Por Christian Marín
La opinión existe desde siempre, es algo que caracteriza a los seres humanos, cada uno tiene un punto de vista diferente ante disyuntivas similares. La opinión, según Platón “Está en el punto medio entre el conocimiento y la ignorancia”, aunque cabe aclarar que siempre está encaminada más hacia la ignorancia.
Por otro lado, en el libro “La espiral del silencio” de Elisabeth Noelle Neumann se menciona que “La opinión la tiene cualquiera, aunque no todas tienen el mismo valor”, es decir, el valor de las opiniones dependerá de la persona que las exponga, probablemente los líderes de opinión o personalidades con un mayor peso o fama tendrán mayor importancia en el ámbito público.
Gracias a las próximas elecciones a realizarse el 1 de julio del presente año las opiniones parecen estar divididas, los 5 candidatos a la presidencia de la República generan distintas acepciones acerca de ellos, cada una de ellas fundamentada en sus historiales. La propaganda inunda nuestro entorno, en camino a casa, a la escuela o al trabajo los anuncios se hacen presentes.
El objetivo de ésta última es formar ideales positivos de estos personajes a pesar de sus turbias carreras políticas. Ese es uno de los puntos fundamentales de este texto. La opinión en la estela individual se genera con subjetividad, la experiencia y es el conocimiento adquirido a lo largo de los años el que da como resultado la postura ante un fenómeno. La opinión pública en el mejor de los escenarios es el consenso de los seres humanos ante un hecho de interés común, todo esto con base en la concepción de las cosas y la perspectiva de cada uno.
El caso de México es interesante, más allá de opinar lo que cada uno cree, la verdadera Opinión pública se genera desde arriba. Las actitudes y comportamientos que tienen los seres humanos en sociedad son moldeadas desde la élite, quien por medio de “moderadores” (Concepto que retoma Neumann) forman estereotipos y regulan las conductas con el fin de mantener en calma a esos grupos que parecen ser amenaza al régimen.
Estos “moderadores” pueden ser aquellos líderes de opinión quienes son seguidos por la sociedad, pero que al mismo tiempo son impuestos por los grupos de poder para manipular esos comportamientos. Los llamados “influencers” son nuevas personalidades que también influyen en la conducta de las personas, figuras que surgen de distintos medios, parecen ser representantes de la masa, pero que de igual forma, son manipulados por la elite, queriendo regular comportamientos en la sociedad, o en algunas otras ocasiones promoviendo partidos políticos en campaña.
Ejemplo de esto es el Partido Verde Ecologista de México, quien pagó entre 1 millon y medio y 2 millones de pesos a ciertas personalidades del mundo del espectáculo para promover el apoyo por ellos, Julio Cesar Chávez y Miguel “El piojo” Herrera son algunos que realizaron “twits” en favor del partido anteriormente mencionado.
El verdadero problema surge cuando las conductas que promueven estos “moderadores” son aceptadas y acatadas “implícitamente”. Los grupos de poder cumplen su cometido y las opiniones de cada uno están condicionadas sin saberlo. La sociedad reproduce los comportamientos promovidos desde arriba, de la elite. Posteriormente, el que no realiza estas conductas “aceptadas” por la mayoría es aquel que será excluido del grupo, se aislará y tendrá temor a expresarse.
Las elecciones presidenciales ofrecen “diferentes” posturas con cada uno de los candidatos. Los distintos partidos que representan promueven conductas distintas. La propaganda “implícitamente” ayuda a la conformación de grupos sociales, los cuales difieren entre sí en la reproducción de las conductas. Los ciudadanos parecen repudiar toda conducta contradictoria a los valores que defienden, promoviendo todos estos choques existentes en las calles o en las plataformas sociales en cuanto a la defensa de sus intereses se refiere.
Ningún ser humano quiere ser excluido de cualquiera de estos grupos sociales. El individuo le teme al rechazo y a la soledad. De tal manera que las actitudes promovidas por el poder son secundadas por la sociedad con el fin de vivir en conjunto sin aislarse de la sociedad. El individuo tiene la necesidad de sentirse perteneciente, la reputación es algo que importa en cada persona, somos seres caracterizados por reproducir conductas que observamos, en este caso, las promovidas por los partidos políticos.