Cuando las izquierdas dejan de soñar y se confían en migajas del poder

Por Roque Juan Carrasco Aquino

“Cuando una forma histórica de la reproducción social ya no puede continuar porque ha dejado de asegurar la marcha de esa reproducción social que ella está formando, entonces esta reproducción entra en crisis: junto a la imposibilidad de la forma vieja aparece la posibilidad de que otra forma del sujeto social entre en lugar de ella, de que haya una transformación revolucionaria” (Echeverría; s/f: 145).

La ingenuidad de la memoria cubierta de promesas despierta incertidumbres y se ahoga en descontentos. Hoy, es cuestión de esperar el desencanto, desafortunadamente debe pasar por momentos históricos desencantados por las políticas de reconstrucción o destrucción sin transformación. 

     Duda agarrada de las manos, oponiéndose a las luchas reivindicativas ausentes. De aquellas luchas revolucionarias nos oponíamos contra el conservadurismo de la derecha fascista; en alianzas con supuestas izquierdas reformistas camufladas. Ahora, hacen mella en contra de alternativas comunitarias.

     La historia de las izquierdas en América Latina nos muestra que las luchas demandadas por la verdadera conciencia anticapitalista de talla revolucionaria todavía están vigentes. En la actualidad, enfrentan calumnias y escepticismo por la influencia de los medios de comunicación, así como de la “intelectualidad” mercantilista; por supuesto, de la academia oportunista y auspiciada de políticos integrados al poder. 

     Estos, desafían las acciones democráticas de la sociedad en general y de los pueblos en particular. En esa tendencia las izquierdas en América Latina (las nacionalistas y las reformistas pequeñas burguesas). Los nacionalistas junto a la socialdemocracia europea añoran volver a un régimen de colaboración de clases sin analizar las contradicciones del sistema. 

     En tanto, los reformistas, mediatizar movimientos dinámicos clasistas bajo promesas incansables. No obstante, la izquierda verdadera marxista, se debate entre radicalizar procesos en ciernes o expulsar a sus militantes utilitarios. Para los primeros, niegan transformar desde raíz el actual modelo capitalista; los segundos, mantener el statu quo y dejar intacto el modo de producción del capital. Los marxistas plantean destruir completamente la explotación y no reformar el capitalismo.

     Esta es una de las formas que identificamos a las izquierdas de la región; se evidencia la crisis de cuadros, empobrecimiento de ideologías y los debates serios están en decadencia de la generalidad imprecisa. 

     La posibilidad de reconstruir sociedades socialistas se descalifica, con ideas que se desenvuelven sobre la concepción del poder enquistado en el Estado. También, simulan defender causas justas, pero fingen sus contradicciones e introducen paulatinamente valores burgueses en las organizaciones civiles. 

     Al final son sicarios torpedeando a toda la sociedad debilitada políticamente; de manera que, mantienen su hegemonía dictatorial y antidemocrática cuando las bases superan los compromisos a modo. 

     En este sentido, la derecha racista, clasista, despótica y antidemocrática se impone por encima de las diferentes corrientes tanto de las izquierdas de comparsa. En tanto la derecha conservadora aprovecha las divisiones para saltar en el escenario y prometer destruir las ideas comunistas y socavar logros sociales universales. 

     Es decir, no se comprende la historia materialista en sus términos de transformación; por el contrario, se reduce simplemente a no superar las argumentaciones actuales, resaltando sólo las apariencias y cubrir de rojo los textos discursivos del pacifismo per se sin destruir las causas materiales del sistema.

     En tanto, la derecha fascista se limita exclusivamente a convertir a la historia materialista en un calendarito de fechas sólo del pasado. No analiza profundamente la dialéctica de las revoluciones producto de las luchas de clases exacerbadas por la crisis capitalista. Niega la diversidad de las ideas, calumnia la independencia política, rechaza toda acción progresista y demuestra su vil accionar antidemocrático. Persigue a los comunistas, socialistas, anarquistas y a toda ideología cuestionadora antisistema y antifascista. Por supuesto, para mantener el orden de explotación y depredación de los recursos naturales y humanos.

     En el caso reciente de lo sucedido en Bolivia, donde las izquierdas parlamentarias oportunistas optaron por dividirse e imponer sus intereses cupulares. Los hegemónicos depredan a los arribistas y colaboradores de clase. En tanto la izquierda revolucionaria aún está en su fase de recomposición. 

     Posiblemente la tendencia marxista, la heredera de la transformación radical y no reformista, en transición, no logró consolidarse. Por encima de esta corriente, la marginación fue el castigo y el desprecio de votantes conformistas volvió a la palestra de incomprensión. Pese a las tres corrientes: la indigenista, la nacionalista y la marxista (García; 2008: 2-3), todas están en contraflujo de los movimientos antisistémicos. 

     Las dos primeras izquierdas desprecian las masas luchadoras tumultuarias radicalizadas. Defienden la propuesta parlamentaria antes de las acciones combativas revolucionarias. En cuanto a la última, la marxista, en ciernes, su tendencia es elevar la conciencia reivindicativa más allá de las activistas; sin embargo, está ausente esencialmente.

     Las izquierdas, en la actualidad, se confunden con los zigzagueos electorales encajonadas por la burguesía. Por supuesto, la carrera hacia las cámaras de representantes (diputados y senadores), idealizadas, enfrascadas y fragmentadas para dividir a los movimientos sociales, prometen teóricamente demandas que nunca resolverán dentro de las normas legales del Estado burgués capitalista. 

     Es ahí donde se pierden las esperanzas de las luchas de la verdadera izquierda; al final ceden ante los esquemas entreguistas y hacia la inclinación clasista, castrando ideologías libertarias y aceptando leyes de la burguesía supremacista. En suma, el parlamento burgués del capital se impone en defensa del sistema capitalista constituido para ese fin. Al tiempo, la hegemonía y el statu quo reproducen el modo de explotación, enriquecimiento ilícito, despojos y depredación de los territorios comunitarios.

     Las izquierdas reformistas en América Latina se visten de democráticas, engatusan a la sociedad, discriminan a la población indígena y la descalifican directa e indirectamente; no permiten el ascenso a los comités nacionales de los movimientos significativos; de modo que, rechazan la militancia comprometida y reivindicativa, otorgando posiciones de la dirección partidista a los reformistas, obedientes, acríticos, y nadan entre corrientes traidoras hacia las componendas derechistas y dirigentes burgueses en alianzas políticas corruptas, herederas del pasado. Empero, se coluden con la socialdemocracia, los burócratas de siempre, la corrupción, y rechazan las demandas y el radicalismo democrático de la clase trabajadora para negar el control y/o el poder del pueblo y de la clase obrera.

     En el caso mexicano, de continuar con la tendencia de incluir por medio del salto del chapulín Prianista a corruptos, saqueadores, traidores, reformistas, defensores de la legalidad burguesa parasitaria y lacayos de los intereses del capital nacional y extranjero, el poder popular morirá y volverán los depredadores sociales, económicos y políticos a hipotecar al país. 

     Asimismo, las conquistas o los intentos por socializar la renta petrolera, minera y la sobreexplotación de la clase obrera se irán hacia paraísos fiscales donde los políticos empresarios y empresarios políticos tienen sus inversiones engordando debido al enriquecimiento ilícito: Los expresidentes viven del robo a la nación y, España entre otros países, se reparten los dividendos para no retornar al pueblo lo robado. 

     Debemos estar alertas a no repetir las experiencias dramáticas de Bolivia, Argentina, Ecuador, Perú, entre otras naciones frágiles en sus desarrollos democráticos. La consigna entonces es para todos todo, para el capital y la burguesía nada.

Referencias

– Echeverría, Bolívar (s/f): El discurso crítico de Marx. Ed. El hombre y su tiempo. En línea. Página web: https://marxismocritico.com/wp-content/uploads/2012/12/el-discuros-critico-de-marx-legible-y-completo-de-bolivar-echeverria.pdf

– García, Linera Álvaro (2008): Marxismo, Nacionalismo e Indianismo en Bolivia. La “nueva izquierda” del presidente Morales. En publicación: Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano no. 2. CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Publicado por Le Monde Diplomatique, España. En línea. Página web: https://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/secret/cuadernos/es/garci.pdf 

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