Brujas y duendes

Por Carlos Alonso Chimal Ortiz

Foto: Edgar López (q.e.p.d.)

Cuando eres niño, ¿qué haces? Juegas, comes, duermes, recibes cariños de tus padres, te cuidan, te protegen, tratas de ser feliz, y tus padres tratan de que tú seas feliz, te alimentan, te cuidan, te protegen.

     Algunas veces tu eres pequeño y tu ves todo normal, pero algo está detrás de ti.

     Es un monstruo que se llama: “La tradición” o “La cultura”, que todos sabemos que es una tradición o lo que es la cultura.

     La cultura puede ser una forma de lo que tu familia te va dejando para que tú crezcas con eso, con esas formas de ser parte de una familia, y la tradición es lo que llevan la familia, de atrás tiempo, me explico, lo que se va dejando de generación en generación, usos y costumbres, ahora le llaman, pero así es.

     Una de las costumbres o tradiciones, que de hecho son como que más arraigadas, pero aún se utilizan, es de que tienes que ser un chingón o una chingona, todos debemos de sobresalir, o sobrepasar a los demás, ser unos chingones. 

     Sí, estoy de acuerdo con eso, tú debes de ser un chingón, por ti, hacer lo que sea, estudiar, aprender, y sobresalir, como cuando los pájaros avientan a sus polluelos del árbol para que se las arreglen, ser unos chingones, que sobrevivan, para empezar del madrazo que se van a dar si no emprenden el vuelo.

     Pasado ese paso tan importante, en los pájaros y las tortugas ahora tienes que chingarle, esquivar depredadores y demás culeradas para seguir “avante”.

     Ya después viene lo más importante, crecer y buscar a quien te vas joder por el resto de su vida. Sí, los pájaros buscan presas, gusanos, insectos, etc. Y los peces, bueno, ya saben, el pez más grande se come al más pequeño.

     Pero con los humanos pasa algo similar, viene la cópula, después de ahí, el baby shower y la fiesta, después nace el crío y lo tienes que enseñar a cómo es el mundo.

     Aquí viene una parte bastante importante y creo que es de las que son las claves para formar a un buen humano, a una persona que sea buena para la sociedad.

     Los pájaros y los peces no toman en cuenta a sus antepasados, a ellos les vale madre quienes eran sus abuelos y si se los comieron en un asado o se los comió el pez más grande, ellos crecen y chingue a su madre como me vaya, pues está chido y si me puedo reproducir, pues qué bueno, y si no pues también, ojalá me cocine en un platillo chingón y llegue al estómago de una chica bien culona para que me cague y me vaya por el drenaje y regrese a donde nací.

     Regreso a los humanos, a nosotros sí nos forma la forma, valga la redundancia, en que crecimos, y me refiero a que si creces con mamá y papá juntos, como te van enseñando a crecer, las formas de ser con la gente, la cultura, ahí entra la cultura, porque a veces si creces con una familia disfuncional y te la pasas yendo de aquí para allá, que con la abuela, con la tía, y tus padres te ven a veces, pues como que ya te estás formado a que esto es normal, y sí, cuántas familias se han formado así y son muy buenas personas los hijos o hijas, pero tienen a veces como que otro click con eso de la “familia”.

     Está la otra forma en donde creces con una familia completa y aprendes de ellos como debe de ser una familia, repito, todas son buenas, pero a veces ahí llega como que el desvío.

     Ahora, qué pasa cuando mezclas a una y a otra, a veces puede ser bueno porque hay un intermedio, algo que media las dos historias y se puede ser algo bueno, y digo algo bueno para la cría, porque están juntos, pero como el agua reclama su terreno, también la cultura reclama, la comuna, y padecer de alguna figura, ya sea materna o paterna.

     Y por eso quiero contar la historia de un niño que pasó por eso, ahora es pintor, pero cuando era niño padeció en un corto momento de su vida de una parte de su familia.

     Ahora viene un cuento de los años en donde existen las brujas y los duendes.

     Cuando cumplió 7 años, al joven príncipe lo separaron de su padre, el gnomo, o duende, depende la cultura, y lo veía unas veces cada 15 días, él no entendía qué pasaba, pero así fue, la bruja, decidió que ya no lo vería cuando este pintor estaba en esa edad en la que estás aprendiendo y enterándote de que el mundo es muy feo, iba con el duende y le decía que lo extrañaba, el joven príncipe supo manejar las cosas y se puso a pensar, visitó a los viejos del pueblo y todos le daban consejos pero no, él lo único que quería era estar con el duende.

     Pasaron muchos años cuando el príncipe ya adolescente había cumplido la mayoría de edad, hizo un cuadro del duende y él mismo, unos meses después fue a presentarlo a la tumba del duende, al cual no pudo ver mucho tiempo, le dijo muchas cosas en el funeral, le bailó y le cantó unas canciones, pero jamás volvió a ver al gnomo, al duende, su padre.

     Tiempo después ese joven príncipe era alguien muy importante y hacía retratos de la grande alcurnia, conoció a una chica y se enamoró.

     Ella vivía con sus dos padres, unas personas muy importantes en el reinado, una chica de gran categoría y abolengo, él era un pintor muy reconocido y decidieron casarse.

     Pasaron los años y lamentablemente, él acostumbrado a vivir, con su madre y no con su padre muerto, siguió esa línea y fracasaron.

     No le dejaban ver a su hijo y así la historia continúa.

     Cuando leí esa historia me acordé de la historia y de mi familia, que está unida, ahora me estoy alistando para ir por mi hijo, estamos en el año 2025, pero recordé mucho esa historia de brujas y duendes, me estaba bañando y se me vino a la mente eso, qué mundo tendríamos o que hubiera pasado si no existieran brujas y duendes, habría más príncipes y menos brujas y duendes.

     Ahora voy a salir a por él, para llevarlo con mi familia y que sepa que es una familia y que no todas las familias tienen brujas y duendes para que él no repita esa mitad que le tocó.

Esto está dedicado a todas esas familias disfuncionales que lastiman a sus hijos, por querer aplicar la ley del más fuerte y querer ser brujas.

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