Por Guillermo Torres Carreño
En días recientes, cuando el gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, nombró a su gabinete y dejó fuera a miembros de Morena, cuando del total de votos que obtuvo su candidatura en la coalición “Juntos Haremos Historia”, el Movimiento Regeneración Nacional le dio el 38 por ciento y su partido, el PES, le dio el 10 por ciento.
La dirigencia del partido político que representa la izquierda refundacional en México, señaló que el candidato del extinto partido incurre en una falta de respeto a los acuerdos generados al ser aceptado en la boleta como candidato de Morena. El gobernador electo respondió a estas acusaciones con un “no digan que gané por López Obrador, hicimos un buen trabajo en campaña”.
Esta lectura del llamado “Temo” dista mucho de los inicios de su corta, fugaz, polémica e ineficaz “carrera política”, la cual se dio en las elecciones intermedias de 2015, donde fue abanderado por el también extinto Partido Nueva Alianza, para contender por la presidencia municipal de la capital morelense.
En este esquema, la designación de Blanco no dependió de la dirigencia de Morena al momento de asumirlo como candidato, ya que fue en la coalición con el PES, quien lo nombró como candidato para contender por la gubernatura de Morelos en las pasadas elecciones de julio.
¿Quién puede estar detrás de este sainete de supuesta irreverencia espontánea, de esta autodenominada visión política, de esta inducida y cooptada decisión?
No olvidemos que Cuauhtémoc Blanco es producto de la maquinaria de enajenación y de ciudadanos conformistas. Es un producto express, chatarra, de Televisa y el régimen priista. Eso a priori, ya que es un dato interesante de reflexionar que, incluso, haya declarado que fundará un partido cuyo nombre será México Blanco, así como el evento que realizó la semana pasada en donde, además de usar una fotografía de campaña con la camisa bordada de Partido Encuentro Social, usó un back de fondo, con la imagen política e institucional de Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”.
Entonces no se necesita demasiado análisis, ni ser genio para darle una lectura al propósito final del exfutbolista, más propia de un comediante o actor de medio calado, que de un político a la altura del proyecto planteado por Morena, así como a lo ya emprendido por sus legisladores a lo largo y ancho del país.
Ahora, la asignatura pendiente quedará para el Congreso del Estado de Morelos, que en un momento dado lo obliguen a guardar congruencia política con los objetivos de la Federación, ya que la mayoría del electorado de ese estado votó por el proyecto de Morena, no por el animador matraquero de Televisa.
Y en un momento dado, si no toma cauce el deber ser para el beneficio colectivo de la nación, no estaría demás desaforarlo para nombrar un interinato que vele por los intereses populares del pueblo morelense y no por un coto, un grupúsculo de poder emanado del régimen decadente, que en su momento intentó poner de moda las “candidaturas independientes”.
Ahora el intento de detener su inevitable debacle está en tratar de hacer uso y gala del marketing chatarra, para posicionar políticamente al naciente grupo de cirqueros al servicio del peñismo, otra“corriente” creada e inventada por el marketing rapaz, del canal de las estrellas que, dicho sea de paso y para bien del pueblo mexicano, ha sido ya anunciada su próxima desaparición, habrá que ver el reciclaje de chatarra que lance ahora al mercado esa grotesca máquina de mal circo.