Lo que no tiene nombre: el dolor que se atraganta

Por Anahí García Jáquez/Radio Gatell

Nueva York. 2011. Daniel Segura Bonnett ha fallecido. Su familia acude desde Colombia hasta Estados Unidos para identificarlo, incinerarlo y velarlo. Esta es una crónica de esos momentos así como sus antecedentes.

Lo que no tiene nombre es un trabajo de la poetisa y escritora colombiana Piedad Bonnett y es un texto por demás personal, ya que en él nos narra la lucha de su hijo contra la esquizofrenia, que fue la que lo llevó a quitarse la vida, aventándose de una terraza del edificio donde vivía. 

La autora es, obviamente, quien nos cuenta, en forma fragmentada y no lineal, los primeros indicios de la enfermedad y su diagnóstico, así como el desarrollo hasta llegar al fatal desenlace. El título del libro hace alusión al hecho de que no existe una denominación en el lenguaje para quien pierde a un hijo, como sí lo hay para quien se queda sin un padre (huérfano) o sin un cónyuge (viudo).

De inicio, este libro apela a los sentimientos más básicos del ser humano como es el amor de una madre a un hijo. 

Es tanta la emoción con la que está escrito que el lector puede experimentar toda la gama de emociones por las que atraviesa Piedad Bonnett: la incertidumbre de no saber qué es lo que le está pasando a su hijo, la búsqueda de una opinión profesional, el golpe que representa el diagnóstico, las penurias al ver las manifestaciones de la enfermedad y lo que le van haciendo a su hijo, el vivir los días buenos y los días malos implorando que los primeros duren más que los otros.

Y, por último, presenciar con impotencia cómo los intentos de su hijo de tener una vida lo más normal posible, esto es, irse a otro país a estudiar, sólo consiguen agravar su situación. Pero sobre todo, el lector entrará en la mente y en las emociones de la autora, quien está impotente ante la situación y lo único que le queda es ver cómo la vida de Daniel, su único hijo varón, se le escapa de las manos.

Se nos habla también sobre las enfermedades mentales y todo aquello que las rodea: la falta de verdaderos profesionales de la salud con la suficiente empatía y visión para detectar y ser precisos con el diagnóstico, ya que, además de aumentar la incertidumbre y desesperación de las familias, provocan que los padecimientos progresen y se vuelvan difíciles de tratar y controlar. 

También podemos ver el efecto de la enfermedad en la familia del enfermo y cómo ellos también lo sufren, se cansan y se desgastan al ver que, por más que se esfuercen en ayudar a su ser querido, no es mucho lo que pueden hacer. Y por último, el estigma social que rodea a todos aquellos trastornos de la psique, lo cual que quienes lo padecen y sus allegados sean marginados y señalados, producto de la incomprensión y de la ignorancia.

A pesar de lo duro y fuerte que es Lo que no tiene nombre, está contado con una belleza en sus letras y una sensibilidad en un tono exacto, debido a que la autora también escribe poesía, la cual intercala en medio de los hechos tan terribles que consigna, además de que el tener pocas páginas hace que su lectura sea ágil. 

Sin duda estamos ante un texto que no suelta al lector puesto que el testimonio de una madre que observó durante diez años la lucha de su hijo contra la esquizofrenia lo conmoverá hasta lo más profundo de su ser.

Lo que no tiene nombre. Piedad Bonnett. 2013. Editorial Alfaguara.

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