Aquel día de mayo, Pilar pensó, aterrada, que se iba a morir.

Por Eduardo Ortega

Fotos: Eladio Ortiz

Aquel día de mayo, Pilar pensó, aterrada, que se iba a morir.  Mientras sus dos hijos varones absorbían como esponjas la violencia de los golpes y los insultos, a ella le caía la noche. Su esposo, con quien vivía desde hace seis años de matrimonio, la arrastraba por las escaleras. Su pareja, quien desde hace apenas tres largos años la comenzó a agredir físicamente, la arrastraba por toda la casa.

Se escribe la palabra «apenas» porque las agresiones emocionales habían empezado desde mucho antes. Se escribe la palabra «largos», porque el terror parecía no terminar. El «tres», que queda en medio, es la palabra clave para entender las consecuencias no sólo personales, sino, sobre todo, sociales de la violencia doméstica que viven las mujeres no sólo en México, sino en cualquier parte del mundo.

Pilar tiene 26 años. Es de Aguascalientes. Como 63 de cada 100 mujeres, mayores de 15 años, ha padecido, a lo largo de su vida, distintos tipos de violencia (ENDIREH, 2011). Cuando era pequeña, ya sabía lo que era la violencia, de parte de su propio padre. Antes de casarse,  trabajaba como maestra de pre-escolar.

Los sábados estudiaba en la Universidad Pedagógica Nacional, plantel 011 de esa entidad. Sin embargo, sólo cursó hasta el cuarto semestre. Porque lo conoció, se enamoró y se casó. Ella cree que, cuando se habla de la violencia hacia las mujeres, cada caso es diferente. En su caso, ella se lo explica porque se  enamoró «muy fuerte», empezó a ceder en muchos ámbitos de su vida cotidiana y, ya inmersa en el terror, por vergüenza y miedo no se atrevió a dejarlo.

Su esposo es abogado.  Nació en una familia disfuncional, cuya madre se embarazó a los 17 de un hombre de 35 que ya estaba casado. No obstante, ella tomó la decisión de casarse con otro hombre, a quien hizo creer que él era el padre de su hijo para que le diera el apellido. Su madre se divorcia después. Él se cría con sus abuelos, quienes después fallecen. Tiene que regresar a vivir con su madre, quien tiene una nueva pareja.

Además de sufrir carencias de todo tipo, ve cómo su madre es golpeada. Su padrastro, quien procreó con su madre a sus dos medios hermanos, nunca lo vio cómo su hijo. También a él lo golpeaba.

La violencia de su esposo sobre Pilar, como la que ejerce cada persona, no es instintiva, sino se adquiere, se aprende, es sembrada en los primeros años de vida, durante la infancia y comienzan a florecer en la adolescencia hasta llegar a formar el carácter del adulto. (Rojas, 1998) Ahora Pilar y su esposo tienen dos hijos. El grande tiene cuatro años y el pequeño apenas un año diez meses.

Como desde hace tres años, la tarde noche de aquel día de mayo, su esposo volvió a golpearla. Por la mañana, ella se llevó a sus hijos al Centro de Desarrollo Infantil (CENDI), donde se le ocurrió pedir ayuda. De ahí, la canalizaron al refugio Fundación Mujer Contemporánea.

***

fa-laviolencia

Pilar representa apenas uno de los siete mil 411 casos de violencia contra las mujeres registrados el año pasado, en la base de datos del Banco Nacional de Datos e Información sobre Violencia contra las Mujeres (Plan Nacional de Desarrollo, 2014),  sin contar la cifra negra, dado que el 93.8 por ciento de los delitos perpetrados en nuestro país quedan impunes, porque no hubo denuncia. (ENVIPE, 2014)

Además de ser matemática y filósofa por la UNAM, Marcela Eternod Arámburu cuenta con una especialidad en lógica matemática, otra en demografía y una más en estadísticas de género. Actualmente ocupa la secretaria ejecutiva de Instituto Nacional de las Mujeres (InMujeres).

Para ella, la violencia que se ejerce contra las mujeres por el sólo hecho de ser mujeres es un problema muy grave en México, donde existe la creencia de que se puede mancillar, denigrar, humillar, golpear y hasta asesinar a las mujeres, porque en el imaginario existe la creencia de que se portan mal o son propiedad de alguien.

Sin embargo, platica, existen problemas de estadísticas nacionales, por entidad federativa y por municipio, donde muchos de estos fenómenos todavía no se caracterizan y se cuantifican de manera adecuada.

Ella se refiere a los muchos casos de violencia física contra las mujeres que no se reportan en ninguna institución, no se reportan en el sistema de salud, no se reportan en las procuradurías de justicia, es decir, en los Ministerios Públicos; no se ventilan más que en el entorno familiar.

Sin embargo, lamenta, sabemos de cientos de casos de mujeres que son pateadas, cacheteadas, golpeadas, con instrumentos de distinta calidad, con cinturones, con reatas, con palos, que son amarradas, que son víctimas de violencia sexual, de la cual no nos enteramos, porque esas mujeres, por vergüenza, por pena, por miedo o por temor no acuden ni siquiera a una institución de salud.

Sabemos, añade, que muchas veces cuando esas mujeres van a denunciar los propios Ministerios Públicos les dicen: ‘es tu cruz reinita, esa es la cruz que te toca vivir, esa es tu vida, arréglate, pórtate bien’.

Afortunadamente, celebra, el Instituto Nacional de las Mujeres, junto con el INEGI, realiza un proyecto estadístico que se llama la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, conocida como la ENDIREH, la cual se levantó por última vez en 2011.

De acuerdo con la ENDIREH, puntualiza, prácticamente una de cada dos mujeres han sido víctimas de violencia por parte de sus parejas, lo cual es un dato muy importante, ya que en una construcción armónica, de una pareja o de una familia, las parejas hombre deben ser quienes más protejan y ayude a sus parejas mujeres. Y lo deben de hacer las parejas mujeres.

A cuatro de cada 10 mujeres las humillan, las menosprecian, las han encerrado, les destruyen sus cosas, las vigilan, las amenazan desde con pegarles, con quitarle a sus hijos, con matarlas o con matarse ellos, si es que los dejan. Además, un 24.5 por ciento de las mujeres en este país padecen de violencia económica; un 13.5 por ciento han sido víctimas de violencia física y un 7.3 por ciento de violencia sexual.

De acuerdo con la maestra Eternod, cuando se les pregunta a las mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia de nuestro país si han buscado alguna ayuda, apenas el 14 lo ha hecho, lo cual quiere decir que las mujeres viven la violencia de una manera callada, de una manera sumisa.

Porque, explica, en primer lugar, muchas de ellas no saben que tienen derechos. En segundo lugar, porque desconfían de la autoridad. En tercer lugar, porque piensan que no va a servir absolutamente para nada. En cuarto lugar, porque creen que la justicia no es para ellas. Y, entre muchas otras razones, las mujeres tienen muchísimo temor de acudir a solicitar ayuda hasta la iglesia, su propia su familia o, incluso, a algún grupo de amigos por temor a las represalias que pueda tomar su pareja.

La maestra Eternot, durante muchos años la responsable en realizar las primeras encuestas de violencia de género que se realizaron en nuestro país, anuncia que en 2016, el InMujeres y el INEGI presentarán la nueva versión de la encuesta ENDIREH.

***

fa-laviolencia2

Ante esta realidad, Pilar sólo quiere pronunciar su nombre de pila. Se guarda sus apellidos. Denunció a su esposo y está abierto el proceso legal. Quiere divorciarse y pelear la patria potestad de sus hijos. Aunque cuenta su historia personal, quiere guardar su identidad.

No obstante, Pilar puede apellidarse González, López o Sánchez, puede tener la piel blanca o cobriza, puede tener estudios profesionales o ser analfabeta, o puede tener o no poder adquisitivo.

Como millones de mujeres en este país, ha vivido insultos, denigración, humillación constante, intimidación, y amenazas de causar daño o de arrebatarle a sus hijos.

Como millones de mujeres en este país, ha tenido que enfrentar que él controle con quién hablaba, revise su teléfono móvil, no la deje ir sola a ningún lado o, simplemente, no la deje salir a ninguna parte.

Como millones de mujeres en este país, desde hace tres años, ha padecido agresiones físicas, ha sido abofeteada, golpeada, pateada o, incluso, ha sufrido relaciones sexuales forzadas.

«No es tan fácil salir de una situación así. Desafortunadamente tienes el tabú, te da pena, tienes miedo.»

***

fa-laviolencia3

Hace 20 años, Margarita Guillé, comunicóloga y periodista, fundó el Centro Mujer Contemporánea en Aguascalientes, donde actualmente Pilar recibe apoyo moral, emocional, jurídico, médico y psicológico.

Actualmente coordinadora de la Red Interamericana de Refugios, Casas de Acogida y Albergues para Mujeres en Situación de Violencia, conducía en esa entidad un programa de radio dedicado para las mujeres con llamadas en vivo. Siendo muy joven, se sorprendía del gran número de llamadas que recibía de mujeres que contaban cómo sus maridos las golpeaban y las violaban. Eran historias tremendas.

A raíz de esa situación, le surgió la necesidad de explorar el tema y, sobre todo, de tratar de dar una respuesta a sus radioescuchas.

En 1993 editó una revista para mujeres, con el objetivo de incidir en su pensamiento y poder transformarlas. Al año siguiente, comenzó a trabajar en el proyecto del refugio, el cual se inauguró en 1995. Fue el primer refugio para mujeres que viven en situaciones de violencia en México.

Para poner todo esto en contexto, apenas un año antes, se adoptó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, conocida como la Convención  Belém do Pará de Brasil.

Ratificada por el gobierno de México, ésta tiene el propósito de proteger los derechos humanos de las mujeres y eliminar las situaciones de violencia que puedan afectarlas, ya que toda mujer tiene derecho a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como privado.

Para entonces, sin embargo, la violencia familiar o doméstica en nuestro país aún no estaba ni siquiera tipificado como delito. Estaba tipificada la violación, la cual es otro tipo de delito.

Fue hasta 2006 cuando se aprobó la Ley general para la igualdad entre hombres y mujeres y, al año siguiente, se dio luz verde a la Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. (Agoff, 2013) Con ello, cambió el diseño institucional y el marco normativo mediante el cual hacer exigibles los derechos de las mujeres. Sin embargo, narra Margarita, en la realidad son muchas mujeres como Pilar que viven con violencia.

En la década de los 90, la lucha de las organizaciones civiles era para hacer visible que la violencia que vivían las mujeres, las niñas y niños dentro de sus casas, era un asunto público, y que el Estado tenía que intervenir poniendo leyes, regulando y sancionando a los agresores.

Para 1999, cuenta, ya existían cuatro centros de refugio como el Centro Mujer Contemporánea en todo el país. A partir de ello, se forma la Red Nacional de Refugios, la cual hoy está conformada por 70 refugios en los distintos estados del país.

Hasta 2010, cuando Margarita Guillé dejó de ser directora de dicha red, se habían atendido alrededor de 15 mil niñas y niños con sus madres.

***

fa-laviolencia4

El esposo de Pilar es abogado de profesión. Desde pequeño tuvo que trabajar y ayudar a su madre. De su padrastro no sólo aprendió de las golpizas que le daba a él y a su madre, sino también a relacionarse con varias mujeres al mismo tiempo.

En diciembre del 2014, Pilar se enteró que su esposo tenía una relación con otra mujer. Su pareja no sólo repite los patrones de violencia que aprendió desde la infancia en su familia, sino también asimiló la infidelidad.

Enojada, Pilar le reclamó y le exigió el divorcio. Se escapó a casa de sus padres, quienes hasta entonces se enteran de todo lo que sucedía en su casa y en su matrimonio.

Los niños aprenden que los hombres dominan y que la violencia es un medio aceptable de afirmar y resolver conflictos. Las mujeres, madres y suegras, perpetúan inconscientemente la violencia al socializar a niñas y niños para aceptar la dominación masculina y a ceder constantemente las demandas de los hombres. Las madres enseñan a sus hijas a aceptar los roles que la sociedad les asigna y castigan toda conducta ‘desviada’ para asegurar la aceptación social y sexual de las niñas. (Lori, 1994) 

Pilar acudió al Ministerio Público para poner una demanda en contra de su marido. No la pudieron atender. Corrían las celebraciones de fin de año. Fue también a las instalaciones del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Aguascalientes. Las licenciadas le decían que no había manera. Por tanto, sus hijos tenían que estar unos días con su madre y otros días con su padre.

Ella, sin embargo, no quiso correr el riesgo de que le quitaran a sus hijos. Lo más conveniente y lo más fácil según ella fue regresar con él. Sólo estuvo una semana en casa de sus padres.

La situación empeoró. Las golpizas fueron más frecuentes. Pilar sentía que no contaba absolutamente con nadie. Molestos, sus padres le retiraron el habla. No estuvieron de acuerdo con que regresará con él. Ellos, pensaba, eran las únicas personas con las que contaba: su familia. Paradojas. Cuando Pilar era niña, también sufrió violencia de parte de su propio padre.

La violencia contra la mujer surge, en parte, de un sistema de relaciones de género que postula que los hombres son superiores a las mujeres. La idea de la dominación masculina -incluso de las mujeres como propiedad del hombre- está presente en la mayoría de las sociedades y se refleja en sus leyes y costumbres. Por lo tanto, la violencia no debería ser considerada como una aberración, sino como una prolongación de un continuo de creencias que otorgan al hombre el derecho a controlar la conducta de la mujer. (Lori, 1994)

***

fa-laviolencia5

Para combatir este problema de salud pública y con riesgos de convertirse en epidemia como lo advierte la Organización Mundial de la Salud (2013), el gobierno de la República desembolsó 24 mil millones de pesos este año en la puesta en marcha de una política transversal para la equidad de género, de la cual una cuarta parte, es decir, alrededor de ocho mil millones de pesos, se destina al combate a la violencia contra las mujeres.

Además, ha puesto en marcha el Programa para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, el cual es instrumentado por la Secretaría de Gobernación, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavin) y el InMujeres.

La maestra Marcela Eternod explica que se trata de una amplia estrategia que busca que las mujeres sepan que son sujetos de derecho, que sepan donde solicitar ayuda legal, emocional y psicológica, así como capacitación  para el trabajo.

Es una campaña, añade, para cambiar la cultura de los mexicanos que creen que deben ser obedecidos, cuidados, atendidos, respetados por las mujeres, sin ser recíprocos. Para ella, esto no es Estado de derecho, sino un patriarcado que ha visto en las mujeres la obediencia y la sumisión que más bien corresponde a esclavos.

–La OMS dice que la violencia en contra de las mujeres es un problema de salud pública, de proporciones epidémicas, ¿las políticas públicas que se aplican en México son suficientes para tratar de combatir este problema? -se le cuestiona. 

–Deje responder su pregunta en tres partes.

«¿Es un problema de salud pública? Sí. ¿Por qué? Primero porque una mujer deprimida, una mujer temerosa, una mujer sobajada, una mujer humillada constantemente es una mujer enferma. Tenemos ahí distintas expresiones de los daños que le hacen a una mujer la violencia en cualquiera de sus modalidades, en cualquiera de sus tipos. La depresión, las enfermedades de salud mental y la maneras de sufrir la vida en vez de vivir la vida, se refleja en amplios problemas de salud.

«Muchas de estas mujeres somatizan la violencia emocional que viven y se enferman. Es un problema de salud.

«Es un problema de salud social. la violencia, la ira, la manera violenta de resolver cualquier conflicto: ‘te pego, te callas, tú limpias, te dejo de hablar, te hago la ley de hielo’, es decir, hay muchas maneras de ejercer violencia.

«Y todo esto daña la salud de la familia, no solamente de la mujer, sino de la propia familia y de la propia persona que ejerce la violencia.

«¿Es un problema epidémico? -prosigue- Sí. Si no lo controlamos, sigue creciendo. Cuando nosotras hacemos estudios cualitativos y le preguntamos a los  agresores: ‘¿por qué lo hacen?’ Generalmente refieren que es lo que vieron en su casa. Ése es el ejemplo que reciben y ellos no hacen un ejercicio ni analítico ni reflexivo, es total y absolutamente emocional y básico; es un reflejo, es una reacción que se dispara en automático. Muchos de estos hombres, ni siquiera se reconocen como violentos, porque asumen que así deben de ser las cosas y que no deben de ser de otra manera. Entonces estamos reproduciendo y multiplicando esta manera de resolver o de no resolver, mejor dicho, los conflictos.

«¿Son suficientes las políticas públicas?

«No. No son suficientes, y le voy a explicar por qué. Porque necesitamos el cambio cultural urgentemente. Por más que nos esforcemos, mientras los medios de comunicación sigan transmitiendo esta idea de que las mujeres somos objeto, mientras sigan pensando que estamos para entretención y el divertimento de los varones o que estamos para su servicio y atención, para rendirles pleitesía, no vamos a avanzar.

«¿Hay muchas políticas? Sí. ¿Nos hace falta articularlas? Es verdad. Nos hace falta ir llenando esos huecos de información que nos permitan tener una medición mucho más precisa, exacta y georeferenciada de dónde están ocurriendo esos problemas; por eso la Alerta de Violencia de Género se emitió en 11 municipios del Estado de México.»

***

fa-laviolencia6

En enero de este año, el DIF de Aguascalientes, donde acudía su hijo mayor, citó a Pilar. Las cuidadoras se percataron que el niño estaba cambiando mucho de comportamiento. Al aplicarle una dinámica específica, el menor desveló que su papá golpeaba a su mamá.

Ante ello, tanto Pilar como su esposo fueron remitidos al área de trabajo social del DIF, para que asistieran a sesiones de terapia. Mientras Pilar asistió a todas las sesiones, su esposo sólo acudió a dos.

Llegó mayo. Para entonces, su esposo estaba totalmente trastornado.

Un día Pilar recibió una llamada telefónica. Contesta y escucha una conversación de su esposo con otra mujer. Él habla pestes de ella. Pilar le reclama. Cuando llega a su casa, él la golpea. La amenaza con matarla y con hacerle daño a sus hijos.

«Estaba aterrada. De hecho pensé que ese día me iba a morir. Porque los golpes fueron muy fuertes, porque me humillo bastante enfrente de mis hijos, porque me arrastro en las escaleras, en el piso, eran golpes constantes. Entonces, pues se llegó la tarde y así transcurrió toda esa tarde y noche, entre golpes e insultos.»

En el refugio Fundación Mujer Contemporánea, Pilar se ha reencontrado. Llegó muy mal. En sus palabras, llegó totalmente perdida. Llegó no sólo sintiéndose mal de salud, sino también emocionalmente. En el refugio, se ha dado cuenta que mujeres como ella pueden salir adelante solas.

–Pilar, desde hace tres años tu esposo te golpea. Tu hijo el menor, sin embargo, tiene apenas un año diez meses. ¿Por qué decidiste tener un segundo hijo con él? -se le plantea.

–Es que no fue decisión mía, desafortunadamente. Pero él me obligo. Me tomó a la fuerza y pues así fue como se dio.

Llena de fortaleza, Pilar considera que las mujeres como ella deben valorarse y valorar lo que tienen a su alrededor. Piensa que mujeres como ella deben, además, abrir los ojos y entender que no son culpables de los errores de los demás. Asimismo, cree firmemente que las mujeres como ella pueden salir adelante y que está en sus manos poder hacer el cambio.

«Si desde el principio le hubiera puesto un alto y lo hubiera denunciado, no hubieran llegado las cosas tan lejos», sentencia.

Related posts