Por Roque Juan Carrasco Aquino
“El desarrollo de las fuerzas productivas choca con las formas organizativas de la fuerza de trabajo; en tanto no exista una organización capaz de enfrentar esos intersticios del desarrollo tecnológico cosificador para la acumulación, el capital no tendrá más recurso que engatusar a la clase obrera, por necesidad de sobrevivir, a volver a los grilletes de la explotación deshumanizante”.
Días interminables y desesperación para la fuerza de trabajo indocumentada. Es la concreción insultante aflorada del capitalismo eclipsado. Son expresiones de una plutocracia global y local que, sobre la base de políticas neoliberales, han impuesto la lógica de la acumulación sobre la explotación y abaratamiento de jornadas laborales en la penuria.
Hoy, con el ascenso del ultraderechista-fascista, Donald Trump, a la cabeza, obedece más a respuestas economicistas tendenciales; en la dirección de contraatacar en dos trayectorias: primera, descarrilar las democracias populares de los pueblos (Colombia, Brasil México, Cuba, Venezuela, entre otros) y, segunda, detener un tanto la caída tendencial de la tasa de ganancias del capital en su fase guerrerista.
La presencia y negación de la culminación del auge del “American way of life” (forma de vida a la americana) capitalista, utilizada hacia otros países, ha fracasado. Hoy la humanidad debe encarar y no continuar con la esclavitud dependiente del imperio estadounidense.
En estos tiempos de pauperización de la clase obrera, el desempleo masivo como consecuencia de la tecnología, sustituyendo a la fuerza de trabajo pensante por máquinas, es una expresión minimalista de “Inteligencia Artificial” (IA) para demostrar que, el trabajo se deshumaniza, se es prescindible y cosifica más con herramientas creadas debido al “desarrollo de las fuerzas productivas”, pero, destinadas a las sociedades que dependen inexorablemente del desarrollo y concretado en las grandes potencias mercantilistas del planeta.
La idea de concentrar y centralizar el capital y sus herramientas productoras y reproductoras para la acumulación extraordinaria, basada en la rentabilidad de la inversión, se vuelve un tanto obsoleta al utilizar a los pueblos como engranaje reproductor de las economías.
Estas manifestaciones decadentes del modelo de industrialización devastador se camufla para continuar intensamente agresivas, donde la humanidad dependerá cada vez de las importaciones de mercancías, unas necesarias para su reproducción, otras banales creadas por el sistema de consumo irracional; claro, en detrimento de la naturaleza, incluyéndonos.
El significado del desarrollo de las fuerzas productivas se va volviendo el lado opuesto interminable para los obreros y proletarios vendedores de sus capacidades para producir en lógicas de producción para el mercado especulativo y sin resolver sus propias necesidades para sobrevivir en un mundo depredado.
En el presente, destruido por el modelo actual consumista, energívora de materia, energía e información para el sostén de una reducida clase económica, política, social e ideológica que sustenta y detiene las contradicciones de un capitalismo en declive generacional.
Las formas de hacer política, en el capitalismo, en su fase fascista, no es alarmante ya para millones de seres dependientes de jornadas laborales misérrimas. Se suponía, pero sin saber exactamente cuándo aplicarían esas políticas de despidos, de deportaciones, de violaciones a los derechos libres y humanos de la fuerza de trabajo; además de explotados y sin garantías de salud, alimentación, vivienda, educación e integración familiar.
Esos relatos de indocumentados y de otras generaciones de migrantes no aceptados por el racismo, la supremacía blanca con el poder divino que, de la gracia del dios dinero, serán líderes y el poder del país elegido (del destino manifiesto) para mancillar, sobreexplotar, asesinar, excluir, invadir, robar territorios y recursos.
Asimismo, desangrar naciones con deudas impagables y aniquilar por medio del exterminio racial a otros seres humanos, es la respuesta de la irracionalidad de la civilización occidental, destruyendo la inteligencia y la “razón” burguesa para existir en la sociedad de clases.
Las ideas del presente sobre el poder por encima de las libertades de opinión, de pertenecer a valores opuestos a las iglesias, sectas o religiones irracionales, es la retórica del pasado, así como negar las libertades de decisión por qué género elegir o qué sexualidad compartir, se vuelve en esta fase devoradora de selección a los débiles y sociedades minoritarias.
Sin embargo, el machismo de la sociedad, las cristiandades y cofradías desacreditan a la inteligencia humana, priorizando la reproducción selectiva de raza pura del nazismo. De modo que, al subordinar a la sociedad-naturaleza se desprenda sobre la base de un capitalismo machista, depredador, discriminatorio y denigrante frente a las necesidades sociales.
La respuesta de los pueblos ahora, podría ser una estrategia radical, incluyente y anticapitalista; rechazar por completo e ir en contra del sistema hegemónico demoledor, decadente en sus fases fascistas, que extermina a las grandes mayorías e impone el dominio del miedo, de las guerras, del estigma injerencista basado en el terrorismo de Estado.
Por ello debemos reivindicar otras formas de luchas como la unidad revolucionaria de las verdaderas izquierdas internacionalistas y de los gobiernos en su tendencia progresista. A diferenciar este concepto “progre” porque, se someten a las leyes del mercado y de las amenazas para sobrevivir.
Pese a ello, los progres también confunden sus políticas de colaboracionismo de clase e imponen mecanismos coercitivos a la explotación de sus pueblos. Hoy, la paciencia de los pueblos está llegando a sus límites permitidos y pueden organizarse internacionalmente en contra de la bestia capitalista y su brazo derecho, el fascismo catastrófico.
Estos intentos para tomar acciones en contra de la fuerza de trabajo son medidas parecidas a los juegos infantiles de quién ha de tomar todos los juguetes para sí. Significa entonces que, para doblegar a los trabajadores en la escalada represiva y de abaratamiento del salario, la represión es la apuesta fascista.
No obstante, se visualiza un reacomodo de las leyes del trabajo internacional para aceptar, al final de cuentas, a los migrantes, pero con estándares de salarios bajos y jornadas laborales extensas. La intención es cargar sobre las espaldas de los trabajadores el peso de la acumulación y detener un tanto la caída tendencial de la tasa de ganancia capitalista.
De esta manera se intentará, pese a las contradicciones del desarrollo de las fuerzas productivas, apaciguar los efectos perversos de la crisis capitalista a escala global.
La unidad de los pueblos llama a sacudirse de este sistema opresor, inquisidor, depredador, injerencista y deshumanizador, contraria a la inclusión y al respeto de la humanidad.
Por ello, la organización de todos los pueblos uníos contra el capitalismo fascista avasallador. Hoy, las conciencias habrán de levantar y forjar la dignidad sobre la premisa revolucionaria a destruir por completo el monstruo devorador y engullante de los sueños, de las utopías, de la democracia, de las libertades y a reconstruir un mundo donde quepamos todos, y que lo producido socialmente sea para todos todo.