito y Neza”.

“El Toques” repartía de tres a cuatro paquetes diarios. Le pagaban 5 mil pesos por entrega. “Llegué a comprarme una moto de 40 mil varos, era una Yamaha nuevo modelo”.

Tachas, chochos, mujeres, alcohol, era el estilo de vida de Alexis, que un día fue un niño pequeño, inocente y hogareño.

De ser un empleado, pasó a ser jefe de su propio negocio de juguetes. Rentaba una pequeña bodega en la calle República de Perú para almacenar la mercancía robada de los camiones Hasbro y Mattel. Ya contaba con chalanes que realizaban los atracos.

En una fiesta Alexis conoció a una joven con quien procrearía un hijo llamado Guillermo. La mujer sólo lo quería por su dinero, ya que cuando este empezó a faltar surgieron problemas familiares hasta la separación.

La familia más cercana de Alexis lo descubrió. Su  tía le negó la renta de la bodega. Su papá habló con Barrera para que lo despidiera. Él nunca supo que se dedicaba a ser dealer. Entonces “El Toques” se vio obligado a dejar todo el negocio. No fue fácil como él pensó.

“Para salir de esto, el patrón me encargó dos cosas: matar a un colega que abría el paquete de coca y de dinero, regla prohibida en el negocio. Le metí dos balazos en el cuello.  Después con otros tres compañeros asesiné a un señor por una deuda vencida”, narró en voz baja “El Toques”.

Alexis Salgado tiene un nuevo estilo de vida. Le cuesta trabajo acoplarse a un mundo sin violencia. Es tímido. Trabaja de mesero en un restaurante de comida tradicional mexicana. Dedica tiempo al gimnasio.

“Todo lo que haces en esta vida, se regresa. No poder ver a mi hijo es mi cruz de todos los días”, finalizó Alexis Salgado, un joven que aspira a nuevas metas. Terminó la secundaria y está en proceso la preparatoria. Quiere estudiar gastronomía.

(Los nombres de esta historia, han sido sustituidos por seguridad)

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