Por Roque Juan Carrasco Aquino
“El despertar de los pueblos conduce a la reflexión, a la solidaridad y a la inclusión para transformar sueños, posibilidades y alternancias generacionales. El futuro es nuestro cuando la dirección del proletariado lleva condiciones materiales de vida hacia la colectividad; donde las comunidades juegan el papel protagónico de apropiarse del producto trabajado socialmente en colaboración consciente. Comunitariamente para trascender en la inmediatez superando las contradicciones del mercado especulativo”.
Volver a luchar es reconstruir día a día
El legado revolucionario,
de un líder, marca asiduamente
la esperanza en el camino diario;
no basta calumnia desbordante.
Ni racismo invalidó verdades,
los sueños están con la realidad;
el futuro concreta humildades,
más allá de hechos sin utilidades.
Venciste la orden conservadora,
apoyaste a pobres y ancianos,
loas, la clase trabajadora;
tu honor fue con el proletariado.
De los turbulentos momentos de luchas del pasado se fueron forjando con tesón revolucionario intensas polémicas. Diseminadas en en barrios, regiones, calles, avenidas, pasando por los rincones más olvidados, producto de las políticas neoliberales de sexenios oscuros.
El descontento generalizado sentó las bases para una transformación. Gracias a las acciones comprometidas de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se evitó una revuelta o una posible guerra civil en todo el país. Fueron instantes de no llegar a la sensatez obstruida del hartazgo, ocasionadas evidentemente de las promesas incumplidas.
De la mano con el saqueo, el enriquecimiento ilícito de la clase política, los excesos de la burguesía supremacista, empresarios corruptos, caciques explotadores de comunidades adueñadas por el PriAn, entre otras expresiones, agudizaron el descontento popular.
Fueron décadas de saqueos, de inseguridad, de despilfarro, de asaltos, robos del erario, nepotismo, chantajes, clientelismo político, invasiones de tierras para después rentabilizar a favor del sector inmobiliario. Así se caracterizaron las políticas del PriAn en sus años de pillajes en todo México.
Sin embargo, el pueblo, cansado de sufrir las humillaciones, el racismo, las mentiras, falsedades, exclusión, cárceles y asesinatos por defender sus derechos colectivos y de autodefensa de sus comunidades, como de sus culturas, dijeron no más ultraje. Se organizó el pueblo heroico para decir basta de miseria para muchos y riquezas para pocos.
El tiempo fue moldeando las promesas de AMLO, de sus movimientos en contra de los privilegios; el rechazo hacia el saqueo de trasnacionales, conjuntamente con el capital nacional e internacional. Todos confabularon en contra de los mexicanos. Se incrementó la pobreza en más de 80 millones de pobres hasta el 2018.
De modo que, la historia de la sociedad mexicana estaba destinada a continuar con el usufructo de la fuerza de trabajo, en la sobreexplotación bajo la relación de dominio hegemónico del capital trasnacional.
Prueba de ello fueron las concesiones mineras canadienses hasta por más de 60 años; a las empresas de Danone, Coca cola, entre otras, para explotar el agua, el petróleo (empresas como: Exxon Mobil, Shell, BHP Billiton y Petrobras), así como en la depredación de la flora y fauna. De esta manera, la riqueza general de México estaba en manos del capital usurero y comprometido con la acumulación internacional del capital.
Fueron décadas de expoliación del patrimonio nacional, es decir, de las comunidades. Asimismo, se establecieron alianzas rentistas y traiciones a la Constitución. De esa manera, el Artículo 27 Constitucional fue reformado para vender ejidos y recursos de las comunidades ricas en materias primas naturales para dejarlas en manos del capital.
La intención siempre ha sido saciar su sed de acumulación interminable. En consecuencia, transferir valor en ganancias extraordinarias a sus lugares de origen: Estados Unidos, Inglaterra, España, Francia, Japón, Canadá, etc. Claro, invadiendo territorios sobre la base de invertir lo mínimo y extraer jugosos dividendos en detrimento del pueblo trabajador mexicano.
Esto no fue más que el indicador de los excesos sobre las espaldas de la fuerza de trabajo asalariada, aplicándose las políticas neoliberales a la sociedad mexicana, basada en la drástica carestía de la vida y bajos salarios. Esa fue la concentración de la riqueza en pocas manos.
En consecuencia, al ascenso de un gobierno democrático, en 2018, comprometido con “primero los pobres”, además del rescate a zonas olvidadas, como el Sur Sureste de México; se canalizaron inversiones con intenciones de crear empleos, reactivar economías locales, regionales y nacionales, fueron identificando las políticas de AMLO.
Por supuesto, no estuvieron del todo para resolver los rezagos de los sexenios neoliberales y menguar el atraco de los gobiernos del PriAn. Sin embargo, significa un logro extraordinario que, con el triunfo de Claudia Sheinbaum Pardo, continuará el Segundo Piso de la Cuarta Transformación. Es el reto del próximo sexenio.
Al mismo tiempo, mirar hacia otras zonas donde el pillaje de los recursos fueron parte del enriquecimiento de los poderes hegemónicos, de la iglesia, de empresarios corruptos, políticos empresarios y empresarios políticos, aunado a la violencia del crimen organizado que, en contubernio con los poderes económicos, entre mafias se niegan, al abandonar a su suerte y enviar a la cárcel al capo Genaro García Luna. Gajes del juego sucio sobre pactos de sangre de mafias sicilianas.
Entre otras promesas cumplidas de AMLO, personajes como los expresidentes ya no tienen sus bonos anuales ni guaruras vitalicios; se acabaron fideicomisos de aviadores y simulaciones de supuestas investigaciones sin impactar a necesidades de regiones vulnerables; por el contrario, se beneficiaron trasnacionales (denunciada por CONAHCYT); se acabaron las dietas con más de miles de pesos para una comida; se terminaron los “moches” entre empresarios y la inflación de costos de obras, entre otras más corrupciones.
De lo prometido, se construyeron orbas: Tren Maya, Refinería Dos Bocas, el Corredor Interoceánico o del Istmo de Tehuantepec, el Aeropuerto de Tulum, el AIFA, etc. Del mismo modo, se apoyaron a los que menos posibilidades tienen para enfrentar la lógica del mercado especulativo de bienes y servicios: apoyo a las personas de la tercera edad, estudiantes pobres, madres solteras, niñas y niños discapacitados. Así podríamos enumerar el respaldo social del pueblo pobre de México.
En tanto, el adiós a AMLO no es solamente relacionarle con el trabajo y compromisos, sino, el esfuerzo, las luchas entre calumnias, descalificaciones, insultos, desprecios, escupitajos, agresiones físicas y verbales, desconocimientos y descréditos de sus acciones democráticas y populares, que le llevó a humillaciones orquestadas en su contra, directamente del PriAn-MC, la derecha fascista, la oposición conservadora, los intelectuales al servicio de la burguesía, el empresariado corrupto y las falsedades de académicos mercantilistas vendidos, agraciándose de sus ensayos a las empresas que les paguen más de lo que plantean las necesidades del pueblo.
Decir adiós es volver a reivindicar las políticas comprometidas con las masas populares y el compromiso de autogestionar los recursos, pero además, por supuesto, la autodefensa del territorio y su patrimonio generacional. Por ello, decimos ¡Hasta la victoria, siempre!