Entrada libre… ha mazos el #19S

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

 

¿Cuánto falta en México para el pleno ejercicio de la democracia?

Desde su prédica del frenesí que nada cambia

(“La modernización es, digamos,

una sociedad computarizada pero inmóvil”),

la clase gobernante desprecia lo que ve o cree ver:

masas ingobernables por irredimibles,

masas indóciles y sumisas,

masas regidas por el complicado matrimonio

entre la obediencia y el relajo.

En el otro extremo, quienes ejercen

La democracia desde abajo y sin pedir permiso,

amplían sus derechos ejerciéndolos.

Carlos Monsiváis (1987)

 

El escritor y filósofo francés Albert Camus, señalaba a propósito de la catástrofe social que implicó la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, la República de Vichy, el colaboracionismo y la resistencia del pueblo galo; que en los momentos de crisis los colectivos tienen la oportunidad de hacer puntos de inflexión, que las terribles experiencias que han experimentado los colectivos sirvan para generar cambios radicales, cambiar todo lo malo, pero también aspirar a un mundo distinto.

Se trata de la reconstrucción del tejido social, por ello se parte del principio de que ese orden social está descompuesto, que lo estaba antes de la terrible crisis, la cual es la manifestación de eso que se experimentó. El 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México experimentó un terremoto que casi la extermina, manzanas enteras desaparecieron, a las 7:19hrs el miedo se apoderó de los habitantes del Distrito Federal, la tierra chilanga crujió.

El 19 de septiembre de 2017, treinta y dos años después la Ciudad de México experimentó de nueva cuenta como edificios enteros desaparecían. Treinta y dos años después, México ha experimentado una terrible tragedia, primero un temblor que dañó a Oaxaca y Chipas, el siete de septiembre. Doce días después Puebla, Morelos, Guerrero y la Ciudad de México confrontan su fragilidad.

Esta catástrofe devela nuestras debilidades y enfermedad. El #19S devela nuestro agotamiento institucional, desde 1985, los mexicanos hemos tenido en la conciencia colectiva la experiencia de la catástrofe. En 1985 implicó un punto de quiebre e impulso para el nacimiento de la sociedad civil, un mexicano que tomaba sus calles, un mexicano que ante la incapacidad y parálisis de sus autoridades salió a rescatar a sus hijos, madres, padres, abuelos, primos, tíos. Salvaron a sus vecinos, se salvaron unos a otros. Un mexicano que en los hechos ejerció sus derechos y generó cambios fundamentales en el tejido social.

32 años después la historia se repite. Las medidas de construcción se volvieron laxas, las autoridades han sido cómplices de constructoras voraces. Las autoridades han sido omisas… y son culpables de las docenas de muertos, han permitido la gentrificación de la Ciudad de México, han permitido que se construyan edificios que no cumplen con la normatividad correspondiente. La administración de Miguel Ángel Mancera deberá ser evaluada y rendir cuentas sobre lo acontecido, sobre el boom inmobiliario.

32 años después las autoridades de protección civil redujeron su actuar en simulacros, es cierto ello ha permitido que los ciudadanos salven sus vidas, que el número de muertos sea, afortunadamente menor, pero su contra cara es la condición en que miles de viviendas se encontraban, de las que no se han hecho responsables. Porque han renunciado a ejercer su papel de Estado.

Los actuales gobernantes administran y roban, pero en los momentos de crisis subyace su incapacidad de dar una respuesta como Estado, quieren administrar la debacle, piden al ciudadano empobrecido que se haga cargo de ello. La solidaridad del mexicano es una característica particular, ayudar al damnificado, sacar a los sobrevivientes, noble tarea del mexicano. Desafortunadamente esa es una tarea del Estado, es él que debe de brindar seguridad al ciudadano, frente a la catástrofe y en momentos “normales”.

México es un país de zona sísmica, educar a las personas para la catástrofe, con simulacros es importante, pero más lo es una transformación de la manera en que se construyen las edificaciones. La ciencia no ha logrado predecir los movimientos telúricos, pero el Estado puede generar condiciones para que frente a la catástrofe las pérdidas humanas sean mínimas. El Estado debe forjar escenarios para que frente a los siniestros las edificaciones no caigan como si fueran de papel.

Es cierto como dice Camus, las crisis son momentos de cambio, para transformar todo aquello que está mal en el espacio colectivo. Por varias décadas el país vive sumido en una crisis económica, confronta una guerra contra el narcotráfico que le ha costado la vida a más de 270 mil mexicanos y a una clase política corrupta que roba sistemáticamente el erario.

Parecía un destino inevitable, escándalo, tras batahola… masacres de inmigrantes, desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, docenas de gobernadores acusados de enriquecimiento ilícito, la Casa Blanca de Peña Nieto, un proceso de pauperización in crescendo, aunado a una desigualdad social ofensiva, desde el sexenio de López Portillo la clase política inició un proceso de decadencia que se expresa en la actualidad, en políticos multimillonarios, fortunas inexplicables e ineficiencia para gobernar.

Esta hecatombe del espacio público mexicano fue acompañada por un ciudadano omiso, que se queja en silencio, que se ha vuelto la concentración de la cólera, un enojo que no le ha permitido transformar el orden existente. La experiencia del #19S puede llevarnos alimentar la esperanza, en Morelos, Chiapas, Oaxaca y la Ciudad de México los ciudadanos han salido a sus calles, han tomado el espacio público, participan activamente en salvar a los sobrevivientes, mueven escombros, con mazos y picos abren huecos en la loza del inmovilismo, cada hoyo rompe la costra apolítica.

Hoy la autoridad insiste en regresar a la “normalidad”, le urge meter trascabos, barrer escombros, dejar los muertos atrás, como en 1985 la autoridad quiere normalidad. ¿Pero es posible regresar al viejo orden?… puede haber normalidad después de las decenas de muertos, ¿los mexicanos queremos regresar a la miseria en la que vivimos? Nuestra existencia era frágil, pendía de un equilibrio que nos permitía sobrevivir Nuestros hogares han caído, nuestros negocios también… vivíamos una miseria que el temblor extrapoló, develó nuestra verdadera condición. No hay normalidad posible, porque lo anormal de lo normal no debe ser la alternativa.

Millones de jóvenes están ejerciendo su ciudadanía, ha mazazos abren la puerta al cambio político, ha mazazos dan al espacio la Entrada libre de una transformación democrática del país.

Las crisis sacan a relucir las debilidades y decadencia de los colectivos. El #19S devela nuestra fragilidad humana, pero también la descomposición del espacio público mexicano, de las centenas de muertos son responsables las autoridades locales, estatales y federales. El #19S puede ser la posibilidad que la sociedad civil renazca del ensueño en que se encuentra.

Estamos en un punto de inflexión, sabemos de nuestra fragilidad, pero también los millones de jóvenes son conscientes de su posibilidad, esa posibilidad debe ser compartida y ejercida por los millones de mexicanos. Las redes sociales, el espacio público demanda, hemos salido a la calle, tenemos la entrada libre… quedémonos en ella.

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