Taxonomía incómoda del buen votante

Por El Grillito Bermejo 

Hay un obstáculo para ese voto ideal que menciona el Manual de Carreño del buen ciudadano: El votante.  

Sí lector, el votante (puede ser usted, un amigo, un familiar, el primo de un amigo) quizás sea el fatal instrumento del destino que fulmine la democracia a la que aspiramos, ese pobre infeliz que le dé el tiro de gracia a esta nación.  

Porque casi nunca podemos estar mejor, pero nos las ingeniamos para estar cada vez peor. 

He aquí esta clasificación del buen votante (y del mal votante) que nunca mencionan los spots del organismo que preside Lorenzo Córdova Vianello, alias Gran Jefe Toro Blanco Sentado, quien en abril de 2015 expresó su gran amor y profundo respeto por la población indígena de México -particularmente, los chichimecas-, en una conversación telefónica que se filtró a los medios de comunicación, causando infinita indignación en toda nuestra clase política…  

Indignación solo por la filtración, no por el racismo de lo que se dijo; no vaya usted a pensar bien.  

Recuerde, cada tipo de votante puede evolucionar en otro (como las pandemias, las crisis económicas y los Pokémon), indistinta y aleatoriamente, y hay especies híbridas que reúnen diferentes tipos de votante en un solo espécimen; estos tipos de votante «doble mutante peligro nuclear» pueden aparecer en cualquier género, lugar, edad y otras presentaciones: 

*El votante ingenuo. Este es el votante ideal para algunos candidatos. Es aquel que aún cree, a ciegas, en los cuentos de hadas, en las telenovelas, en la FIFA, en la Virgen de Guadalupe, Ciro Gómez Leyva y en el Osito Bimbo; en Hugo López Gatell, la Organización Mundial de la Salud y las trasnacionales farmacéuticas; en las promesas de campaña, en los fact checkers, en los grandes opinólogos de nuestra era, en la “información” (debidamente bañada, peinada, maquillada, perfumada, filtrada, photoshopeada, clorificada, vacunada, actuada, dirigida, sanitizada, lobotomizada, esterilizada y ultrapasteurizada) que presentan algunos medios de comunicación. No quiere enterarse de nada que rompa su mundo Disney; cree que las malas noticias son solo para chairos, amargados, locos o teóricos de la conspiración. No le interesa desarrollar su pensamiento crítico. No cuestiona y teme ser excluído si lo hace. Piensa, con total convicción y sin ningún matiz, que el pobre lo es porque quiere, que el cambio está en uno y que no hay experiencia más dura que acompañar a tu papá al golf, como comentó con estoicismo el neoleonés Samuel García.  

* El votante fan. Este votante es hijo del Homo videns que menciona Giovanni Sartori. No tiene identidad fija propia, es camaleónico; sus gustos varían al compás de las tendencias en redes o de la línea dominante en los medios. Los famosos construidos a través de los medios (llámense actores, cantantes, futbolistas, conductores, periodistas, intelectuales orgánicos, influencers y algunos entes que nada aportan como las Kardashian, Alfredo Adame o Niurka) son su ejemplo a seguir y si el famoso en cuestión le pide votar (o no votar) por un determinado candidato, lo hará sin pensar que le pudieron haber pagado a su ídolo por emitir esa opinión. Además, los filtros a través de los cuales El votante fan forma su opinión, se ciñen perfectamente a la unidimensionalidad kitsch de la sociedad de consumo: Lo que les importa es la apariencia del candidato (como viste, como habla, como se peina). El envase es el todo, ya que nunca se informa del fondo. No analiza, se fanatiza en sus amores y odios, tal como le ocurre cuando ve un partido de fútbol, la lucha libre, una serie o un reality show. Este tipo de votante fue clave en 2012 para la victoria de Enrique Peña Nieto (“Peña, bombón, te quiero en mi colchón”, coreaban las votantes fan)…  

* El votante intelectual. Este votante habita en los exclusivos aposentos del Edén intelectual. Ve, desde la distancia que le permite su genialidad y el enorme ego que se carga, con una mezcla de lástima y superioridad, la manera en que los simples mortales (la prole, le llaman algunos) se quedan envueltos en ese juego llamado democracia. Ningún candidato llena sus altísimas expectativas, producto de su fecundo acervo cultural. Si El votante intelectual en cuestión ya es intelectual orgánico y depende de la publicidad oficial, de las becas o subsidios, seguramente defenderá a aquel candidato con el que no vea amenazada su estabilidad; si El votante intelectual no recibe financiamiento alguno, tendrá una opinión más libre… Pero siempre votará con actitud fría, casi en pose, con todas sus teorías librescas revoloteando en la urna, negando todo el lado pasional de los comicios. 

*El votante oportunista. Aquel que vota para obtener un beneficio económico, político, laboral. No hay que confundirlo con los votantes de comunidades marginadas que son presionados a través del hambre o el acceso al agua. Aquí nos referimos a aquel que, pese a que puede cubrir sus necesidades básicas con su propio trabajo y dinero, prefiere ponerle un precio a su voto. Le han prometido dinero a cambio de su voto, un ascenso en su trabajo o un puesto en el nuevo gobierno (aunque sea de limpiabotas). Este votante, como algunos políticos, es chapulín; cambia de opinión, partido y/o candidato según quien le dé más. Se justifica a través de los argumentos más increíbles e intenta que todos voten como él. Porque, claro, si gana su candidato, también gana él y ganan todos… Todos los que también se ofrezcan de aplaudidores, se entiende. 

*El votante invisible. Especimen de votante que a duras penas sobrevive en las comunidades más marginadas de nuestro país. Campesino, indígena, obrero, maestro rural. Es invisible la mayor parte del sexenio. No lo ven, no lo oyen. Ni lo conocen. Solo se vuelve visible en tiempos electorales, cuando lo reivindican en los discursos. Tan pronto pasan los comicios, la mayoría de los políticos y comunicadores vuelven a olvidar que este votante existe…, hasta las siguientes elecciones.  

*El votante que mucho importa. Hay votantes, como El invisible, que casi nunca tienen la atención de los reflectores y otros, como El votante que mucho importa (¿El Consejo Mexicano de Negocios, Carlos Slim…?), que cuenta con una sobreexposición en todos los medios; bien sea por su alta posición en el escalafón social o bien porque tiene el dinero para financiarse tiempo al aire en algún gran medio. Este votante es el que más suele importarle a la mayoría de los políticos, ya que el dinero, poder y contactos de este votante pueden inflar o destruir a cualquier candidato. Este votante suele vivir confiado de que, quede quien quede, todo seguirá igual, aunque a veces ciertos candidatos les generan malestar. Mientras los contratos de sus negocios millonarios se respeten, todo es felicidad. El votante que mucho importa es tan importante que cuando habla a título personal, dice hablar por el interés nacional (como los políticos), aunque el único México que conozcan (porque es el que viven) sea el de las revistas Forbes, Caras, Quién y ¡Hola! 

*El votante realista e informado. Este votante vive en permanente peligro de extinción, como una orquídea nocturna. Su supervivencia peligra ante la convivencia y coerciones de los otros tipos de votantes, quienes le verán como un bicho raro por no coincidir con sus ideas. Este votante trata de informarse todo lo posible sobre cada candidato, cada partido, las ideologías y las propuestas. No fluye con la corriente, se adapta a sí mismo. A base de experiencias, va aprendiendo a clasificar información, medios, estrategias y posibles distorsiones. La pasión no nubla su razón; ve los errores y defectos de su favorito y puede reconocer las cualidades de los adversarios sin que eso cambie su intención de voto. Está consciente de las responsabilidades de un político, aunque también de que el rumbo de un país depende igualmente del momento histórico, de los grupos fácticos y las presiones internacionales. Sabe que ningún político le va a resolver la vida, ni lo desea, pero sabe que un gobernante sí puede empeorar o mejorar el presente. 

Si usted es, o conoce, a este último tipo de votante… ¡Felicidades! Ahora solo falta que le respeten su voto el Instituto Nacional Electoral, los acuerdos entre empresas, partidos políticos y sindicatos; y la oligarquía nacional y extranjera que desde hace décadas mangonean a su antojo este país… 

Mucha suerte y no olvide su cubrebocas; de lo contrario, de acuerdo a la propaganda del INE, tal vez no podrá ejercer su derecho a votar. 

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