¿Cuál es el siguiente paso de la ultraderecha mexicana y sus patiños?

Por Guillermo Torres 

La total inoperancia de los otrora gobiernos de derecha, en sus distintas versiones y eufemismos, pasa por un momento en el que –luego de dos años de la alternancia que representa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con un enfoque más progresista y social, de atención a los más apremiantes rezagos– sus acciones se reducen a una ridícula caricatura de ellos mismos.  

Se trate de un periodo de transición en el que el más álgido argumento de la “oposición” a la Cuarta Transformación son temas de índole financiero, más específicamente su inconformidad por el combate a la corrupción, y la no posibilidad de continuar operando un Estado criminalizado, o quizá el brazo y operador político del crimen.  

A eso llegó a reducirse de facto la institucionalidad mexicana.  

Así como todas las formas posibles, cómo el erario público era desangrado para ser repartido entre la estructura parasitaria favorecida por el modelo neoliberal instaurado en México bajo varios colores y pantallas “políticas”, esa gerencia que gestionaba México, S.A. para la oligarquía local e internacional. 

En resumen, y dicho en términos llanos, su único “argumento” de fondo son toda la serie de recortes presupuestales que, sin duda, le han cerrado el paso a un esquema mediante el cual se defraudaban las finanzas públicas. 

Su idea de ejercicio del poder se limita únicamente al favorecimiento de la minoría rapaz que, en 30 años de neoliberalismo, prácticamente desmantelaron el país y lo pusieron de remate en una oferta de venta al mejor postor. 

Bajo ese escueto y raquítico discurso, disfrazado de todo tipo de críticas irracionales y sin sustento en contra de la figura presidencial, toda alianza de cooptación de personajes que gradualmente han ido traicionando los ideales que son el alma de la Cuarta Transformación.  

Toda cooptación mediática, hoy más que nunca resulta, indispensable para golpetear de manera frontal al gobierno y desestabilizarlo. Ya institucionalmente, incluso, le resulta complicado enfocarse a la derecha, por lo que el “golpe blando” en ciernes, si bien ahora mismo ha sido reducido de manera objetiva por la 4T, la línea de ignominia y calumnia sigue siendo la constante.  

Durante este último año en particular, de septiembre a la fecha con mayor énfasis, la derecha ha mostrado sus cartas, siempre predecibles de su mayor logro de gestión, la cercanía con colectivos que se caracterizan por su vocación criminal.  

En medio de la puesta en escena, ese show “mediático” circense, el performance de las “casitas voladoras” que ´lideró´ y montó, siempre con ese estilo telenovelesco, el autodenominado Frente Nacional Opositor a AMLO (FRENAA).  

Un presunto plantón sin gente, sin personas que reivindiquen un autodenominado “movimiento”, que a su vez no tenía el sustento discursivo como tal, sino una serie de desplantes de quien encarna y representa en su justa dimensión tal aberración.  

El empresario y operador “político” más visible en la actualidad de la mafia que aún intenta re tomar el control de las instituciones oficiales de México.  

La consonancia con más que mal intencionadas, desafortunadas declaraciones, de personajes enajenados de los medios de comunicación, comediantes que pasan por `periodistas´, como Carlos Loret de Mola y Víctor Trujillo con su personaje Brozo; Pedro Ferriz de Con y todo tipo de representación de los intereses del fascismo mexicano, pasando por enajenados de la farándula que también imaginan hacer periodismo de “espectáculos”.  

Como la imagen arquetípica y decrépita de la ausencia de sentido crítico y común, la iconografía de la enajenación de los medios y la ignorancia que le acompaña del personaje de Daniel Bisogno. 

Es lamentable, por decirlo de una forma práctica, el estado mental y de criterio que guarda una parte de la sociedad mexicana representada por esa clase de individuos que lo único que hacen es dividir y confrontar, tomando como base su investidura como representantes de la ignominia y el latrocinio. 

En cualquier caso, su principal apuesta es esta apología, esta oda a la criminalización de la juventud mexicana reclutándoles en su organización político empresarial tan próspera y socorrida por personajes de tal calado de enajenación.  

Eso es lo lamentable, que tengan un criterio tan reducido para intentar bosquejar algo que parezca un poco más real en términos de lo que blanden por argumento laxo, cual slogan de ese marketing que le caracteriza a una simulación autodenominada política. 

Eso que practicaba el viejo régimen y sigue siendo hoy una amarga nostalgia para los reaccionarios y una obsesión enfermiza para los grupos de choque, los porros de hoy y siempre de una derecha mexicana más sofisticada y eficiente en términos del aparato comercial y empresarial, tan sofisticado con el que han movido al país de manera constante y recurrente. 

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