El derecho al llanto… el centenario de la Revolución Rusa

Texto y fotos:  Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

En memoria de Jeannine Kibalchich

(Mi madre adoptiva)

 

… Nunca acaba uno de vivir

y todos los días se es el mismo

vana, vana, vana pena.

Victor Serge

C’est la vie comme une maladie:

Traitement par le fer rouge,

—mais onlui préfere les poisons.

Victor Serge

El caos

 

En octubre-noviembre de 1917, los revolucionarios bolcheviques liderados por Lenin y Leon Trotsky encabezaron el mayor movimiento revolucionario de la historia mundial reciente. Sin embargo, la revolución de octubre sufrió un quiebre, un cambio radical, abandonó sus posiciones humanistas mostrando su cara autoritaria, cerrándole el camino a la Utopía, a la sonrisa, pero fundamentalmente al llanto.

¡Ciudadano, camarada… está prohibido reírse! ¡Ciudadano, camarada… está prohibido llorar! ¡Ciudadano, camarada… está prohibido pensar! ¡Ciudadano, camarada… está prohibido imaginar! ¡Ciudadano, camarada… está prohibido! La media noche en el siglo se apoderaba de los Diez días que estremecieron el mundo.

En sus Memorias. De mundos desaparecidos (1901-1941), Victor Serge, apunta que a los ojos de la vanguardia revolucionaria (Lenin, Bujarin y Trotsky), el pensamiento bolchevique procedía de la posesión de la verdad… la dialéctica materialista es al mismo tiempo la ley del pensamiento humano y la del desarrollo de la naturaleza y de las sociedades. Una verdad… un mundo ideológicamente cerrado, bajo la óptica de un monismo, que se antepone como verdad suprema, como principio rector.

Es fascinante revisar la obra de Serge, ver sus transformaciones, atender la ruptura del escritor con el totalitarismo soviético. En Treinta años después de la revolución rusa (páginas inéditas) damos constancia de un socialista, Serge humanista, que va con la revolución, que llega incluso a justificar la dictadura del proletariado, su necesidad histórica ante los embates contrarrevolucionarios. Afirma continuar la revolución resultó cien veces más difícil de lo que costó tomar el poder.

Serge es el fiel testigo de lo que allí aconteció, del abandono de la revolución mundial a la revolución socialista real. Serge critica la idea de la revolución mundial… Serge observa como Lenin, en el III Congreso de la Internacional Comunista, inicia los giros que llevaran al stalinismo. Serge da cuenta que la grandeza de la revolución rusa descansaba en comprender como una abdicación del derecho a pensar. Sí los comunistas renunciaron a pensar, porque ello significaba ser contrarrevolucionario. La crítica era imposible en el imaginario mundo leninista, la crítica desapareció en la fantasmagórica existencia stalinista.

Se llevaron las flores, las guirnaldas, le robaron al pueblo su posibilidad de llorar… le robaron al obrero su capacidad de reír… Nos robaron la esperanza. Para Serge resulta imposible retener las decenas de nombre, de los caídos… de los muertos, de aquellos que no tenían ni nombre, eran simples siluetas, aniquilados por la burocracia soviética… eliminados por el puño de Joseph Stalin. ¡Cuántos nombres, cuántas siluetas de un mundo desaparecido la piedad del recuerdo quisiera retener aquí!… pareciera que a Serge solo le quedaba espacio para la piedad en el recuerdo.

Entre 1920 y 1921, Serge sabía que el peligro estaba ya, entre ellos… no sólo por la actividad contrarrevolucionaria que se desarrollaba en partes de la Rusa Soviética, sino porque la Cheka se preparaba a fusilar a todo el mundo. Y, sino morías en las garras de la Cheka, lo harías en los GULAG… lenta o bien rápidamente, dependiendo de tu voluntad, de tu deseo de resistir, de sólo seguir viviendo para dar constancia de lo que ahí acontecía, o de morir para no seguir en el horror.

Serge no es un escritor que estuviera sólo en su mesa de trabajo, incapaz de entender la naturaleza humana, las contradicciones de la existencia. Serge no es inocente, sabe que todo proceso revolucionario es posible por la utilización de la violencia, las revoluciones no se hacen al gusto de los hombres de buena voluntad…. son eventos con violencia de huracanes… donde el individuo allí no cuenta más que una brisna de una paja en un torrente. Sin embargo, el terror se apoderó de la revolución, la psicosis y el miedo del poder. El poder acorralado… el enano gibado de progreso, que se encierra en esa máquina todo poderosa que opera la industria de la destrucción socialista.

Los anarquistas rusos empezaron a caer… las noticias de los fusilamientos llegaban a mares, las detenciones, los interrogatorios… la revolución rusa estremecía a lo que quedaba de inteligencia, por su miseria, por el uso inhumano de la autoridad. Los socialistas por su parte insistían… es necesario la cesación de las persecuciones políticas en Rusia… pero Bujarin pensaba que su insistencia era producto de su falta de compromiso con la revolución, esas gentes están bien decididas a no pelear por el socialismo… el partido estaba vencido, la revolución derrotada, la sangre de los que lucharon contra el antiguo régimen se vertió en las cárceles clandestinas, en los fusilamientos, en los juicios sumarios… en el ajusticiamiento revolucionario.

—Termidor… ¿tú que dirás si me detuviesen?… en seis semanas hubo por lo menos trescientas detenciones… hasta llegar a los 2.5 millones. Entre 1921 y 1953 se fusilaron a casi un millón de personas… enemigos de la revolución ¿todos eran enemigos? Varias generaciones fallecieron en las garras del stalinismo… el gran Jefe, el jefe muerto, pero la dinámica sigue su curso ¿cuál jefe? ¿Lenin, Stalin… cuál jefe?

Termidor, el Estado de terror… los ciudadanos delatan a su vecino, a su hermano, a su marido… los hijos delatan a sus padres. Son los ciudadanos haciendo justicia. No es el Estado persiguiendo. —Termidor… ¿tú que dirás si me detuviesen?

En 1921 el gobierno bolchevique abandonó toda posibilidad de democracia, se prohíbe la discusión, el intercambio de ideas colectivo, el centralismo se impone ante el colectivismo. Se impuso la idea de que todos tenían que pensar absolutamente igual, no sólo el pueblo ruso, la dinámica también se impone en todo el bloque del Este y en la mayoría de los partidos comunistas del mundo.

Como señala Hobsbawm, No era esto, por supuesto, lo que habían planeado Marx y Engels, ni había surgido en la Segunda Internacional (marxista) ni en la mayoría de sus partidos… pero la imposición, el giro autoritario estaba dado. El stalinismo se impuso como racionalidad, más allá del mismo Stalin, una racionalidad que permitió la conservación del régimen autoritario del Socialismo realmente existente por más de siete décadas. Stalin puede ser el cerdo salvaje georgiano que tanto despreció Trotsky, pero ese cerdo georgiano… impuso una racionalidad y eliminó a todo aquel que se le opusiera o no… eliminó a todo aquel que fuera o no un riesgo en su mente o en la realidad.

La lógica stalinista permea el socialismo realmente existente, le dió un absurdo sentido a los millones de rusos que habitaron por décadas los gulags… produjo los más de 10 millones o casi 20 millones de rusos muertos durante la siniestra época de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pueden ser 10 millones, según estimaciones conservadoras, pueden ser 20 millones según las versiones anticomunistas, lo cierto es que cualquiera que sea la cifra real el proyecto civilizatorio emanado de la Modernidad, del Socialismo Realmente existente implicó a todas luces una barbarie.

Una barbarie que anuló a millones de humanos en el bloque del Este. Una barbarie que generó una racionalidad donde el Estado perseguía, pero también engendró una cultura delatora, con tal de mantenerse a salvo, conservar la libertad, con tal de no ser acusado, con tal de mantener los privilegios. La prerrogativa de seguir existiendo.

El caos se impone en el Socialismo realmente existente, sí es el caos, así lo concluye Victor Serge, porque esa anormalidad se normaliza, pero no deja de ser caos, donde el ciudadano—camarada piensa en que mañana será aprendido, terminará el día en alguna cárcel clandestina, acusado de enemigo de la revolución; o bien, simplemente terminará en la cárcel sin saber la razón… volviendo su existencia un secreto, que no debe nombrarse, sino alrededor de un cúmulo de sospechas. Tú vecino es un traidor.

Sí, Mijail Ivanóvich Kostrov… que enseñabas materialismo dialéctico, maestro universitario, que viste pasar la muerte… fuiste testigo de la detención de muchos camaradas… y sospechabas que igual a ti te detendrían, porque tu vecino era inocente, como lo eras tú. Kostrov tu presentimiento fue cierto, te detuvieron como a miles de rusos. Mijail Kostrov, el ciudadano Kostrov, el camarada Kostrov… ¡Partida de idiotas!…

Hola Marx —dijo Kostrov para sus adentros—. ¿Qué, te fastidia esa bayoneta? Haces bien en no aparecer entre nosotros o tú mismo terminarás por pasar por esa puerta, hermano, y pronto darían cuenta de ti… Sí, frente al gigante del retrato, el JEFE… sí frente a él llevarían a Marx, la Cheka… la Cheka te torturaría… minutos, horas, días, semanas enteras, nadie sabría de qué se te acusa… pero la Cheka te torturaría. Como a Serge, como a los anarquistas, como a los aliados de Lenin

Detrás de esa puerta desaparecieron miles de rusos… detrás de esa puerta terminabas en los gulags… detrás de esa puerta había todo un mundo desconocido de desolación, desolación frente a la delación. Desolación frente a la revolución. ¿Tu detención? —me dijo—, pero, querido amigo, soy yo el que la controla. Tu encierro por tu propio bien. Vamos ¿quieres jugar al ajedrez?

El camarada—ciudadano que se ha vuelto espectro. Los camaradas—ciudadanos que se volvieron espectros… detrás de esa puerta y fuera de ella, los camaradas—ciudadanos eran espectros… que confeccionaban una lista de los vanos sufrimientos… pensar, imaginar, reír… llorar, camarada—ciudadano está prohibido. ¡Ciudadanos y Camaradas! Disculpad esta gran libertad que me tomo. Ya no puedo más. Solicito que se me permita llorar. ¿Me oyes tú, Antiguo?. Permiso para llorar. —Llora, amigo, todo lo que se te dé la gana, todo lo que puedas. Este es aquí tu único derecho ciudadano. Sin embargo, no eres ciudadano, recuerda.

Al llorar dejaba un poco de ser espectro… pero no dejaba de serlo, porque no podía llorar, ni dejar de ser fantasma. Socialdemócrata, Menchevique… Bolchevique, Anarquista, contrarrevolucionario… la población misma se deshacía del enemigo, la población misma acusaba al traidor. Todos eran espectros. Los que acababan en las cárceles soviéticas no sabían a ciencia cierta el porqué… ese desconocimiento fundaba un secreto, el secreto ciudadano, el secreto del camarada. ¡Camarada—Ciudadano! Esa era la terrible dinámica del poder en el socialismo realmente existente…. El secreto.

La palabra Ellos adquirió en su boca y sus ojos extrañas proporciones. Parecía abarcar los quince pisos de cemento, los doscientos despachos, los batallones especiales, el tribunal secreto, todo lo que nadie conocía de aquella prodigiosa estructura omnímoda y compleja en la que los hombres eran arrastrados inexorablemente como el grano en la criba.

Allá, miles de rusos en las cárceles secretas, en los gulags. Allá, miles de rusos condenados al silencio, ¡allá! a plana luz del día, la vida seguía normal. Porque la anormalidad de la barbarie de había normalizado. Porque el sol brilla extraordinariamente, cuando la oscuridad es permanente, en la Medianoche en el siglo. Los de abajo, los que habitan las cárceles secretas… los que inundan los gulags, adelgazan, envejecen… palidecen, mueren poco a poco. Ellos son, fueron… la huella de la muerte del socialismo realmente existente… son mónada de la Revolución Rusa… de octubre de 1917.

Los miles de rusos que acabaron en las cárceles stalinistas, las cárceles del socialismo realmente existente, fueron los habitantes del caos, ciudadanos del caos, camaradas del caos… el caos socialista real. Real es la muerte de millones. Real los juicios sumarios. Real las purgas. Real la psicosis. Real el hambre. Examen de conciencia. Que haya prisiones como ésta en el año quince de la revolución es un escándalo abominable. Dudo que ni si quiera las prisiones fascistas… ¡Examen de conciencia!

A Mijail Ivanóvich Kostrov se le pide examen de conciencia… a cada uno de los miles de rusos que fueron a parar a las cárceles y los gulags… se les pide examen de conciencia. Al camarada—ciudadano se le pide examen de conciencia. No se les acusa de nada, por tanto de todo, pero él sabe que en el año quince de la revolución la verdadera conciencia de la revolución… ¡apenas en el año quince!

¡Examen de conciencia! Una brusca tristeza que casi me hace llorar. Inexplicable, ¡examen de conciencia!, me tortura, sabes, ¡me torturan…! ¿entiende? Me torturan, hay cientos de preguntas, el interrogatorio no concluye, hay preguntas para las que no tengo respuesta. Me siguen torturando… sigo sin saber las respuestas. No puedo responder a las preguntas. No tengo repuesta a todas las preguntas…

Preguntas, preguntas, preguntas… durante horas preguntas, en la noche preguntas, en el día preguntas… Me torturan ¿entiende?… miles de rusos interrogados, torturados. Millones de preguntas sin respuesta. La Revolución Rusa perdió su corazón… y a los verdaderos revolucionarios les dolía el corazón. ¡Serge te dolía el corazón! ¡Serge, me duele el corazón! La Revolución Rusa ya no tenía corazón, pero le dolía el corazón. Los millones de rusos fueron, son el corazón de la Revolución Rusa… los muertos, asesinados paulatina y secretamente. La Revolución Rusa asesinó la esperanza, esa lucecilla agazapada que se filtraba, esa lucecilla que pretendía… la lucecilla de la Medianoche en el siglo.

 

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