Boiler Room y el underground en México

Por Daniela Valdés Cravioto

 

El proyecto fundado en Londres en 2010, que funciona como una plataforma de difusión de música en línea global y transmisión de sesiones de música en vivo en todo el mundo, ha acogido espectáculos en alrededor de 100 ciudades en todo el mundo, de Estocolmo a Shanghái.

 

Boiler Room, llamado así por el “encerrón” que se vive show tras show en este proyecto, tienen operaciones regulares en Londres, Nueva York, Berlín, Ciudad de México, Sídney, São Paulo, Tokio, Cracovia y Los Ángeles, y producen un promedio de 30-35 nuevos programas cada mes.

 

Pero realmente ¿qué es Boiler Room? Me pregunto mientras accedo a la pasada edición llevada a cabo el pasado 20 de mayo del 2017 en el Foro Normandie, ubicado en el corazón de la Ciudad de México, en el Centro.

 

Al bajar las escaleras cubiertas de espejos, se llega a lo que parece ser un sótano. Nos recuerda a un búnker por su decoración, o falta de esta, de cemento en obra negra. Conserva un arquitectónico minimalista, monocromático e industrial. Como un estacionamiento subterráneo, el foro imita con elegancia y limpieza visual el paisaje urbano que hay afuera.

 

Eran las 12 de la noche y aunque para ser un tradicional Boiler Room había muy poca gente. La energía era la misma, todos bailando al ritmo de un dj que probablemente muchos no conocían pero que al final de la noche, la experiencia los dejaría con ganas de llegar a casa y teclear su nombre en la computadora para buscar más de esa música que los hizo bailar.

 

Según el diario británico The Guardian, Boiler Room «ha transmitido más de 3 mil 500 millones de minutos de música desde que comenzó, con audiencias de hasta 400 mil “sintonizar para ver». Y es que desde el momento que se abren las puertas de la locación la música no para hasta las seis de la mañana, sin descanso alguno. No importa si estás en México o en Cracovia.

 

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Muchos en México piensan que la esencia de lo que un Boiler Room significaba se ha ido perdiendo, que ya no es lo mismo. Como aquella vez en la que la edición del 2014, en la que el show era secreto, privado, barra libre, poca gente, el sonido era nítido y a la vez contundente. Se trató de una presentación impecable que sus confinadas dimensiones la hicieron aún más intensa y sudorosa.

 

Ahora los boletos están a la venta, las bebidas son caras, los artistas más desconocidos y por lo mismo menos gente asiste. Pero al entrar a ese sótano, por la energía podría decir que Boiler Room no ha perdido su esencia.

 

Al ingresar se notaba que aún no llegaba toda la gente, la barra estaba libre, igual los baños, y aun no se sentía ese calor humano característico de las fiestas pasadas. Aprovechando el espacio que aun existía, pasamos a tomar algunas fotos. La iluminación no es muy buena dentro del recinto, pero las luces moradas que alumbran el escenario le dan un buen toque al trabajo que mi compañero está haciendo con su cámara.

 

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Por un momento olvido esa sensación de volver al Foro Normandie, tras esa noche en la que mucha gente, incluyendo conocidos, convivieron con la modelo colombiana Stephanie Magón Ramírez previo a su muerte, de la cual nunca se llegó a un veredicto, nunca se encontró al culpable o se le dio una explicación a los hechos de lo que se concluyó como un “suicidio”.

 

Tras esa noche, el establecimiento, ubicado en la calle de López, colonia Centro, fue clausurado durante los operativos Mala Copa y Fiesta sin Drogas, aunque bajo razones de salubridad porque se permitía fumar a los comensales dentro del lugar, no separaban los residuos sólidos, la falta de permisos y operación correspondientes, además de que funcionaba con sobrecupo.

 

El Foro Normandie sufrió o ganó, como se le quiera ver, una remodelación completa, un cambio de socios y nuevos proyectos en mente entre los que está el Boiler Room, donde hace unos días nos encontrábamos.

 

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Conforme la noche avanzaba la gente iba llegando y con ésta más calor. De ahí el nombre del evento que se lleva haciendo en México desde hace ya casi 5 años, Boiler Room, haciendo alusión a una caldera o a un cuarto de calderas donde el calor de éstas se asimila al de las cientos de personas que ya se encontraban en el lugar.

 

Un lugar lo suficientemente versátil para albergar artistas de todo calibre: desde djs hasta exposiciones de arte y cualquier plataforma multimedia.

 

Es el primero en la Ciudad de México en implementar las potentes fuentes sonorizadasFunktion-One, mismo que aprovecha la excelente acústica de la construcción.

 

Capacitado para recibir hasta 600 personas, afortunadamente esa noche no se llegaba a esa cantidad porque, de ser así, el clima no nos hubiera permitido seguir con la noche.

 

Algo que no se puede negar en esta noche y que tristemente caracteriza muchos de los eventos que conforman la vida nocturna de la ciudad, que ahora muchos conocen como “el nuevo Berlín”, es la existencia de un mercado sólido de drogas entre los asistentes del lugar, aunque debido a la clausura pasada del lugar, ya no se permite fumar al interior del establecimiento. A lo largo de la noche se llegó a sentir ese olor distintivo de la marihuana y se llegaron a ver en varias ocasiones bolsitas llenas de distintas drogas por distintas manos.

 

Se sabe que es lo que circula por ese tipo de eventos, MDMA, cocaína, en algunos eventos tachas, cada quien decide qué estimulante consumirá. También se sabe que las autoridades, incluso los empleados del lugar, conocen de esto y forman parte del problema.

 

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Entrando la madrugada, el lugar estaba en constante cambio. La gente que estaba al inicio se retiraba a su siguiente destino, ya fuera su casa u otra fiesta, y existían aquellos que no importaba que fueran las cuatro de la madrugada. El plan apenas estaba por comenzar, las barras seguían sirviendo tragos y la  energía seguía siendo muy intensa, con la misma ola de calor que comenzó a sentirse cuando el lugar se llenaba.

 

La fiesta tuvo su final cuando todos los artistas terminaron sus sets, se anunció por el micrófono que el Boiler Room 2017 había terminado y los asistentes tuvimos que retirarnos del lugar.

Era imposible notar que el estado de la gente afectaba la organización de los grupos de amigos que buscaban la forma más segura de llegar a sus destinos. Taxis, ubers e incluso ambulancias, se encontraban en el lugar, alentando el tráfico y haciendo cada vez más difícil salir del Centro de la Ciudad, cosa que ni en un día común y corriente es fácil de hacer.

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