El Estado liberal no le sirve al trabajador de a pie

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Existen un sinfín de teorías y de argumentos de orden intelectual e ideológico que suscriben desde el plano sociológico, antropológico, filosófico, cultural y social la vigencia y la necesidad de que exista el Estado, líderes políticos, instituciones y todo lo que trae esto implícito.

Seguramente desde la comprensión racional y desde la valoración intelectual suscribir la existencia del Estado está bien justificado en términos generales, no debe de haber, o no debiera, ninguna discusión que cuestione este hecho concreto.

Sin embargo, cuando se miran las condiciones preexistentes de la organización social propia del sistema económico capitalista, es evidente que el Estado no solo actúa como un mediador de la lucha de clases que se desenvuelve entre los propietarios de los medios de producción y aquellos que venden su fuerza de trabajo al sistema económico, sino que de forma prioritaria y obligada, el Estado siempre abogará por las necesidades más sustanciales que, en el momento presente, el capitalismo como sistema dominante demande.

El Estado, luego entonces, al siempre estar atento de las necesidades que el sistema capitalista demanda en cuanto al funcionamiento de la sociedad para hacer prevalecer la lógica de utilidades y los criterios de explotación, se vuelve el socio estratégico más importante del capitalismo en general a nivel planetario.

Porque al final de cuentas el ánimo de negocio o de lucro y la necesidad de hacer prevalecer las condiciones de explotación serán siempre las reglas generales que el Estado protegerá para que el sistema económico dominante funcione.

Luego entonces, las posibilidades de asociación reivindicativa del proletariado internacional adquieren bloqueos muy contundentes teniendo como adversario cabal al Estado, y al paralelo un sistema de valores y condicionantes culturales que detienen sus posibilidades de conciencia de clase y de organización política.

Es así como el Estado pasa a ser un adversario más del proletariado porque el Estado refleja y reflejará siempre su disposición a detener y a contener cualquier aceleración subversiva de la clase trabajadora, y así pues, fungir como un brazo armado, reglamentario e institucional del sistema económico dominante.

El asalariado internacional no debe caer en la trampa de dejarse llevar por los eufemismos y la retórica seductora de la política liberal más cercana a la socialdemocracia o a la izquierda burguesa, pues es más de lo mismo.

En todo caso cambian las pertenencias a diversos grupos de poder económico, pero el actuar del Estado liberal será siempre el mismo, contrario a los intereses libertarios del trabajador internacional.

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