Por Ángel Santillán
Foto: Édgar López
El señor Jesús tomó el primer camión que lo trajera a la Ciudad de México. El viene desde Guerrero. Junto a él un grupo de 50 personas hicieron lo mismo. Ya tiene 76 años y esto no fue impedimento para que hiciera el viaje, pareciera que lo que viene a hacer a la capital del país es muy importante.
Jesús es campesino y trabaja el campo de una manera poética. Lo hace como un escritor realiza su libro más preciado. Él es un ejemplo para los más jóvenes, inclusive le piden consejos a la hora de trabajar. Dicen los que lo conocen que “la tierra le habla”. Es como si tuviera una conexión.
–Jesús, ¿amas la tierra?—preguntó su amigo Fernando.
–¿Por qué?
–Parece que le rezas y le tienes un amor incondicional– dice su amigo.
–Claro amigo. La tierra es lo único que tengo en la vida, siempre hablo con ella y le digo que no me deje solo, que cómo solventare los gastos de mi esposa y de mis hijos.
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En Campeche el señor Ernesto Verá Gómez es un caso parecido. Su terreno es de una hectárea y lleva trabajándola 60 años. Tiene que mantener a su familia que es grande: cuatro hijos y su esposa. Le pagan 100 pesos por trabar sus tierras y vender los productos que cosecha. Se despierta a las seis de la mañana y está todo el día bajo los rayos del sol, que ya le quemaron la cara.
Su labor termina en la noche, aproximadamente a las ocho. Eso ha hecho que dedique toda su vida a mantener a una familia. Su mayor virtud y esperanza es que sus hijos se superen y no tengan que hacer lo mismo que él, y parece que lo ha logrado. Una de sus hijas ya terminó la carrera.
Sus dos hijos le ayudan a vender los pollos y los puercos que tiene en su terreno. Con eso se ayuda para solventar los gastos. Su otro hijo es muy pequeño y no puede hacer labores tan pesadas, pero cuando trata de meterse a la cosecha lo hace como nadie. Se escabulle por los cultivos y pareciera que desaparece de la vista. Y es que su pequeño y angosto cuerpo le permite hacer esa labor como nadie.
Harto de esta realidad, el señor Ernesto va con la justicia de Campeche a demandar esta situación, que tanto a él como muchas familias de la zona les ocurre (ganan muy poco y su salario ya no les alcanza).
Junto a él van más de mil personas que manifiestan la misma inconformidad. En Campeche se han hecho muchos plantones y la respuesta siempre es la misma por parte de Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).
La funcionaria les dice que esperen y que su supervisor los atenderá. Ernesto y todas las personas que se manifiestan duermen en el suelo. A veces no comen nada y la respuesta siempre es la misma espera. La respuesta de las autoridades es: “No hay presupuesto”.
Además de esa situación también deben de lidiar con el narcotráfico. Su rostro es tímido y lleno de miedo, pareciera que está viendo a la muerte.
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El camino fue malo y agotador. No puede ser diferente cuando no tienen los recursos para hacer más ameno el viaje. Su plantón es en las oficinas de la Secretaria de Gobernación, ubicada en Abraham González 48, Colonia Juárez, Ciudad de México.
Ahí ya llevan más de tres días. El hambre y desesperación se nota en los rostros de muchos de lo que están ahí. Gritan y se manifiestan para que las autoridades les ayuden. La respuesta pareciera que será positiva. En épocas de elecciones todos son buenas personas.
Además de esa situación también deben de lidiar con el narcotráfico. Su rostro es tímido y lleno de miedo. Pareciera que está viendo a la muerte cuando se le pregunta del tema. Su rostro se vuelve frío. Por un minuto deja de contestar. Después se levanta, da una vuelta y regresa. Contesta:
“En Campeche está bien cabrón. En la frontera no te dejan pasar. Germán Tapia es el mero mero de esas tierras.- Si te metes ahí te matan.
Su rostro cada vez se esconde más y es que el tema le da miedo. Pareciera que está viendo a la muerte de frente. Cuando iba a contestar que bandas operan ahí se da la vuelta una vez más y se va al camión de donde vino.
Sus amigos se quedan en el lugar. Después de unos 20 minutos regresa ya más tranquilo. Pareciera que esos temas son difíciles.
Del lado norte del plantón la situación es muy parecida. La situación es la misma, la de recortes presupuestales al campo. La señora Natalia viene igual desde Campeche. Ella reclama que a su abogado lo mató el gobierno. Su nombre era “el ingeniero Armando García”. “A él lo mataron por defendernos”, dice.
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Más tarde un contingente caminó hasta las instalaciones de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa). Ahí la situación fue muy parecida o casi idéntica. Una reunión se llevó a cabo a puertas cerradas. La gente se veía muy agotada y desesperada porque no había respuesta. El hambre y los niños jugando por los alrededores era lo que se notaba.
La situación de los campesinos en México es reprobable. Representan aproximadamente el 27 por ciento de la población pero apenas generan el 6.8 por ciento del PIB. Además, el 25 por ciento de la población del campo es analfabeta y sólo uno de cada diez campesinos ha recibido algún tipo de capacitación para el trabajo.
La cuestión rural no es un problema menor. Cerca de 10 millones de personas mantienen una estrecha relación laboral con el campo, generando bienes y servicios en sus unidades productivas, como jornaleros agrícolas o trabajando sin remuneración monetaria, como sucede frecuentemente con las mujeres y los menores de edad.
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Al siguiente día los reciben en la Secretaría de Gobernación, parece que directamente el secretario Miguel Ángel Osorio Chong.
Esta ocasión es distinta. El 2018 se acerca y tiene que ser como un sol caluroso, lleno de emoción y de carisma. Un día antes se reunió con una comitiva y parece que ahora la respuesta será positiva.
El plantón se va al día siguiente. Mujeres, niños, hombres y uno que otro colado se va, pero siempre pensado si estaba vez las promesas sí son verdad.