Canelo-Chávez: Crónica de una farsa

Por Adriana Marisela Juárez

El 6 de mayo del 2017, la tan esperada y anunciada pelea de Julio César Chávez contra Santos Saúl Álvarez Barragán había dado fin a las 23:30 de la noche por la cadena de televisión HBO.

De nuevo el MGM Grand de las Vegas, fue testigo de dos contrincantes mexicanos para defender su honor, título y reputación, si es que hubo algo eso por lo que pelear.

Con bastante publicidad semanas antes de la “gran” pelea, las televisoras nacionales prometieron que sería “un espectáculo único y digno de ver”. Dos grandes del box pelearían hasta dejar noqueado a su contrincante.

Se podía ver a Chávez Junior alardear y fanfarronear en entrevistas exclusivas y reportajes producidos sobre como dejaría tirado al Canelo en el octavo round.

La humildad e incluso “miedo” que Canelo mostraba en conferencias de prensa hacían pensar al espectador que la pelea sería una victoria del drogadicto soberbio.

Ello debido al gran entrenador que día y noche lo ponía en forma, Nacho Beristáin, miembro del salón de la fama del boxeo, considerado de los más grandes de la historia.

Segundos antes de que los mexicanos subieran al ring, todo mundo apostaba a Chávez Junior, su padre y todo su equipo tenía una banda roja estilo Rafael Ponfilio Acosta Ángeles, alias “Juanito”, ex jefe delegacional de Iztapapla.

El primer round comenzó flojo. Canelo tiraba sus combinaciones y se veía cómo perseguía a su presa retándolo a que le pegara, mientras que El Junior parecía que analizaba a su rival.

Fue hasta el tercer asalto donde Chávez comenzó a sangrar. Toda su fanfarronería se había ido por la cascada de sangre que le salía de la nariz.

Se podía escuchar a su entrenador cada que volvía su esquina – Ya pégale cabrón, ya debes retarlo, no estás dando ni una.

Los 22 mil espectadores de la arena MGM Grand gritaban la ya esperada victoria de Saúl Álvarez, mientras que el padre de César no sabía si meterse a la pelea o retirarse.

Para el séptimo round esperábamos que Chávez respondiera y se convirtiera en una máquina de pelea como lo hizo con Maravilla Martínez. Empezaba a conectar más golpes, pero ¡oh sorpresa!, Canelo le responde con una ráfaga de 10 golpes seguidos.

Castigado del rostro, El Junior regresó sin victoria alguna a su esquina. Aquel comenzó a ser un momento de tensión en la tribuna. El silencio de segundos, los gritos de las mujeres desquiciadas, todo se enfocaba en las apuestas del tan esperado octavo encuentro.

Al empezar el tan esperado y prometido, los golpes de Junior daban una pequeña esperanza de que cansara a Canelo, sin embargo, los locutores de HBO no aguantaban la decepción de ver a Chávez desecho – Le están zarandeando las neuronas – decían.

Saúl se empezaba a cansar, pero de darle a un bulto que no respondía y lo hacía correr en círculos ¿Dónde quedó aquel hombre triunfador de 32 nocaut?

Todas las tarjetas le marcaban 10 al Canelo, seguidas, ni siquiera un encuentro pudo ganar Chávez. Se vio su pérdida al terminar el round 12 de la manera más patética, por decisión y barrida.

En todos los encuentros, mientras que Chávez tenía la cara deformada, Canelo esperaba de pie y bajo las instrucciones de su entrenador. – No te aloques, vas bien, vas ganando, continúa el ritmo y acábalo.

Los abucheos, mentadas de madre y coraje de los mexicanos eran evidentes, pero lo más miserable fue como Junior le echó la culpa a su peso, velocidad y entrenador por su fracaso en la tribuna.

¿Dónde estuvo el verdadero encuentro? Es lo que los espectadores se preguntaron al terminar tan decepcionante espectáculo.

Su padre se acercó a él antes de que diera tales declaraciones. Parece que toda la soberbia y fanfarronería que tuvo antes de la pelea seguía con el progenitor. Tal vez le debía de dar una zarandeada de neuronas como lo hizo Canelo.

“Como todo un caballero”, Saúl y su equipo se acerca a darle las gracias por tan odiosa pelea y después retar al ruso Gennady Golovkin.

Para alguien que no está acostumbrado a ver los finales de estas peleas, un – Where are you? – de parte del Canelo al invicto boxeador  Kazajistán por haber derrotado a un drogadicto, bueno, no es necesario explicarlo.

El ganador de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2004 estuvo de acuerdo con el público nacional que la pelea no fue algo que aplaudir, pero le deseo suerte para septiembre de este año, fecha en la que pactaron una pelea.

Canelo, con los zumos arriba, le contestó con la misma soberbia que Junior. –La suerte era para los perdedores, ‘maifriend’.

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