Por Ángel Eduardo Santillán Mora
El miércoles 10 de septiembre del 2025 será recordado como el día en que en el Puente de la Concordia, en la alcaldía Iztapalapa, en Ciudad de México, una pipa que transportaba 49.500 litros de gas LP explotó en una de las avenidas más transitadas de la urbe, provocando muerte, caos y pánico entre la población que transitaba por la zona.
Escenas de películas de ficción se trasladaron al asfalto de la Ciudad de México: vehículos calcinados y personas quemadas de gravedad, entre ellas menores de edad, fue el saldo de esta tragedia que será recordada por mucho tiempo como una de las peores en la historia reciente de la ciudad.
Desde las primeras horas del acontecimiento, arribó la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, en donde informó el saldo preliminar de los fallecidos y heridos. Además sostuvo que la Fiscalía de la Ciudad de México «determinará el origen del problema».
Una de las primeras fotografías que se hicieron virales fue la de una abuelita cargando su bebé. Ella lo protegió en una especie de manto como pudo. Sin embargo, la mujer tuvo quemaduras en prácticamente todo el cuerpo: en el esa escena se pudo ver que un policía de la Ciudad de México ayudó a este acto de heroísmo.
En un video grabado por un usuario de redes sociales en el interior de una unidad de Trolebús, se pudo observar el momento exacto de la propagación exacta del gas; los gritos de desesperación ante una respuesta natural del miedo se hizo presente en las personas, los gritos de auxilio resonaban: «ayuda, ayuda, ayuda», gritaban con desesperación.
Una mujer afectada por la explosión– con quemaduras en casi todo el cuerpo, atuendo irreconocible, pantalón desgarrado y pegada a la piel, zapatos negros que apenas y se podían reconocer, pedía ayuda como podía a las personas que se acercaron a ayudar.
En medio del caos, ocurrió un milagro inesperado: mientras se dirigía a atender la emergencia, un elemento de Protección Civil encontró tirados unos cuadernos y algunas pertenencias abandonadas en la calle, y entre ellas, un teléfono celular prácticamente calcinado.
Justo en el momento en que lo levantó el aparato comenzó a sonar: Era su madre preguntando por ella. El hombre contestó y dijo que su hija estaba siendo atendida. Desde ese momento se inició una búsqueda frenética que llevó a la familia de la joven hasta el Hospital Rubén Leñero en donde esperaban noticias sobre ella.
En las primeras planas de los medios nacionales e internacionales se podía leer: “Todo era lumbre: video muestra la explosión de una pipa de gas en una avenida de gas en la Ciudad de México», «Explota pipa de gas en el Puente de la Concordia», «Explosión de un camión que transportaba gas deja al menos 6 personas muertas y 90 heridas», entre otras.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se solidarizó al día siguiente de los afectados en la ‘mañanera’, e informó que: «Están apoyando en todo lo que se necesita, nuestra solidaridad con todos aquellos familiares que perdieron a una persona».
Al día siguiente, en el lugar de los hechos fecundaba un silencio extraño. La explosión de la pipa de gas había dejado hasta el momento seis personas muertas y decenas de heridos.
Miércoles 10 de septiembre del 2025 será recordado por el día que en la Ciudad de México el fuego dejó lágrimas a la nación. Era el infierno en el asfalto…