“Nunca se sabe si volverás”. La prostitución en la Tabacalera

Por Gustavo Eduardo Ricaño Rodríguez

 

La prostitución es considerado el oficio más antiguo del mundo. Se ejerce en casi todo el mundo y en distintas zonas, desde las  más ricas hasta las más pobres. Las sexoservidoras son, para muchos, mujeres de un estrato económico bajo, así como uno de los grupos que más se discrimina por el hecho de vender su cuerpo a cambio de un costo.

 

Las personas se pasean tranquilamente por el parque que se encuentra entre las calles de Ignacio Mariscal y Miguel Ramos Arizpe, en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México. Algunos vagabundos llegan a pedir dinero a las personas que están descansando en las bancas. Son muchos los que quieren ganarse la vida de una forma u otra. Algunos lavan autos y otros hacen como que bolean los zapatos sólo para conseguir unas monedas.

 

Entre la gente que va de paso por ese parque se puede ver, a simple vista, cómo las miradas de los hombres captan a una señora con un vestido rojo entallado, mientras camina de forma lenta y a pasos agigantados gracias a los tacones altos que está usando.

 

Avanza hasta la esquina de la calle donde se encuentra con otras mujeres de distintas edades. Ellas son sexoservidoras que rondan algunas de las calles cercanas a un hotel- restaurante llamado Carlton, donde tiene anuncios lo suficientemente viejos para darse una idea de cuán viejos son los edificios, ya que éste presume de contar con  televisiones a color.

 

Un coche rojo se detiene y le pide a una de ellas que se acerque. Intercambian palabras por unos segundos y después ésta se sube en la parte del copiloto. A los pocos segundos se arranca para perderse entre los automóviles. Una camioneta se acerca a una mujer con vestido rojo. Ella se empieza a poner agresiva, al punto de gritarle al hombre que estaba detrás del volante. Las llantas rechinan y el señor que vestía de traje se va con rapidez.

 

A un lado de una peluquería, en la calle Ignacio Mariscal, sale una chica con un vestido rosa. Dos jóvenes se acercan:

 

–¿Podríamos hacerte una entrevista, somos estudiantes de periodismo?

 

–Claro que sí mi vida, ya me han realizado varias en los últimos meses, sólo que cobro mucho. 500 en un cuarto o puede ser en la calle.

 

Se fueron al cuarto. La mujer de vestido rosa avisó al empleado de la recepción que tendría una entrevista. Le pidió que la esperara para avisarles a los dueños. Ellos son una pareja anciana de españoles a los que no gustaban de los periodistas, así que los sacaron del hotel.

 

“Pinches españoles, son bien mamones, pero luego se las aplicamos nosotros. Yo soy una de las que manda en esta zona, luego les metemos un susto diciéndoles que nos vamos a ir a otro hotel. A ver si siguen con la misma actitud. Mejor vamos acá a lado, donde están construyendo una casa”, dijo la sexo servidora en forma burlona.

 

La casa de tres pisos es uno de los edificios más viejos de esa zona, pero lo están remodelando. Ella conoce a las personas encargadas de lugar, por lo que la entrevista se realiza en el segundo piso del recinto. Las escaleras, ventanas y pinturas son nuevas Huele a pintura y aserrín. Un obrero corta con su serrucho un pedazo de madera.

 

“Me llamo Sonia, tengo 30 años, estudié enfermería, pero mi mamá se enfermó de gravedad y para pagar sus medicinas decidí prostituirme. En dos días saqué lo que necesitaba para pagar su medicina y, como vi que ganaba bien, opté por quedarme en este trabajo.

 

“Ellos no saben que yo trabajo de esto, por lo que me molesta que muchos periodistas lleguen a grabarnos sin nuestra autorización. Es una falta de ética. Muchas chicas de aquí se han divorciado o alejado de sus familiares por divulgar su imagen en algún medio”.

 

Sonia explica que lleva seis años laborando como prostituta. Anteriormente tenía un trabajo normal, pero recibió acoso por parte del hijo de su jefe, por lo que prefirió renunciar.

 

“Al final es lo mismo, te prostituyes para poder mantenerte en el puesto en el que estás. Eso pasa en todos los trabajos y me ha tocado escuchar varios casos donde llegan a estos extremos”, dice Sonia con firmeza

 

La prostitución es un oficio de alto riesgo, sobre todo porque se hace contacto con personas desconocidas que pueden llevar a las sexoservidoras a cualquier lugar. Otro de los peligros que se enfrentan es no pagar su cuota con el padrote con el que se encuentran vinculadas.

 

“Nunca se sabe si volverás del lugar donde te llevan las personas que te contratan. Muchas chicas no han vuelto o no se sabe en dónde están. Han desaparecido sin dejar rastro. Otras muchachas son golpeadas por sus padrotes por no ganar la cuota del día; otras veces nos obligan a estar paradas hasta que saquemos al menos cuatro clientes, inclusive nos hemos llegado a ir sin un peso”.

 

La zona se comienza llenar de más sexoservidoras, más mujeres (en ocasiones hombres) que han tenido distintas experiencias ¿Qué historias habrá detrás de cada una de esas personas?

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