Por Víctor Hugo Aquino Illescas*
TULA DE ALLENDE, Hidalgo.- En la ribera de la presa Endhó, los lirios acuáticos flotan como un recordatorio silencioso de la ineficiencia de los programas de restauración ecológica aplicados previamente.
Las aguas servidas, contaminadas con residuos industriales, domésticos y petroquímicos, se han convertido en un caldo de cultivo para el mosco culex –presente en todo el mundo, excepto la Antártida; mosco común que suele picar al amanecer, al anochecer y durante la noche–, mientras la eutrofización –proliferación descontrolada de algas y microorganismos que agotan el oxígeno del agua– avanza sin que las soluciones gubernamentales respondan a la urgencia de los residentes por esta situación apremiante.
En los primeros meses de 2026 se han instalado mesas de trabajo con la intención de informar a los habitantes de los pueblos ribereños de Pedro María Anaya, Santa Ana Ahuehuepan, Colonia Benito Juárez, San Francisco Bojay Colonia, El Retiro, San Francisco Bojay Pueblo, Xiteje de Zapata, San Juan Michimaloya, Santa María Michimaltongo, San Miguel de las Piedras, Xijay de Cuauhtémoc, Santa María Daxtho, San Pedro Nextlalpan y La Loma sobre el Proyecto de Programa de Restauración Ecológica del área de influencia de la presa Endhó.
Participan representantes de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), de la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), así como observadores de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH) y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI).
Sin embargo, directivos de dependencias clave como la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y Petróleos Mexicanos (Pemex) brillan por su ausencia, provocando inconformidad entre los habitantes afectados por la contaminación persistente.
“Nuestros niños se enferman, nuestros animales de traspatio y de ganado sufren los embates de las nubes de enjambre y nadie hace nada. Queremos que se erradique el lirio y el mosco culex ahora, no dentro del próximo mes”, denuncian habitantes de San Pedro Nextlalpan durante la asamblea que sostuvieron con representantes de las dependencias gubernamentales.
Vacíos en la gobernanza ambiental
La Semarnat publicó el día 18 de mayo de 2026 en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el Programa Nacional de Remediación de Sitios Contaminados 2026-2030 (PNRSC 2026-2030), días después de las reuniones con las comunidades ribereñas de la Presa Endhó.
Este instrumento establece las acciones, estrategias y metas para fortalecer la atención de sitios contaminados en el país, así como avanzar en su remediación y garantizar el derecho de las personas a un medio ambiente sano.

Imagen satelital Sentinel 2A de marzo de 2026 que evidencia la expansión del lirio acuático en las casi mil 260 ha que abarca el embalse Endhó en los municipios de Tepetitlán y Tula de Allende, Estado de Hidalgo.
Coordinado por la Dirección General de Gestión Integral de Materiales y Actividades Riesgosas (DGGIMAR), el programa busca actualizar el Inventario Nacional de Sitios Contaminados, el impulso a acciones de intervención y remediación en sitios prioritarios y una coordinación permanente con las dependencias del sector ambiental, como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), la Conagua, el INECC y la ASEA, que vincula a autoridades de los tres niveles de gobierno, tanto a nivel federal, estatal y municipal.
Uno de los mil 114 sitios contaminados reconocidos por la Semarnat en el país apunta a la cuenca del río Tula.
Por su parte, el Proyecto de Programa de Restauración Ecológica del área de influencia de la Presa Endhó, actualmente en construcción, del cual se desprende su lema de iniciativa “un respiro para nuestras comunidades”, contempla acciones en los subprogramas de agua, suelo, aire, forestal y biodiversidad.
Entre ellas destacan la modernización y ampliación de la capacidad de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Atotonilco; la rehabilitación de plantas potabilizadoras municipales; la aplicación de un programa de fumigación; monitoreo de la calidad del aire, actualización de la normatividad para la reducción de las emisiones de contaminantes, lo que incluye inspecciones periódicas a industrias contaminantes; reforestación y manejo responsable de especies nativas; el establecimiento de acciones de restauración de suelo, entre otros.
Sin embargo, los representantes de las comunidades y activistas del Movimiento Social de la Tierra señalan que el gasto económico proyectado para estos subprogramas no se traduciría en resultados tangibles: el lirio acuático sigue proliferando, a pesar de previas e insuficientes campañas de fumigación y trituración, los mosquitos afectan la salud y las aguas residuales –provenientes más allá de la cuenca del río Tula– continúan vertiéndose en la presa; la descomposición de materia orgánica y su mezcla con desechos industriales causan la liberación de gases tóxicos, malolientes, asfixiantes, cual hedor permanente por el estancamiento de aguas residuales es perceptible a varios kilómetros.
Con una superficie total del embalse de mil 260 ha., una capacidad máxima de almacenamiento de 182 millones de m³ y una ubicación geográfica entre los municipios hidalguenses de Tepetitlán y Tula de Allende, el caso de la Presa Endhó es un ejemplo de cómo un proyecto ambiental puede convertirse en un “simulacro” de restauración, donde la burocracia y la dispersión de responsabilidades generan retrasos en medidas urgentes como la trituración del lirio acuático, la fumigación del mosco culex, el saneamiento de la cuenca del río Tula, el monitoreo, control y reducción de humos, gases y partículas contaminantes liberadas en el aire, y el suministro de agua potable segura para los habitantes de la zona.
Esta situación ha orillado a que las comunidades ribereñas se manifiesten, de manera frecuente, frente a las sedes de la Conagua y la Secretaría de Salud (SSA) en la Ciudad de México.
Voces de la comunidad y expertos
Habitantes de San Pedro Nextlalpan insisten en que la calidad del agua de algunos de sus pozos, como el del Torreón, no cumple con los estándares sanitarios regulados por la norma NOM-127-SSA1-2021 –agua potable cristalina, inodora, insípida y microbiológicamente segura– a causa de la filtración histórica de las aguas contaminadas del subsuelo de la Presa Endhó, que en 1947 inicia su construcción, vía la reubicación planificada de residentes de los pueblos hacia tierras más altas, y desde 1970 comienza a recibir descargas masivas de aguas residuales provenientes de la ciudad de México y el Estado de México, por lo que responsabilizan a gobiernos locales y federales por el vertido inconsciente de aguas residuales.
Aún persiste en su imaginario que durante las primeras décadas de operación, el embalse almacenaba agua limpia, favoreciendo en gran medida actividades turísticas y de pesca comercial.
Conscientes de esta situación, reclaman la presencia de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) y la Conagua para elaborar un plan hídrico integral, así como la intervención de la CFE y de PEMEX para sancionar la contaminación industrial que padecen y que lamentablemente han normalizado como parte de su vida cotidiana.

Foto: Víctor Hugo Aquino Illescas
Expertos en restauración acuática advierten que la eutrofización y proliferación del lirio acuático comprometen la biodiversidad y generan un riesgo sanitario real, vinculado a enfermedades transmitidas por mosquitos y exposición a aguas contaminadas.
La participación activa de la comunidad no solo es un derecho, sino una condición necesaria para que cualquier restauración ecológica tenga eficacia y justicia social y se cumpla con los artículos 1º. y 4º. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece que “toda persona tiene derecho a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar, por lo que es el Estado el que debe garantizar el respecto a este derecho”.
En consecuencia, “sin la comunidad, los programas de restauración se convierten en actos de simulación. La verdadera restauración requiere corresponsabilidad y participación desde la planeación hasta la ejecución”, señalan investigaciones del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).
Ineficiencia y urgencia
A pesar de la presentación de acciones a corto, mediano y largo plazo, los habitantes de las comunidades ribereñas recuerdan que los compromisos aún no se materializan en resultados concretos.
El proyecto del programa de restauración ecológica contempla medidas emergentes, pero la falta de coordinación interinstitucional retrasa su aplicación efectiva.
El lirio acuático sigue cubriendo la superficie de la presa casi en su totalidad y los mosquitos culex –vector capaz de transmitir patógenos como virus y parásitos– continúan reproduciéndose sobre él y propagando enfermedades, evidenciando que el gasto económico no es sinónimo de éxito ecológico, porque el dinero no repara de la noche a la mañana el daño ambiental que ha persistido desde que se construyó el emisor central del drenaje de la ciudad de México en 1973, por lo que sus aguas residuales se canalizan a la Presa Endhó, dando como resultado que las comunidades aledañas la cataloguen como un fosa séptica, una cloaca inmensa de depósito final de todas las aguas residuales y basura del Valle de México y de metales pesados como plomo, mercurio y arsénico provenientes de la Refinería Miguel Hidalgo (Pemex) y la Central Termoeléctrica Francisco Pérez Ríos (CFE) en Tula de Allende, Hidalgo.
Hacia una restauración justa y participativa
La experiencia de la Presa Endhó revela que la restauración ecológica no puede limitarse a consultas informativas; debe transformarse en un modelo participativo, donde la comunidad tenga voz y voto en decisiones sobre su territorio y recursos.
La urgencia de intervenir en el embalse, controlar vectores de enfermedades, garantizar el suministro de agua potable de calidad para consumo humano y para actividades agropecuarias demuestra que la restauración ecológica es también un acto de justicia social.
Los habitantes de los pueblos y comunidades contiguas a la presa exigen que se mantenga abierta la etapa informativa, incorporando a todas las dependencias de gobierno, sean municipales, estatales y/o federales, y que la autoridad responsable de informar acerca del programa de restauración, la Semarnat, coordine acciones efectivas con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), institución federal responsable de la administración y preservación de la Presa Endhó, de acuerdo con la Ley de Aguas Nacionales, para que se garanticen los plazos claros y participación comunitaria real.
“No queremos solo un programa en papel. Queremos soluciones que nos protejan y nos devuelvan la presa que en su momento nos trajo progreso económico y una mejor calidad de vida”, concluyó un representante comunitario.
En síntesis, la presa Endhó agoniza entre la burocracia y la contaminación, pero las comunidades ribereñas siguen firmes en su petición.
Basta recordar el reclamo histórico por la reubicación de residentes que sufrió el pueblo de San Pedro Nextlalpan por la construcción del megaproyecto hídrico del embalse en el gobierno de Miguel Alemán (1947-1953) y su nula reparación del daño presente aún en la memoria colectiva de sus habitantes, por lo que la restauración total de la Presa Endhó solo será verdadera si los residentes de los pueblos y localidades afectados participan activamente y la justicia social se hace acompañar de una reparación integral del daño ambiental que les garantice una mejor calidad de vida.
*Profesor investigador de la UAM unidad Iztapalapa.
vhugoaillescas@xanum.uam.mx