¿Se viene el ocaso de la televisión?

 

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Leyendo prensa deportiva hace algunos días, complementado con los informes que la cadena ESPN en México anunció, me enteré que el boxeador mexicano Saúl Álvarez “El Canelo”, firmó con la empresa de streaming DAZN un contrato por 365 millones de dólares estadounidenses que contempla once peleas, de las cuales ocho tienen que ser en aforos de Estados Unidos, mas algunos eventos protocolarios de acuerdo al cronograma de la promoción comercial de dichas peleas, sumado a los convenios deportivos más la realización de entrenamientos públicos que el púgil azteca de origen tapatío está obligado a cumplir.

De inmediato esta cifra millonaria tan sonada en el mundo que coloca al “Canelo” como el atleta de alto rendimiento más acaudalado de la historia del deporte mundial, pensar en el formato de DAZN como tal, acordarme del proyecto de Chivas TV (otra vez vinculado al deporte de alto rendimiento, en este caso futbol en México), algunos esquemas de transmisión por internet que manejan ciertos canales deportivos y culturales como ESPN, History Channel y MTV en formato play / HD, y recordar también que muchos contratos musicales, artísticos, eventos de ópera y teatro, así como los nuevos esquemas cinematográficos vía portales y plataformas como Netflix, Blim y otros más, que también transiten eventos en vivo ya sin el famoso pago por evento como sucede con los canales de televisión tradicional de paga, ya van por vías de streaming en tiempo y formato real.

Está claro que hay una decantación progresiva por ciertas tecnologías de la información digital como el sistema Android, o ciertos formatos audivisuales como el WMA, MP4, o la alta gama HD, y esto me llevó a pensar que la televisión como tal, así como la radio, en sus formatos tradicionales de presentación y dominio del mercado de la transmisión y la información, mas no de la tecnología moderna como tal de la misma transmisión, están llegando a un progresivo y decreciente devenir, augurándose una caída en el largo plazo quizás.

El mundo ya no depende de la TV para satisfacer sus necesidades de ocio, diversión, información, estudio, análisis, contrastación de datos, corroboración de las fuentes de información, entre otros, así como tampoco de los periódicos impresos ni de la radio. Existe una apertura masiva, para bien o para mal, de los flujos comunicativos y de las posibilidades de acceder a toda esa gama, y el precio de mercado empieza a ser cada vez menos trascendental en la valoración cualitativa de este fenómeno global.

El mundo progresivamente se decanta por internet, desde cualquier rincón del planeta mediante las redes de alta transmisión, que además ostentan una mejora en su calidad, en su definición y en su capacidad sonora, además de su transmisión con el paso del tiempo.

Las tecnologías móviles, los nuevos aparatos electrónicos, la HD, y las mejoras en las bandas audiovisuales y sonoras están pensadas en los últimos tiempos en cumplir preferentemente con los estándares que el internet demanda sobre los de la televisión y la radio. Eso está claro.

Hoy, ya no sólo se trata de captar la totalidad de esa gran nube de información, fotos, videos, audios, y líneas de diversa temática, se capta ya como consecuencia de un contexto de vasta gama, calidad, limpieza y confort audiovisual, bastante generoso con las necesidades de la gente. El precio cada vez influye menos reitero.

Estamos entrando a una era de apogeo de las tecnologías por fuera de los formatos establecidos, ¿existe una democratización en las nuevas comunicaciones del mundo?, saque usted sus propias conclusiones; y es que estamos en un apogeo cabal (no se sabe hasta por cuanto tiempo) de una especie de libertad (a los niveles en que usted pretenda calificar esta supuesta libertad), además de la capacidad y la disposición de versatilizar, comprimir, expandir, sintonizar, grabar, enviar, leer, editar, participar, democratizar, entre otros, todas esas virtudes que estas nuevas derivaciones de la gran avalancha informativa y de las nuevas comunicaciones tienen.

Las ansias se consumen a la brevedad por acceder a ciertos eventos, conciertos, conferencias, programas, series, novelas, películas, información, comentarios, barajas informativas, pruebas audiovisuales, pruebas sonoras, denuncias, publicaciones en general, noticias de último momento, seguimiento de cierto tipo de información, temáticas especiales, cauces académicos, líneas de cultura en general, grupos de resistencia social política y cultural, y miles y miles de aspectos más.

Antes, el tiempo y la exclusividad, quizás enmarcados en un contexto de elitismo, eran la principal carta de presentación de los niveles más altos de las comunicaciones.

Todo lo anterior sin dejar de considerar para la intimidad colectiva e individual en términos sociales de sus propias necesidades de comunicación y transmisión enmarcada en las REDES SOCIALES, ya sea para aspectos serios, políticos, funcionales, laborales, de ocio, familiares, etc.

El mundo está cambiando, y desde luego que las comunicaciones, para bien o para mal, son parte de estos giros que progresivamente enmarcan una ruptura de paradigmas tradicionales.

Related posts