Por Víctor Manuel Del Real Muñoz
Desde una perspectiva marxista crítica, no en el nivel conceptual y teórico, sino en el nivel del discernimiento político y la praxis política, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México ha fallado en abordar, en lo concreto, las raíces estructurales de la explotación y la desigualdad en el país, que son resultados inmediatos de las prácticas capitalistas.
El abordaje narrativo que los voceros de la cuarta transformación, presentes en los medios de comunicación y en los circuitos intelectuales progresistas afines, es el de la necesidad de hacer un sistema de vida más justo en este país, pero nunca se escucha la convicción por aniquilar la existencia de este sistema económico con la consecuente organización de las fuerzas generadoras de valor, que son, por cierto, las del proletariado, da fe de lo anterior.
A pesar de su retórica populista y progresista, que en apariencia tiene cercanía con los valores sociales de la izquierda, la administración en la 4T ha mantenido las políticas neoliberales, y para muestra los criterios de continuidad de flujo libre de capitales y de libre tipo de cambio, que benefician a la burguesía nacional y extranjera y perpetúan la opresión del proletariado, así como la existencia de un discurso de gobierno que, en lo práctico, no ha atentado contra las empresas de alcance y dominación global con sus funcionales criterios de opresión y explotación.
Aún en este gobierno, en lo concreto, existe continuidad de la privatización de recursos naturales, existe la flexibilización laboral y la represión de las luchas sociales, y esto demuestra que el gobierno de López Obrador no ha roto con el sistema capitalista que genera pobreza y desigualdad, y que beneficia los espacios de acumulación de capital.
Además, la falta de una política de redistribución de la riqueza y la persistencia de la corrupción en otros órdenes que no son los de gobierno, o en sectores de gobierno que no son los de primer ni segundo nivel de jerarquía o trascendencia, y la impunidad muestra que el gobierno no ha tomado medidas de origen y raíz revolucionaria contra capitalista, para cambiar la lógica funcional de las estructuras de poder que mantienen la opresión del proletariado y su sumisión a esta estructura dominante.
Es necesario que el movimiento obrero y popular en México cuestione críticamente, y sobre todo tome acción directa que desafíe al gobierno de López Obrador y busque construir una alternativa verdaderamente revolucionaria, distinta, que ponga fin total, sin medianías, a la explotación capitalista y construya una sociedad socialista y justa, de esencia totalmente colectiva.