Elementos para entender el cretinismo falaz de López Obrador

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

En la inercia de la histórica lucha de clases, toda conquista social, y particularmente toda conquista obrera, aun de naturaleza medianamente favorable, porque dentro de las cotas capitalistas la balanza siempre será tendientemente desfavorable para la clase trabajadora, es importante anotar y reflexionar a profundidad las implicaciones totales de algo así, siendo siempre necesario apuntar que un mediano bienestar obrero en un esquema de explotación de clase nunca debe ser el último objetivo de la clase dominada.

    Y es que la obtención de conquistas obreras en los márgenes de conciliación con el capital no debe ser el paso final de un movimiento de transformación popular, y es que se asume que el objetivo radical profundo DEBE SER la organización obrera con miras a la derrota del sistema económico, y en torno a ello, la derrota de sus valores, sus instituciones, sus programaciones culturales, sus retóricas, sus inercias, sus teorías sociales, sus líneas reformistas, sus conceptos y definiciones y, sobre todo, su modelo de organización social tan dañino para la integridad de la humanidad y la naturaleza.

    La reflexión que se presenta es una crítica radical al discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador, argumentando centralmente que con este discurso no fomenta la organización radical de la clase trabajadora para derrocar desde abajo el sistema económico dominante por parte del capital, sino que promueve una retórica reformista y conciliadora con el capital, con los valores progresistas de la izquierda socialdemócrata, con los recursos ideológicos de los esquemas progresistas de los intelectuales pertenecientes a la socialdemocracia internacional, con las mal llamadas virtudes de la retórica progresista y de mejora material, circunscritos en los esquemas de explotación capitalista que perpetúa la explotación laboral y que mantiene la vitalidad del capitalismo como modo de producción.

    Es por eso que en este espacio se asume que la retórica de la socialdemocracia es la más frívola y mentirosa que existe en el espectro de la política burguesa.

    Se sugiere que, en lugar de abogar por un cambio radical del sistema económico, López Obrador busca reformar y supuestamente mejorar el actual con la continuidad de los poderes económicos capitalistas, lo que garantiza mantener las estructuras de poder y explotación existentes. 

    No existe un llamado a la clase trabajadora para oponerse a las reglas del capital, sino para reorientar el cauce de la permanente sumisión al capital, a pesar de ese disfraz retórico en cosas que no resuelven de raíz las perversidades del capital, como el tema del Plan C, de la reforma al Poder Judicial, o cosas así por el estilo.

    Esta crítica implica que su enfoque es demasiado moderado, conciliador, reformista, con algunos matices de aromas populares y amor de pueblo que construyen un efecto de calentura en las masas, pero que no desafía el sistema capitalista en lo absoluto, y no aborda las raíces profundas de la desigualdad y la explotación, que son absolutamente responsabilidad del sistema económico.

    Algunos pueden argumentar que su enfoque reformista es un paso necesario para lograr cambios graduales y sostenibles en el sistema, pero la verdad es que López Obrador sigue reconociendo los triunfos que el capital tiene en su administración, sigue honrando a los empresarios que cumplen a cabalidad el paquete de obligaciones fiscales y sigue promoviendo los circuitos de inversión de capital con obras y modelos de supuesto desarrollo que enaltecen el intercambio comercial desigual, la explotación obrera y la explotación profunda de los recursos naturales, es decir, hablamos de un actuar totalmente capitalista con un colorido relativamente regulacionista con ciertos ecos de mito popular.

    Sin embargo, la reflexión planteada invita a considerar la posibilidad de que se necesiten ideas, organizaciones y cambios más profundos y radicales para abordar la verdadera génesis de las injusticias y la explotación en el sistema económico actual, que son los verdaderos causantes de toda la desgracia colectiva.

    Hoy en día, el presidente Andrés Manuel López Obrador cuenta con un apoyo significativo de influencers y youtubers a modo, de propagandistas muy en el estilo del PRI post revolucionario, que reciben línea del gobierno de López Obrador para polemizar o supuestamente argumentar de las hazañas del actual régimen, en un modo de cabal obediencia a la línea oficialista, lo que refleja un cambio en la forma en que se consume y se difunde la información, dejando a un lado a la vieja televisión o los medios de periódico convencional.

    Las plataformas digitales y las redes sociales han adquirido un papel más importante que los periódicos y la televisión convencional en la formación de la opinión pública, y eso lo aprovecha la cuarta transformación para cristalizar su discurso relativamente mentiroso.

    Este fenómeno es resultado de la evolución de los medios de comunicación y el cambio en los hábitos de consumo de la información, algo a lo que irónicamente este régimen mexicano llama como la evolución de las “benditas redes sociales”.

    Las redes sociales y las plataformas digitales ofrecen una mayor inmediatez, interactividad y diversidad de contenidos, lo que las hace más atractivas para muchos usuarios, y eso lo aprovechan los mercaderes de la información que hoy trabajan a consigna de la cuarta transformación mexicana.

    El apoyo de influencers y youtubers a López Obrador es un ejemplo de cómo las figuras públicas pueden utilizar estas plataformas para conectarse directamente con su audiencia y promover sus ideas y políticas imponiendo una línea que no es reflexiva, sino de promoción y de propaganda, muy típicos del Estado burgués. Las formas no cambian en el capitalismo.

    Esto ha permitido al presidente ampliar su alcance y llegar a sectores de la población que quizás no estaban siendo alcanzados por los medios tradicionales, y a los cuales ha sido fácil doblegar en su espíritu crítico y reflexivo, de sumisión a las leyes del capital.

    Un proyecto político que no cuestiona ni busca derrocar el trabajo explotado y el sistema económico de búsqueda de beneficios particulares no puede ser considerado transformador, es tan solo mediador, reformista. La explotación laboral y la búsqueda de ganancias a cualquier costo son pilares fundamentales del sistema capitalista, que perpetúan la desigualdad y la injusticia social, y que imponen las reglas de la desgracia colectiva en su totalidad.

    Un proyecto político que se limita sólo a reformar o mejorar el sistema existente sin cuestionar sus fundamentos vitales deja en claro que no aborda las raíces profundas de la problemática social y económica. Por lo tanto, no puede lograr cambios significativos y duraderos, y eso los últimos años de la convulsión política de Sudamérica lo ha dejado en claro.    La transformación social y económica requiere un enfoque radical que desafíe las estructuras de poder y los intereses establecidos en torno al capital. Esto implica cuestionar la propiedad privada de los medios de producción y la acumulación de riqueza, con miras al beneficio privado.

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