Qué onda con el presupuesto participativo en la CDMX

Por Fernando Silva Triste *

Por Internet y en los centros de votación que se instalarán el domingo 4 de septiembre, las y los ciudadanos habitantes de la capital del país, podremos asistir a votar por alguno de los proyectos propuestos para ejercer el presupuesto participativo que designa cada delegación y también para elegir a los Comités Ciudadanos y  Consejos de los Pueblos.

El Presupuesto Participativo y los Comités Ciudadanos son dos instrumentos de la democracia participativa, es decir, de ese modelo de organización de la vida pública en el que las personas no solo participan a través de su voto, delegando la representación de sus intereses a otros (democracia representativa), sino que además participan directamente en la toma de decisiones públicas.

Ciertamente, la democracia participativa, como nos queda claro en estos tiempos con la democracia representativa, no está exenta de problemáticas y cuestionamientos a su carácter genuino. Por ejemplo, la participación en la toma de decisiones puede ser amplia o restringida a ciertos temas, (es el caso del presupuesto participativo) o puede ser que esa participación sea directa, o sea sin intermediarios, o a través de representantes ciudadanos supuestamente ajenos a los intereses de los grupos políticos profesionales.

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De hecho el carácter ciudadano -entendido éste como distancia respecto algún partido político- ha sido puesto en duda para el caso de algunas de las planillas que se registran para contender por los Comités Ciudadanos y los Consejos de los Pueblos, a quienes se ha señalado de estar vinculados con alguno u otro partido.

Otro tema que no es menor y que los estudiosos de la democracia han señalado como requisito indispensable para hacer efectiva la democracia participativa, es el tipo de ciudadanía que requiere este tipo de democracia, en cuanto a la información que debiera tener unas persona para que pueda participar en la toma de decisiones públicas, tanto en lo concerniente a su cantidad como su calidad.

Me parece que en gran medida esta serie de problemas ha propiciado que los ejercicios de Presupuesto Participativo y de elección de Comités Ciudadanosgeneren poco interés y poca asistencia a las mesas de votación, no solo si la comparamos con la participación que se da en la Ciudad de México en las elecciones de representantes populares, sino con el total de personas que, según nuestras normas electorales, tienen el derecho a votar, pero más aún si tomamos en cuenta la cantidad de habitantes mayores de 18 años que viven en esta urbe.

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De acuerdo con cifras del IEDF, para el caso de la consulta sobre Presupuesto Participativo hecha en 2015, participó el 3.82% de la Lista Nominal. En la elección de ese mismo año para decidir la integración de la Asamblea Legislativa participó el 44.2% de la Lista Nominal que hasta ese momento se integraba por 7. 1 millones deciudadanas y ciudadanos.

A partir de lo anterior, podemos decir que la democracia representativa concita mayor participación que la democracia participativa y que esto es así porque existen diversos factores como la desconfianza y el desconocimiento de los instrumentos de participación. Esto me lleva a concluir que el hecho de que en las leyes esté plasmada la democracia participativa, no significa que la ciudadanía tenga asumida esa manera de intervenir en la vida pública de la Ciudad de México.

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Por supuesto para quien esto escribe, es mejor tener reconocidos en normas esos instrumentos de participación ciudadana que no contar con ellos. Es necesario, entonces, crear y fomentar una cultura de la participación ciudadana. En esa labor hay un cúmulo de actores que podrían intervenir, tales como las propias instituciones políticas pero también las organizaciones sociales, todos en un esfuerzo común.

 

*Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM.Actualmente es asesor de Consejero Electoral en el INE. Fue Director de Estudios y Análisis de Ponencia en el INAI. Ha sido asesor en materia política y parlamentaria para la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de la Segunda a la Cuarta Legislaturas. En la Quinta Legislatura de este órgano ocupó el cargo de Secretario Técnico de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables. Publicó el volumen titulado Breve Historia de la Socialdemocracia, y el libro Del Rojo al Rosa, La disolución del discurso antagónico de izquierda en México

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