Doña Minerva, la michoacana que no olvida la historia del PRD

Por Rivelino Rueda

Fotos: Eladio Ortiz

15 de enero de 2017.-Minerva dibuja primero una sonrisa sarcástica en su rostro curtido por el tiempo y la memoria, pero luego suelta una abierta carcajada ante lo que escucha: “¡En serio que estos cabrones no tienen madre!”

Señala a la plataforma amarilla que descansa impasible a los pies de la cúpula de cobre del Monumento a la Revolución y no se cansa de reír y de recordar la historia reciente de los que, allá arriba, se dicen opositores al “gasolinazo”.

“¡Un poquito de memoria cabrones!” “¡Un poquito de vergüenza!”, lanza Minerva en un sonsonete michoacano, ese de donde surgió la semilla del cardenismo y del perredismo.

Doña Minerva parece un roble a pesar de sus 67 años y tiene la memoria muy fresca. No se le escapa nada: la gubernatura de Cuauhtémoc Cárdenas, todavía como militante del PRI, de 1980 a 1986; la expulsión del ingeniero del partido hegemónico y la formación de la Corriente Democrática en 1987… La formación del Frente Democrático Nacional (FDN) en 1988 y las luchas antes y después de los comicios de ese año… “Los compañeros muertos en el salinismo y el zedillismo”.

Rondaba entonces los cuarenta y dice que contribuyó desde su trinchera, en Uruapan, para la construcción de un partido que “en aquellos años dio mucha esperanza”.

“¡Véalos ahora a los cabrones!” “¡En sus pinches camionetotas diciendo que se oponen a algo que ellos aprobaron o, al menos, fueron cómplices!” “¿¡Se les olvida el Pacto por México a los pendejos o qué les pasa!?”

Minerva comenta que trabaja en una dependencia del gobierno de Michoacán y que, “al puro estilo del PRI, el pendejo de Silvano Aureoles nos obligó a venir bajo amenazas de descuentos de días de trabajo, de sanciones económicas, de despidos”.

Acomoda la larga trenza de un negro intenso a un lado de su hombro derecho. No pierde el hilo del discurso de los dirigentes perredistas y de plano le sale una mentada de madre cuando la presidenta nacional de ese partido, Alejandra Barrales, señala: “Tenemos que obligar a este gobierno a dar marcha atrás. Claro que podemos hacerlo. El gobierno está para servirle a la gente y la gente dice ¡ya basta!”

Mueve la cabeza en signo de desaprobación e insiste: “¡No tienen madre!” “¡No tienen memoria cabrones!” “¡No tienen vergüenza!”

Nadie la encara. Nadie sale en defensa del PRD o de sus dirigentes. Los que están cerca de Doña Minerva también se ríen e incluso la animan para seguir con su arenga.

Tiene memoria, mucha memoria, y la tiene muy fresca. “¿Qué a poco no fue el briago ese de (Carlos) Navarrete el que dijo que la salida de Cárdenas era como la de cualquier militante perredista?” “¿Qué a poco no fue el otro teporocho de (Jesús) Zambrano el que firmó el Pacto por México y dijo que lo volvería a firmar?”

Doña Minerva sólo hace una pausa para dar un largo trago a su botella de agua. Los banderines amarillos se observan en toda la explanada del Monumento a la Revolución y a lo largo de la Avenida Plaza de la República. Luego llega de nuevo el grito profundo de la michoacana: “¿Y qué tal el otro cabrón, el Chucho mayor que le dicen?”

Se refiere a Jesús Ortega, presidente del PRD de 2008 a 2011. “¡Ese gran malandrín que se robó la presidencia del partido nada más para hacerlo mierda!”

Y pregunta con tono firme, ya sin poner atención en lo que dice Barrales: “¿Qué no fueron ellos los que pusieron a (José Luis) Abarca en Iguala?” “¿Qué no son esos cabrones los que protegieron y protegen a (Ángel Heladio) Aguirre?” “¿Qué no también son corresponsables por la desaparición de los 43?” “¿Qué no aprobaron la reforma fiscal de (Enrique) Peña Nieto y le hicieron el juego al gobierno en la reforma energética?”

El sol es abrazante y Doña Minerva suda a chorros. No le importa. Ya es la parte final del mitin y lo único que quiere es regresar a Michoacán. Comenta en corto: “La peor chingadera es que tengo que buscar a mis compañeros, pasar lista y caminar hasta el autobús… Lo dejaron por allá hasta Bellas Artes… Y ahí también están los que mandó Graco (Ramírez) y el otro lamebotas de (Arturo) Núñez”.

Ya no aguanta el ritmo del cierre del mensaje de la dirigente perredista. Ya sólo escucha. Y de nuevo la sonrisa sarcástica y la carcajada cuando escucha las últimas palabras de la exlideresa de las azafatas:

“Para todos aquellos que presagiaban que el PRD estaba muerto, que el PRD desaparecía, les hacemos un llamado a que nos cuenten mejor, 70 mil perredistas aquí en el Monumento a la Revolución. Porque volvimos a salir. Porque regresamos a las calles. Porque vamos a regresar a ser el partido que defiende las causas de la gente”.

“¡Pues cómo no!”, lanza Doña Minerva con nuevos bríos… “¡Con tortas, pase de lista y acarreos cómo no!” “¡No tienen madre!” “¡No tienen vergüenza!” “¡No tienen memoria cabrones!”

Se despide, da media vuelta e intenta comunicarse con alguno de sus compañeros por el teléfono celular… Como si olvidara algo, regresa a su posición inicial y lanza: “¡Pero eso sí, se van a aliar con el PAN en el 2018 cabrones!”

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