La Ángela de la Independencia, entre la emancipación y el desmadre

Por María Alejandra Yáñez Navarrete

 

Foto: Edgar López (Archivo)

 

Rodeada de turistas, la preferida de las quinceañeras y de los que esperan a sus pies. A lo alto se alza la Victoria Alada, rodeada de figuras, nombres y frases simbólicas para México y los mexicanos.

 

Hecha de bronce, con un recubrimiento de oro que se distingue de entre las glorietas de La Palma y La Diana Cazadora, en Paseo de la Reforma. En una mano sostiene la corona de laurel y en la otra una cadena con eslabones rotos, símbolo del final de la esclavitud impuesta durante el dominio español.

 

Sólo los que vienen acompañados por guías turísticos pueden comprender realmente la historia de aquel monumento que se alza a la vista de los ojos curiosos, aquel monumento que el país vio un día “volar” o, en una ocasión más reciente, al que los transeúntes vieron balancearse con el movimiento de la tierra.

 

En ese momento la decisión está entre escuchar a los mexicanos o acercarse a algún curioso extranjero que toma múltiples fotos de distintos ángulos del Ángel. Y entonces lo que era seguramente una idea concreta de respuesta, aparece otra, un tanto curiosa.

 

Con un acento español muy marcado, a pesar de residir ya hace tres años en este país, se alza un hombre que mira sin dificultad los 95 metros que se levantan contra nosotros.

 

“Para mi esto es Independencia, esto es el significado de que por fin se liberaron de la puta basura que es España”.

 

En sus anteojos se refleja el sol y es difícil distinguir lo que sus ojos dejaron ver al decir aquellas palabras. Después de tomarse la respectiva foto se une al gentío que recorre Paseo de la Reforma a las dos de la tarde, escondiéndose del sol.

 

Lo que se escucha de los guías es la historia de que Don Porfirio, en 1910, para celebrar el Centenario de la Independencia de México, mandó construir lo que sería el monumento más icónico de la capital.  El arquitecto encargado de este monumento fue Antonio Rivas Mercado.

 

En el basamento del monumento se encuentran cuatro figuras de bronce, una en cada vértice: La Ley, la Justicia, la Guerra y la Paz. Al frente se puede apreciar una placa de mármol blanco, en donde los curiosos pueden leer: «La Nación a los Héroes de la Independencia», y delante de esta inscripción un león gigante conducido por un niño.

 

Mientras que en la base se pueden apreciar las esculturas, formadas de mármol italiano de Carrara, que representan a los héroes de la Independencia: Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, Francisco Javier Mina y Nicolás Bravo, dos esculturas femeninas se pasan a los lados de la de Miguel Hidalgo, representando, a su mano derecha, la Historia, y a su mano izquierda, la Patria.

 

En 1925 los restos de los héroes de la Independencia fueron puestos debajo de la columna de la Independencia, pero en 2010 fueron exhumadas las tumbas para llevar los restos a un tratamiento de conservación y los exhibieron en Palacio Nacional para después ser regresados, junto con los restos de Pedro Moreno y Víctor Rosales, de los cuales se desconocía el paradero.

 

Esa es una de las miles de curiosidades que rodea al Ángel de la Independencia, curiosidades que cuentan los guías turísticos. Para los mexicanos es un signo de progreso, modernidad, libertad y de celebraciones que nunca pueden faltar.

 

Desde exhibiciones de autos de Fórmula 1, hasta conciertos o festejos se celebran a los pies de la Victoria Alada, que le recuerda todos los días a los mexicanos la historia que vivimos y que nunca olvidaremos. 

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