La mitomanía de la clase política mexicana

Por: Raul Anthony Olmedo Neri

Cada seis años, las y los mexicanos son bombardeados por spots publicitarios, promesas, fotos, eventos, regalos, despensas y uno que otro apoyo por parte de los diferentes partidos políticos que intentan obtener votos para poder ganar un espacio, tanto en el poder legislativo como en el ejecutivo.

Tal vez, el segundo sea el más importante para los partidos y para la sociedad en general, ya que esa persona será la/el representante del país ante los homólogos de otras naciones, y será quien lleve a cabo todos los actos protocolarios, viajes a diferentes partes del mundo y mejorará las condiciones económicas, políticas y sociales de una sociedad que cada sexenio se desencanta de la democracia.

Es a partir de esto que, por un periodo muy pequeño, en México se vive la “democracia”, a pesar que durante ese sexenio no se le consulte a la sociedad sobre los cambios, las propuestas y las acciones que se realizan por los diferentes poderes del Estado en pro de la gente.

En estas elecciones, sin embargo, se juega algo más que un simple puesto; se está jugando el futuro de un país que ha estado sumergido en un neoliberalismo institucional que sólo ha mermado la calidad de vida de las personas.

De hecho, este proceso ha estado cargado de irregularidades desde el principio: desde las reglas para incorporar las candidaturas independientes, hasta la falta de un marco legal que regule la mitomanía de los diferentes candidatos y se sancione aquellas mentiras que revestidas en afirmaciones, intentan dañar la imagen política de sus adversarios.

Es por ello, que en esta ocasión, se hará uso de la palabra para hacer precisiones sobre los candidatos a la presidencia de la República Mexicana.

La (co)dependiente

Mujer que intenta diferenciarse por su género, pero que es superada por el sexenio de su esposo; con titubeantes participaciones, sus propuestas dejan entrever el conservadurismo tanto a la consulta popular, como a las tendencias mundiales en derechos humanos de grupos emergentes como el LGBTTTI, situaciones especiales como el aborto y evasión a la pluralidad de opiniones dentro de la política.

Se dice independiente y presume de haber regresado el dinero otorgado por el Instituto Nacional Electoral (INE), no obstante, la pensión vitalicia que tiene su esposo por ‘servir a la Nación’ resarce las insignificantes cantidades otorgadas por la institución encargada de velar por la democracia mexicana.

Ella habrá podido salir del partido conservador por excelencia en la historia mexicana, pero ese partido, y su tendencia, no salió de ella; su discurso sigue la misma línea de quien en su momento intentó ser gobernadora del Estado de México al tratar de dirigirse a las personas para obtener sus votos, muy al estilo de los años 40 del siglo pasado.

 

El hijo de tigre pintito

Que de paso está embarrado por un partido que históricamente ha establecido las directrices neoliberales en el país, que ha sido el ejecutor y autor intelectual de acciones contra el propio pueblo mexicano en contadas ocasiones (1968, 1971, 1988, 1997, 2014, etc) sin contar que en pleno siglo XXI y después de alabar a la “nueva generación del partido” más de la mitad de dicha generación se encuentra en investigación por lavado de dinero, enriquecimiento ilícito o en su caso son prófugos de la ley.

Pero eso no importa, sino que él entre sus cargos en la presente administración estuvo implicado en lo que se ha denominado “la gran estafa”, es decir, la triangulación entre empresas fantasmas, universidades públicas e instituciones del gobierno federal que tuvieron como objetivo el desvío de 3 mil millones de pesos…

Con un ánimo centrado en que los espectadores recuerden su nombre en cada una de sus frases, que sólo es corroborado por las personas que recolectan credenciales y votos a través de apoyos que en teoría no deberían darse en esta época electoral o bajo condicionantes de tipo clientelista y corporativista…

 

El berrinches

De carácter beligerante y con un discurso entrenado en términos de voz, tiempos y entonación, este candidato se ha caracterizado por el modo autoritario con el cual se (auto)designó como candidato por la coalición más rapaz e ilógica en términos de ideología y principios que la Revolución Francesa dejó en 1789.

Él es la máxima representación de la falta de lucidez política y diferenciación entre la izquierda y la derecha, cuando lo que se quiere es el poder, más que la representación de principios y bases políticamente correctas.

Su apariencia reviste realmente una vida de excesos y lujos que sólo un político mexicano puede tener; pero es más claro la forma en que juega con su doble moral en términos políticos. Mientras menciona lo fatal de las reformas estructurales su voto a favor de ellas en el sexenio correspondiente deja sin argumento incluso a la tabla con mayor porcentaje confiabilidad.

Sus tintes de historiador y cronista de la vida de sus oponentes, deja entrever la profunda desesperación por restar puntos a sus contrincantes; ni su discurso le ayuda cuando sus adversarios mencionan el proceso de investigación que lleva en su contra por presunto lavado de dinero. Su apariencia intelectual y sin afán de lucro hace que se vuelva en una opción engañosa para quienes siguen creyendo que la meritocracia se maneja en la política.

 

El ruiseñor

Soñador como pocos y perseverante como cada mexicano que se levanta por llevar “el pan a la mesa” cada día, este candidato representa no sólo la parte de la historia política de México en el siglo XXI, sino que también representa a un sector de la población que se resiste a conseguir una mejor calidad de vida.

Si sus propuestas son viejas, es porque siguen siendo vigentes; no es necesario el establecimiento de palabrería rimbombante si ellas no articulan un planteamiento coherente con la realidad del país.

Es un peligro para el statu quo y muestra de ello es el constante hostigamiento que recibe de los demás candidatos. Su serenidad le atribuye sabiduría, aunque su punto débil sean en última instancia la falta de pruebas contundentes sobre las cifras que la corrupción genera en la cúpula de poder.

El negrito en el arroz

No cree que se encuentre en el proceso electoral; su discurso e imagen de gente de provincia no es creíble por haber sido utilizada por el presidente de la transición política del país a inicios de este siglo; así como él, presenta un machismo exacerbado que aún se vive en gran parte del país. Uno se refería a ellas como “lavadoras de dos patas”, él les dice “gordas”.

Su mecanismo para mantenerse en la mente del votante es a través de su acento, su comicidad y en parte por su “independencia”, no obstante, las firmas apócrifas y en su caso, las propuestas correctivas dejan mucho que desear en términos de política y entendimiento de la responsabilidad que conlleva servir a la Nación y no de ella.

Su intención es captar el voto de aquellos que creen que es diferente a los demás, pero actúa y vive como ellos.

Estos son los candidatos a gobernar la décima economía mundial, a más de 120 millones de personas, al mayor exportador de productos a estados Unidos, y uno de los países con mayor diversidad biológica y cultural. Es un tema serio cuando de las opciones no hay una que sobre salga de lo común.

Jürgen Habermas establece en su obra magna Teoría de la Acción Comunicativa la necesidad de entablar discursos argumentativos que están basados en el einlösung toda vez que establece una selección de discursos a partir de su validez y evaluación contra otros discursos y con la premisa de selección de aquella con mejores argumentos. Sin embargo, como dice aquel dicho mexicano “del dicho al hecho, hay mucho trecho” y más claro no queda con estos candidatos que tiran la piedra y escoden la mano.

Related posts