Por Roque Juan Carrasco Aquino
Foto: UNRWA/ONU
“Pero ¿qué le vamos a hacer? Es mi debilidad. Soy un enamorado de las cosas militares, y mis lecturas predilectas son aquellas que se relacionan con la guerra… Verdaderamente, he equivocado mi carrera. Debí ingresar en el ejército. No habría llegado a ser un Napoleón, pero sí a conseguir el grado de comandante” (Dostoïevski; s/f: 314).
De nueva cuenta suena el tambor despreciable de la guerra; no dejan de parpadear miradas tristes y devastadas inocencias de la humanidad; sus culpables identificados de potencias insensibles. En cada deliberación de los claustros europeos (ONU, OTAN, FMI, BM, etc.) son tan oscuros, ciegos, llenos de falsedades y desprecian la vida de los países débiles. Aunque el delirio por desaparecer civilizaciones, imponen hegemonías excluyentes.
Además, no permiten la autodeterminación de los pueblos. A cambio, sacrifican vidas, sueños, armonías, hermandad, compañerismo y defensa patrimonial, cultural de la humanidad. Es la contradicción de la crisis occidental en bancarrota; después de mercantilizar logros y saberes depredan todo. En el presente redunda en la decadencia y el despilfarro de recursos financieros hacia la destrucción, oponiéndose a las demandas sociales: salud, educación, alimentación, vivienda, transportes, empleos y esparcimiento.
Por supuesto, la realidad actual obnubila intereses que no están enmarcados en la lógica de la reproducción, circulación, distribución y consumo de armas beligerantes para la destrucción humanitaria. Destrucción y ganancia insaciable; ¿reducto quizá de la acumulación de capital con fines de lucro? En detrimento de vidas inocentes.
No así para los beligerantes que provocan guerras para la ganancia privada. Se mata a la población civil. Ejemplo evidente el Estado de Israel exterminando a Palestinos, iraquíes, libaneses, yemeníes, entre otras culturas insumisas; producto de la hegemonía del imperio norteamericano, inglés, alemán y otros descerebrados. Fabricando guerras que obstinadamente se han empecinado históricamente a provocar y a concretizar al dejar al desamparo, huérfanos, familias destruidas y desaparecidas.
Esta es la lógica de las guerras para recuperar el capital invertido en la destrucción de pueblos; es decir, quebranto de la humanidad en manos de guerristas oportunistas para no dejar caer la tasa de ganancia y preservar canonjías diplomáticas. Como lo es en la valorización de recursos, enfatizando en el valor de cambio del patrimonio comunitario y a la par reproducir el sistema capitalista genocida.
El apoyo militar que ha recibido Israel de Estaos Unidos desde 1959 “…mayor receptor de ayuda militar estadounidense en la historia, con 251 mil 200 millones de dólares ajustados a la inflación desde 1959…” (La Jornada; 2024). Es el negocio entre capitalistas gringos y sionistas israelíes. Al final son sus pueblos quienes pagan caprichos expansionistas.
Es la tendencia de las guerras: producir armas, drones, bombas, misiles, aviones, tanques, fusiles de asalto, etc., con la intención de dominar a otros pueblos bajo el pretexto de defensa o derecho a detener amenazas del exterior.
A la par de la supremacía militar, racial, ideológica, hegemónica territorial y regionalmente, se percibe en esta realidad de la vida cotidiana la apropiación de terrenos. Los despojos son a diario por las potencias voraces, insaciables e incansables de robar territorios ajenos. Imponiéndose principalmente al pillaje, destrucción de comunidades, sobreexplotadas y, desabastecerlas a lado de las materias primas; al final desolar, asesinar, desparecer y expulsar pueblos enteros de sus territorios.
Pareciera el fin de la humanidad anteponiendo la arrogancia, la desfachatez y la destrucción de sociedades con sus propias cosmogonías ancestrales y el acaparamiento y especulación del patrimonio cultural y social. Por supuesto, sobre la hegemonía del imperio se expulsa a los verdaderos herederos de sus naciones.
De modo que, exterminar culturas, habitantes, herencias ancestrales es la hecatombe civilizatoria. De negarse los pueblos se decide desaparecerlos con sus recursos. Ante esta forma de guerrear iracunda e irracionalmente, los países de siempre, en ofensivas ventajosas exterminan ciudades.
Al tiempo, someten a pueblos expoliando sus riquezas al valorizar sustancialmente en el mercado internacional: en especial materias primas, imponer regionalmente la reproducción capitalista sobre la base del control de países ajenos a las zonas ricas de elementos naturales a dominar.
Hoy en día, el papel despótico de la OTAN intimidando a países pobres para incorporarse a las filas de la muerte, al entregar vidas de jóvenes a las guerras a cambio del enriquecimiento de los países centrales: EE. UU., Inglaterra, Alemania, Francia, entre otros amantes de la violencia. También utilizando su poder dominante por medio del autoritarismo fascista. No obstante, buscan el control planetario para la reproducción de herramientas beligerantes. La guerra es el negocio productor de compraventa de armas de exterminio masivo.
De manera que, para ir comprendiendo los motivos perversos de las guerras, es posible acercarnos a sus contradicciones y contenidos infaustos, exterminadores y codiciosos para la acumulación del capital en crisis.
Para ello, siguiendo los planteamientos de Marx y Engels, en ese sentido materialista: “…entienden la guerra como, en primer lugar, un fenómeno político y, en segundo término, un medio y no un fin en sí misma (Zeballos; 2022: 185). La dialéctica evidencia la irracionalidad sojuzgando a la “política” y el “medio” para imponerlos sobre la mediocridad subsumiendo a ambos elementos en mercancías.
De la misma manera consideramos que existen otras dinámicas objetivas con relación a dos instancias de la perversidad infame de las guerras: primero la destrucción de las fuerzas productivas y; segundo, la persistencia cíclica por mantener a toda costa el modelo de desarrollo capitalista en crisis.
Para ello recurrimos nuevamente a Max y Engels, en el planteamiento de lo siguiente: “Cuando aún no existe un intercambio que trascienda más allá de la vecindad más inmediata, cada invento tiene que hacerse en cada localidad, y bastan los simples accidentes fortuitos, tales como las irrupciones de los pueblos bárbaros e incluso las guerras habituales, para reducir las fuerzas productivas y las necesidades de un país a un punto en que se vea obligado a comenzar todo de nuevo” (Marx y Engels; 1980: 30).
La historia vuelve de nuevo, es decir, bajo las órdenes y hegemonía de quienes triunfan en la guerra. Los hechos históricos nos muestran la ideología del ganador sometiendo a los perdedores.
Referencias
– Dostoïevski, Fedor Mikhaïlovitch (s/f): Crimen y Castigo. Freeditorial. En línea. Página web: https://www.suneo.mx/literatura/subidas/Fiodor%20Dostoyevski%20Crimen%20y%20castigo.pdf
– La Jornada (2024): EU gasta cifra récord en ayuda a Israel desde inicio de guerra en Gaza. En línea. Página web: https://www.jornada.com.mx/noticia/2024/10/07/mundo/eu-gasta-cifra-record-en-ayuda-a-israel-desde-inicio-de-guerra-en-gaza-9389
– Marx, Carlos y Engels, Federico (1980): Obras Escogidas. Tomo II. Edición: Progreso, Moscú. En línea. Página web: https://www.marxists.org/espanol/m-e/oe/pdf/oe3-v1.pdf
– Zeballos, Juan Manuel (2022): La guerra en Marx, depravación y Clausewitz: apuntes introductorios. En línea. Página web: https://www.scielo.cl/pdf/antrosur/v9n18/0719-5532-antrosur-9-18-183.pdf