Por Roque Juan Carrasco Aquino
“…la inversión de capital en cuanto al capital fijo no aumenta en la misma proporción en que aumenta aquí su empleo. No te necesitan [, supongamos,] más husos, etc. Es cierto que te desgastarán más rápidamente, pero no en la misma proporción en que te usen más. Por tanto, a igual productividad, aumentará aquí la ganancia, porque no sólo aumenta la plusvalía, sino también la tasa de ésta…,” (Marx; 1990: 132).
La imperiosa necesidad del capital globalizado, en estas últimas décadas, se ha puesto en un proceso de ralentización de la producción y, por tanto, deprime la acumulación e incrementa la sobreexplotación de los recursos naturales y humanos.
Se evidencia una crisis de la economía globalizada establecida al forzar dinámicas de la sobreproducción. Sus impactos son efectos negativos contrarios a las directrices de la circulación.
También, la baja adquisición de la sociedad provoca almacenar mercancías. Asimismo, la distribución obstruida por el consumo, aunado a la penuria y empobrecimiento generalizado. Expresan contradicciones de la producción capitalista: sólo los que pueden consumen. Deprimiendo todas las demandas sociales. Esto implica que los elementos constitutivos de la producción detengan los mercados globalizados.
De ahí la idea de descentralizar o insistir en la relocalización de las inversiones. No obstante, esta idea deviene como producto de la crisis del 2008, sobre la base de lo propuesto por Celso Garrido, en el sentido de que, “…se considera la relocalización de las inversiones (reshoring) hacia los países de origen y las regiones fábrica (Garrido; 2022: 7). Tendencia necesaria al capital para detener su crisis y controlar la economía mundial en segmentos del territorio hegemonizado por la racionalidad de las inversiones. Cuando menos es la tendencia del presente.
En el Instituto Politécnico Nacional (IPN) se tiene la propuesta de aprovechar este proceso en la preparación de recursos humanos; readecuar planes de estudios, analizar regiones vulnerables a recibir posibles inversiones y aprovechar las ventajas “comparativas” (Contreras; s/f), tanto del territorio e infraestructura como de los recursos humanos capaces de responder a la demanda de personal competente de incorporarse a las actividades emanadas de la deslocalización o la relocalización industrial.
Aunado a lo anterior, obtenemos algunos planteamientos importantes para enmarcar la propuesta, al observar que las áreas urbanas tienen la oportunidad de integrarse en estos procesos de la relocalización industrial productiva.
En este sentido tenemos, por ejemplo, que, “…de una ciudad inclusiva, equitativa y sustentable se refleja en cada acción de gobierno y en los esfuerzos del Consejo Económico, Social y Ambiental de la Ciudad de México, que ha venido trabajando arduamente para enfrentar los retos de la modernidad, los cambios en el entorno global y las demandas sociales más urgentes” (CESA; s/f: 4). Es el significado de aprovechar la infraestructura en los diversos espacios de las áreas urbanas en especial.
El planteamiento puede ser favorable para nuestra Institución Educativa. Sin embargo, a nuestro juicio, analizando las vicisitudes de la intención globalizada, surgen algunas premisas previas antes de optar por la preparación per se de los nuevos egresados del IPN.
Nos referimos, sobre todo, a las fortalezas de las capacidades más allá de las ingenierías. De tal modo, pues, ¿por qué se dirige hacia la tecnificación del conocimiento, o a la cuantificación de la realidad? Esto podría significar apostarles a los modelos matemáticos como instrumentos de medición de la producción. ¿Y la cuestión social?
En efecto, es viable cuantificar la reproducción; empero, con la intención de proponer, cuando menos, tres interrogantes de método: ¿Para quién o quiénes se debe preparar a los egresados en un mercado especulativo del conocimiento?
¿Qué medios o herramientas epistemológicas emergerán de los planes y programas de estudios para que el egresado no se cosifique en mera utilería de las industrias deslocalizadas?
Y ¿los recursos humanos del IPN pueden ser sujetos activos de ingenios para crear y canalizarse a la independencia tecnológica, o es un rodeo de saberes para continuar dependiendo de las técnicas y tecnología del exterior?
Esas pueden ser algunas de las preocupaciones en que el proceso de requerir personal calificado no se restrinja en simples “oportunidades” ajenas a las demandas populares y problemas nacionales, reduciéndose a la producción objetual del capital y así detener su crisis.
Tan es así el proceso que las economías, sobre todo de las industrializadas de países de vanguardia como China, EE. UU, Rusia, India, entre otros, están en espera de captar la inteligencia internacional de cerebros capaces de obedecer y relacionar simplemente lo aprendido como instrumentos de la pieza prescindible temporalmente de la producción.
Es ahí donde el pensamiento crítico del conocimiento debe intervenir para analizar las virtudes y defectos de la nueva relocalización productiva, financiera y centralizadora, al tiempo evitar la depredación de la naturaleza. Esa es la intención de no ceder territorios comunitarios ya trillados en cuanto a la era de la desindustrialización en el contexto de la división internacional del trabajo.
Referencias
– CESA: Gobierno de la Ciudad de México (s/f): El impacto del nearshoring en México. Cesa Vol. X. Documento en PDF.
– Contreras, Campos Eduardo (s/f): La ventaja competitiva de Michael Porter. En línea. Página web: https://www.urp.edu.pe/pdf/id/6330/n/
– Garrido, Celso (2022): México en la fábrica de América del Norte y el nearshoring. CEPAL. En línea. Página web: https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/8b789717-769f-4208-9a8b-0db8c42bc82e/content
– Marx, Carlos (1980): Teorías sobre la plusvalía II. Tomo IV de El Capital. En línea. Página web: https://www.abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/Internacionales/Marx_Karl/Teorias%20sobre%20la%20plusvalia%20-%20II%20-K.pdf