Estado criminal

Por José María Dregler

Foto: Edgar López (Archivo)

Círculo 1. El Barrio.

Cuando voy llegando a mi casa, a la izquierda veo a un grupo de drogos, que beben alcohol y fuman mariguana. Siempre que llegó trato de evitarlos, porque usualmente me abordan con palabras “muy amables”, aunque pronunciadas de forma amenazadora  y violenta, que les dé para el chesco. Para evitarme problemas, saco una o dos monedas de 10 pesos y se las doy. Esto es una extorsión de casi todos los días.

A la derecha de mi casa, normalmente hay una patrulla estacionada, cuyos uniformados sólo miran a quienes están a la izquierda de mi casa, pero nada hacen. También trato de evitarlos, porque, cuando me abordan, siempre me detienen y algo me inventan: “¿Otra vez andas fumando marihuana en la calle?”, me dicen a mí que nunca he probado esa droga; “¿otra vez andas levantando putas en la calle?, ¿si no quieres tener pedos, saca la lana y vete? Lo cual es mentira. Saco uno o dos billetes de cien pesos y se los doy. Esto también es una extorsión.

Círculo 2. La normalidad.

Exhausto, llegó a casa. Quizá por los drogos o los polis, pero no: soy el dueño de una taquería que ha tenido gran éxito. Sin embargo, en los últimos meses, he vivido el acoso de “un grupo de bienintencionados ciudadanos” que no sólo me pide la cuota mensual para protegerme de los delincuentes que andan asaltando los negocios de los alrededores, sino además, ahora, me estoy enterando, me han enviado a un abogado, quien me entregó una notificación. Las autoridades, dice el papel, no sólo me han quitado los derechos del uso de marca del nombre de mi taqueria, sino además, han ordenado que mi primo tome posesión de mi negocio, el cual me heredó mi padre y mi tío. Esto es una extorsión y un intento de despojo.

Círculo 3. El Infierno.

No puedo dormir. Me acuesto y, en lugar de intentar dormirme, saco mi celular y me pongo a ver el Twitter. Me encuentro con una nota sobre el uso de un sistema denominado Pegasus por parte del gobierno federal. Esta herramienta de espionaje, que si no se usa con una orden judicial es ilegal, es digna no sólo de un régimen autoritario, sino de un gobierno criminal, porque con su uso no sólo está de por medio una democracia muy cuestionada, sino, sobre todo, están de por medio nuestras libertades, nuestro derecho a la intimidad, nuestros derechos humanos.

Dado su nivel de intromisión, este software israelí, que sólo puede venderse a los gobiernos, tiene la capacidad de encender la cámara o el micrófono de forma remota. Como una organización del crimen organizado, el jefe del Estado mexicano puede grabar tus más oscuros secretos, para después, también, buscar extorsionarte.

jmdregler@gmail.com

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