¿O quieres agüita, o quieres toques?”

Por Rivelino Rueda

Foto: Edgar López

Elvira Santibáñez Margarito escuchó la consigna de hace más de medio siglo en el país, la consigna de la impunidad, la consigna del terror, la que nunca escucha, sólo impone: “¿Vas a hablar?” “¿Ya te acordaste o quieres más?” ¿Ya te acordaste, o quieres más bolsa? ¿O quieres agüita, o quieres toques?”

Elvira Santibáñez Margarito pudo o no pudo haber cometido un delito de secuestro. No importa. Elvira Santibáñez Margarito no tiene que declarar ante las autoridades judiciales. No. Elvira Santibáñez Margarito es cómplice de un delito y merece tortura.

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El video es de hace un año. Es abominable verlo otra vez. Ejército y Policía Federal emiten comunicado. Nunca mencionan la palabra tortura… Sólo de delincuencia organizada. Nunca tortura. Sólo al costal del crimen organizado.

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Casualmente, Elvira Santibáñez Margarito lleva las mismas ropas del día de la tortura. El rostro de Elvira Santibáñez es el rostro de una persona torturada. Los comunicados de la Secretaría de la Defensa presentan a Elvira Santibáñez Margarito como secuestradora. Evitan poner fotos de los torturadores.

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Ahora el deslinde, el método fácil de echar todo al mismo costal: “Andaba en malos pasos”… “Se lo merece, era parte del crimen organizado”.

Ayer el pretexto de la “amenaza comunista”… Hoy es muy sencillo, todo al mismo costal… Total, para el Estado todos somos delincuentes.

Precisamente el sábado 16 de abril, mi concuño me platicaba de su viaje a Chihuahua en Semana Santa, a la Sierra Tarahumara. Le llamó la atención un diálogo de unos niños originarios que estaban jugando.

–¡No se vale! ¡Así no juego!

–¡Yo no soy  mentirosa! ¡Ni que fuera militar! ¡Mientes como los del ejército!”, le dijo una niña a su compañera de juego.

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“Vamos a ser felices”, fue la última palabra que escuchó Inés del capitán del ejército que le juró “amor y respeto hasta el último día de mi vida”.

Inés apareció semas después en el rincón de una cantina. El milico, ya conocido en otros pueblos de Morelos por recurrir a la misma estratagema, vendió por 500 mil pesos a Inés al señor Fabián, quien maneja un putero de niñas en el municipio de Cuautla.

–¿Pero ya denunciaron a esta persona?—le pregunto a Claudia, esposa de mi tío, quienes viven en Yautepec.

–No. Eso ya tiene rato. Se han llevado a varias. No te creas. Es como una constante no sólo aquí, sino en todo el estado. Nomás date una vuelta por Puente de Ixtla o por Zacatepec.

El café humea en las manos de Claudia. Mi cerveza se calienta porque no doy crédito a lo que me platica. Los militares vigilan a las muchachitas en los parques, cuando salen de la escuela y cuando van por el pan. Las envuelven y presumen su “estabilidad económica”. Se meten en el núcleo familiar. Se casan con estas niñas –esto es fundamental. Se las llevan a vivir a la Ciudad de México o a Acapulco. En un mes las venden.

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Enrique Peña Nieto habla de derechos humanos en Dinamarca. Dice que el crimen de Iguala se resolverá. Elvira Santibáñez Margarito implora –con un llanto macabro—que la dejen de torturar los militares y policías federales que la rodean. Que le quieren colocar una bolsa de plástico en la cabeza.

“¿Vas a hablar?” “¿Ya te acordaste o quieres más?” ¿Ya te acordaste, o quieres más bolsa? ¿O quieres agüita, o quieres toques?”

La Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría der Gobernación resuelven pronto en un comunicado. No como en los casos abominables de violación de derechos humanos en Ayotzinapa o Tlatlaya, en donde cada vez más se acredita que los soldados participaron directamente en la desaparición y fusilamiento de personas civiles, respectivamente.

Los comunicados nunca hablan de tortura. Hablan de una delincuente. Nunca hablan de tortura, hablan de una mujer muy peligrosa para la sociedad… De una mujer que seguramente no tuvo un juicio normal –como en cualquier país que se precie de ser democrático–, que tuvo que confesar delitos bajo tortura, y que pronunció las palabras más aberrantes, no de este sexenio, de todos los gobiernos:

“¿Vas a hablar?” “¿Ya te acordaste o quieres más?” ¿Ya te acordaste, o quieres más bolsa? ¿O quieres agüita, o quieres toques?”

 

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