El todopoderoso dinero

Por Antonio Rosales

El dinero es una nueva forma de esclavitud,

que solamente se distingue de la antigua

por el hecho de que es impersonal, de que no existe

una relación humana entre amo y esclavo

León Tolstói

No hay naciones. No hay pueblos.

Solo existe un sistema de sistemas holístico,

un vasto e inmanente, entrelazado,

interactivo, multi-variable, multinacional dominio(…)

¡Es el sistema internacional de divisas

lo que determina la totalidad de la vida

en este planeta.

Ese es el orden natural de las cosas hoy en día.

Esa es la estructura atómica,

sub-atómica y galáctica de las cosas hoy en día!

(…) El mundo es un negocio

Lumet, S. (Director). 1976. Network (película). Estados Unidos: Metro-Goldwyn-Mayer.

En todo Occidente y parte de Oriente, las religiones han perdido poder como gran instrumento de control masivo.  

Los pilares que sostenían el catolicismo culpabilizador y culpígeno, el protestantismo conservador, el islam, el judaísmo, y la mayoría de las creencias monoteístas y politeístas, continúan colapsando ante un viejo credo del que poco se habla a pesar de estar tan presente en nuestras vidas.  

Incluso ha sido ese culto, su práctica creciente y descarada en algunos líderes religiosos, el que ha alejado a muchos fieles del credo institucionalizado. 

Ese culto hecho fanatismo y práctica cotidiana es, en parte, el que lleva a gobernantes y funcionarios de todo el mundo a desviar cantidades multimillonarias del presupuesto que construimos con nuestros impuestos.  

Presos de ese fanatismo por su Dios dinero, la gran mayoría de políticos -de todos colores- casi siempre están dispuestos a darle una puñalada a ese electorado que se encuentra en la base del sistema piramidal y sin cuyo trabajo, se derrumbaría este mundo de explotación, mentira y falsa prosperidad.  

Ese culto al dinero es el que lleva a un psicópata a pisar a la gente, con la ilusa esperanza de ascender sin darse cuenta que, en realidad, desciende. Ese culto es el que procrea y acompaña el clasismo, el racismo, la pigmentocracia y el aspectismo imperantes de nuestra era. 

El dinero como idea omnímoda de Dios en sus diferentes presentaciones (pesos, dólares, euros, yuanes, libras, criptomonedas, etc) y en sus rituales derivados (el mercantilismo, el liberalismo, el neoliberalismo, el capitalismo, etc). 

El dinero como eje, centro, base, raíz, trasfondo, columna vertebral, pilar, motor y combustible. De la Historia, la política, la propaganda, las leyes, la línea editorial de la gran mayoría de los medios de comunicación, de la lucha por la supervivencia.  

El dinero y sus templos, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco de Pagos Internacionales, el Banco Mundial, la Reserva Federal, los bancos centrales de cada país, las casas de bolsa y cualquier institución bancaria o financiera, grande o chica. El dinero y sus ministros de culto: Dueños de la banca, fondos de inversión, así como sus empleados grandes y pequeños, propagandistas y especuladores encantadores de serpientes. 

Por dinero o presiones relacionadas con el mismo, la mayoría de los políticos del mundo olvidan sus ideologías y promesas de campaña, traicionan su discurso, cambian de opinión repentinamente, se contradicen, y traicionan a su pueblo o se traicionan entre sí.  

Incluso los partidos y los sistemas electorales suelen estar capturados por grandes capitales, y casi siempre hay un compañero importante tras el triunfo de una elección interna, local o federal: El dinero.  

No necesariamente mediante operaciones obvias y rupestres como sobornos y compras de votos. Basta con hacer acuerdos o asociarse con la banca o las empresas trasnacionales, y estos acuerdos -no necesariamente ilegales, pero muchas veces inmorales o antiéticos- se convierten en el impulso para inflar una carrera política, en el determinante para ganar elecciones.  

Sin embargo, el político ganador tendrá que devolver el favor a los oligarcas, con cargo al erario a través de contratos, créditos o cerrando los ojos ante la evasión de impuestos. Es decir, nuevamente: Dinero. Ocurrió, ocurre y siempre ha ocurrido en el capitalismo.  

Por dinero, aceptamos outsourcing, salarios bajos, abusos de nuestros derechos en el empleo, explotación laboral. Por dinero, invertimos tiempo en nuestro trabajo. Por dinero, muchos traicionan su vocación, valores o ideales.  

Por dinero, existe la criminalidad y delincuencia organizada: tráfico de personas, narcotráfico, secuestro, sicariato, robo, fraude…  

Por dinero, invasiones, guerras, espionaje y contraespionaje existen desde tiempos remotos.  

Mientras la mayoría del proletariado es entregado (literal y totalmente; metafórica o parcialmente) al combate, sangre, dolor, tortura, odio, manipulación y empobrecimiento, quienes crean, deciden y financian las guerras se llenan de dinero y poder, pero antes de que haya ganadores, como en el ajedrez y en las grandes crisis económicas, los dueños del juego sacrifican a todos sus peones; los que no sean multimillonarios, generalmente nunca ganan.  

Finalmente, el dinero es símbolo de poder y toda guerra es lucha de dominio y poder entre diferentes facciones de oligarquías nacionales e internacionales.  

¿Qué le ocurre a una civilización que se ha abaratado, en aras de algo que solo debería ser un medio y no un fin? ¿Por qué nadie intenta romper ese culto silencioso, que puede terminar en quiebra de empresas y países, ludopatías, desahucios, esclavitud, tiranías, suicidios y prostitución no siempre sexual, pero si psicológica, laboral y ética?  

¿No podría decirse que vivimos un imperio de ilusiones, basado en deuda, en generaciones enteras hipotecadas desde antes de nacer, en dinero fiat que en cualquier momento se puede derrumbar? ¿Por qué aceptamos un sistema donde siempre las mayorías acaban pagando fraudes, excesos y apuestas de unos pocos?  

¿El dinero es necesario e inevitable para la convivencia humana, o por el contrario ha sido una herramienta que ha contribuido a la deshumanización? ¿Podría despojarse al dinero de su lado nocivo, si viviéramos en un sistema económico completamente diferente al capitalismo del que hoy somos presos, o el lado oscuro del dinero está por encima de cualquier sistema económico en que se desenvuelva? ¿Existen alternativas?  

Precisión: El fin del dinero físico, que los amos del poder han pedido y deseado hace años y cuyos procesos de exterminio parecen acelerarse con la digitalización cuasi total de la actividad económica que ha caracterizado la crisis económica y sanitaria mundial actual, no es ni mucho menos la llegada a un paraíso. Por el contrario, el fin del dinero físico solo será el reforzamiento y la maximización del capitalismo de vigilancia (Shoshana Zuboff dixit) que hace tiempo comenzó.  

Este capitalismo de vigilancia nos dejaría sin salida ante su engaño doble, de acuerdo al ensayista bielorruso, Evgeny Morozov, en su texto Los nuevos ropajes del capitalismo: Entregamos nuestros datos por servicios triviales y a la vez, esos datos son utilizados para personalizar y estructura un sistema poco transparente.  

¿Qué pasaría con la dependencia absoluta de un dinero totalmente digital? Quizás valdría la pena añadir al análisis, lo revelado por Edward Snowden y Julian Assange, últimamente tan olvidados…  

En uno de sus textos el filósofo judío alemán Walter Benjamin señaló al capitalismo como un fenómeno esencialmente religioso, y habría que revisar cuantos paralelismos guarda con su fiel compañero, el culto al dinero per se.  

Benjamin llama al capitalismo una religión, «quizás la más extrema que haya existido», que exige un culto permanente y culpabilizante.  

Ahonda Benjamin: «En esto, este sistema religioso se precipita en un movimiento colosal. Una conciencia monstruosamente culpable que no sabe expiarse se apodera del culto no para expiar en él esta culpa sino para hacerla universal, para hacerla entrar por la fuerza en la conciencia y, finalmente y sobre todo, para implicar a Dios en esta culpabilidad a fin de que él mismo tenga, finalmente, interés en la expiación».  

De acuerdo al filósofo, la esencia misma del capitalismo yacería en la culpabilización de Dios, en vivir la desesperanza y destrucción como parte de ese culto. ¿Qué parecido encuentra con el culto al dinero?  

Benjamin enfoca su análisis en la relación del capitalismo con el cristianismo y Occidente, llamando a su sistema económico «un parásito en el cristianismo» y a las preocupaciones, tan comunes en su época y la nuestra, «una enfermedad del espíritu propia de la época capitalista» que «nacen por el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino comunitaria».   

En estos tiempos que quizás son el preludio de una crisis global peor que la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado, en el que el desempleo y la precarización de las condiciones de vida han crecido a pasos agigantados, en el que la pandemia y los constantes cierres de actividades económicas en la mayoría de los países, han orillado al crecimiento de una jabonosa burbuja de la deuda mundial, que en cualquier momento puede reventar; y considerando que la mayoría de los gobiernos del mundo consultarán y privilegiarán a los oligarcas y no a las masas que padecen directamente (padecemos) las quiebras en caso de crisis total, sería bueno – por no decir urgente- al menos comenzar a reflexionar el papel del capitalismo y del concepto dinero, hacia dónde vamos y cómo lo solucionaremos.  

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