“Siempre me decía que era una puta”; violencia intrafamiliar, una realidad ignorada

Por Joana Mayen Guerrero

 

Foto: Mónica Loya

 

“Había llegado de trabajar y mi marido me estaba esperando. Él me empezó a agredir verbalmente, a decirme que era una puta. Después de tantos insultos, me violó. Luego de lo sucedido fui a denunciarlo y lo único que me dijeron las autoridades fue que si no iba golpeada mi acusación no procedía”, comentó Rosa López.

La llamada violencia intrafamiliar ha sido un problema bastante añejo, siempre latente en nuestro entorno cotidiano, en nuestro día a día. Sin embargo, la notoriedad de la misma reside en la percepción social de los agentes. Ahora se puede decir que la sociedad acepta que la violencia en la familia está presente.

Pero realmente ¿qué es la violencia familiar? La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define a la violencia familiar contra la mujer como todo acto que cause un daño físico, sexual, psicológico, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción a la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada.

En tanto, para la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) la violencia familiar es todo acto que pueda tener como resultado un daño o sufrimiento sexual, físico, psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos.

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Para abordar este problema es necesario distinguir entre conflicto familiar y violencia familiar. Comportamientos normales como discusiones, peleas, controversias, no conducen necesariamente a comportamientos violentos.

Para que una conducta se considere violenta debe tener el requisito de la intencionalidad, la intención del agresor de ocasionar algún daño, sea físico, psicológico o económico. Las personas sometidas a situaciones de violencia familiar presentan un debilitamiento en sus defensas físicas y psicológicas, y generalmente de desvalorizan a sí mismas.

Por otro lado, es necesario saber qué tipo de violencia se presenta en la familia. La violencia psicológica o maltrato emocional es la más frecuente, pues de acuerdo a datos proporcionados por Inmujeres, el 38.4 % ha sido víctima, y ésta se manifiesta en comportamientos intencionados, ejecutados desde el mando de poder con la única intención de desvalorizar a la mujer, destruir su autoestima o provocar desconfianza en ella misma.

La violencia física la ha sufrido el 29.3  por ciento y ésta se caracteriza por el uso de la fuerza para intimidar, controlar o forzar a la mujer a hacer algo en contra de su voluntad y que atenta contra su integridad física y, por último, está la violencia económica o patrimonial, de la cual el 9.3 por ciento ha pasado por ello.

Esta violencia se refiere al control y limitación de recursos económicos, condicionándolos y realizando acciones que impiden el acceso a bienes o servicios que ponen en peligro la sobrevivencia o el bienestar de la mujer e hijos.

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“Mi ex esposo me tenía sometida en todos los ámbitos. No podía comprarme la ropa que yo quería porque inmediatamente él me decía que parecía puta o que ya no era tan joven como para vestir de tal manera. Siempre le tenía que pedir permiso para todo, si no era así, tenía que someterme a los golpes que él me daba, a las humillaciones de las que era víctima, inclusive a las constantes violaciones que sufrí por parte de mi marido”, narra Rosa López

Cuenta que su ex esposo la limitaba en lo económico, además de que nunca trabajaba porque todos los días estaba borracho. De vez en cuando hacía trabajos de hojalatería y lo que le llegaban a pagar no era mucho.

Una parte se lo daba a Rosa y la otra para su bebida. Sus hijos estaban pequeños y él se aprovechaba de eso para repetirle constantemente que no sabía hacer nada, que era una inútil, por ello nunca intentó separarse de él, por el bienestar de la familia, de sus hijos.

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La violencia intrafamiliar es un grave problema que se va arraigando, se va transmitiendo de generación en generación y se incrementa cada vez mas, ya que la llamada violencia contra la mujer es endémica en casi todas las sociedades patriarcales, donde el derecho y privilegio masculino está por encima del bienestar de niños, niñas y mujeres, afectándolos en todas las etapas de su vida.

“Este tipo de violencia sigue siendo un problema generacional, puesto que desde temprana edad, tanto al hombre como a la mujer, se le inculcan patrones que deberán seguir a lo largo de toda su vida. Eso incluye desde el color de ropa que deben vestir hasta el rol que desempeñara cada uno entro de una sociedad”, comentó Fernanda Garibay, trabajadora social de Inmujeres.

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“Aguanté a mi marido más de 20 años porque mi familia me decía que era lo correcto, aunque fuera un borracho mi deber era estar con él, pues había hecho un juramento ante dios. Recuerdo que le contaba a mi mamá y mis hermanas la vida que me daba mi esposo, y lo único que me decían era que debía soportarlo por nuestros hijos, que todo lo malo que me hacía era porque estaba borracho y no sabía lo que hacía. Si me lastimaba o no, no lo hacia consciente”, dijo Rosa López.

Sin embargo el tema de la violencia en la familia no es un fenómeno reciente, por el contrario, ha sido una característica de la vida familiar aceptada desde tiempos remotos, aunque no comienza a concientizarse como fenómeno social muy grave hasta la década de los sesenta en los países anglosajones, y en la década de los 80 en nuestro país, esto gracias a que cada vez se ve más reflejado por los diferentes movimientos feministas.

De acuerdo con datos recabados por el INEGI, en la Ciudad de México alrededor del 75 por ciento de hogares enfrentan situaciones de violencia intrafamiliar y las principales víctimas son menores de edad, mujeres, adultos de la tercera edad y personas con discapacidad.

El estudio añade que 9 de cada 10 mexicanos sabe que las mujeres y los niños son víctimas de maltrato. Dicha información se fortalece conel informe sobre el tema que emitió la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, donde reveló que alrededor de 79.5 por ciento de hogares existe violencia familiar.

Fernanda Garibay, trabajadora social de Inmujeres expresó la urgencia de sacar del anonimato la violencia intrafamiliar, ya que, en la la actualidad hay muchas mujeres que son violentadas y se quedan calladas porque tienen miedo de que nadie les crea.

También está presente el temor de dónde van a vivir y qué van a hacer sin el apoyo de sus esposos, pues la mayoría de las mujeres que sufren violencia doméstica viven en la propiedad de quien las agrede.

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En México el tema de la violencia familiar cada vez es más frecuente. De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ) se han atendido al rededor de 27 mil 949 denuncias de mujeres que han sido víctimas de maltrato familiar, mientras que el Centro de Investigación Victimológico y Apoyo Operativo (CIVA), brindó asistencia a 15 mil 891 mujeres que acudieron para tratar el tipo de violencia que sufrieron.

Además, desde diciembre de 2006 el país cuenta con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual obliga al Estado mexicano a intervenir de forma directa para evitar la violencia contra las mujeres conforme a los principios de igualdad y no discriminación, pero ¿realmente esta ley se cumple?

“Es importante que el sistema judicial actúe con mayor compromiso ante las denuncias de las mujeres que han sufrido algún tipo de violencia, pues de los casos que se han denunciado las autoridades hacen caso omiso, ya que las victimas no presentan algún golpe que compruebe que han sufrido violencia. Asimismo, la sociedad debe tener mayor conocimiento y comprensión respecto a la violencia en las relaciones de pareja, la familia, las interpersonales y la vida comunitaria”, mencionó Fernanda Garibay, trabajadora social del Instituto Nacional de las Mujeres.

Otro de los principales problemas de la violencia en la familia es que alguno de los miembros tiene problemas de alcoholismo, pues en diversos países se ha  constatado que el consumo de alguna bebida embriagante está estrechamente ligada a la violencia infringida por la pareja.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el alcohol es una de las drogas más difundidas, con aproximadamente 65 por ciento de consumidores a nivel mundial. En la actualidad, el consumo excesivo de éste lo ha llevado a convertirse en un problema social. Las consecuencias  del alcoholismo dentro del vínculo familiar por parte del padre o de la madre afectan la integración familiar a causa de los frecuentes problemas conyugales.

“El consumo de alcohol afecta directamente a las funciones cognitivas y físicas y reduce el autocontrol, por lo que los individuos son incapaces de hallar una solución no violenta a los conflictos relacionales. Por otro lado, el abuso excesivo de alcohol incrementa la frecuencia y la gravedad de los actos de violencia doméstica”, mencionó Fernanda Garibay.

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“Como ya lo había comentado, mi ex esposo es alcohólico, siempre que estaba ebrio me agredía. En una de nuestras peleas él llegó a romper los muebles de la casa, las ventanas, se ponía muy agresivo. Me forzaba a tener relaciones y si no lo obedecía me pegaba para que accediera a estar con él. Tenía que fingir que todo estaba bien entre nosotros. Al siguiente día, ya estando sobrio, sólo me decía ‘esto ya no va a volver a pasar’”, mencionó entre lágrimas Rosa López.

Rosa López es una mujer de 47 años de edad. Actualmente vive en uno de los tantos municipios de Naucalpan, Estado de México. Desde hace tres años tuvo el valor de separarse de su esposo, pues ya no soportó humillaciones, golpes y violaciones por parte de él, mucho menos su alcoholismo.

Lleva tres años sin violencia doméstica. Sin embargo, no es fácil superar lo vivido por más de 20 años, pues aun recuerda cada noche lo que sufrió. Inclusive hay noches en las que no duerme, pues no lo ha podido superarlo del todo.

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Es difícil que la víctima supere lo vivido, se tiene que llevar un proceso de sensibilización a través de información que se proporciona en las diversas instituciones públicas o privadas, como son las Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS).

Además, de organismos como Desarrollo Integral de la Familia (DIF), Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), las Unidades de Atención y Previsión de la Violencia Familiar (UNAVI), así como los refugios temporales para las mujeres y sus hijos, ya que, en estas dependencias se cuenta con una red de apoyo integral a la víctima.

“Durante el tiempo que se les brinda atención a las víctimas en Inmujeres se lleva a cabo un proceso de sensibilización a través de la información que se les proporciona. Se les hace saber que cuentan con herramientas alternativas y apoyo institucional que les respalda para afrontar esta situación violenta donde el miedo en muchas ocasiones las paraliza, por lo que se busca que las mujeres sientan que hay un panorama de posibilidades para la toma de decisiones”, comentó Fernanda Garibay.

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Rosa estuvo triste cuando se separó, se sentía lastimada, no confiaba en nadie. Intentó borrar  de su mente los años vividos a lado de su esposo, aunque éstos sigan presentes.

Aun así está dispuesta a luchar y salir a delante. Actualmente sufre de recaídas periódicas de depresión y, en esos momentos grises, el odio hacia su ex marido hace acto de presencia.

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