Bienvenido al infierno, Francisco (A un año de la visita papal)

Por Murielle Sánchez Montoya

Foto: Yolotli Fuentes

El Papa aparece sonriente en la foto del espectacular, la mano levantada, saludando, la vestimenta blanca. Una imponente cruz de plata cuelga de su pecho y brilla bajo el sol.

El amarillo y las mariposas monarca dominan ésta feliz propaganda gubernamental pero un anónimo inconforme ha dibujado la cruz invertida en rojo sangre sobre su frente y seguido los contornos de sus mejillas para reproducir el cráneo de un muerto, un cráneo negro de mandíbula redonda y cuencas oculares vacías.

Sólo eso. Ninguna frase acompaña el dibujo. “Michoacán te recibe con el alma llena de alegría”. ¿Y los mexicanos también?

El viernes por la mañana la Ciudad estaba lista ya para recibir al Sumo Pontífice de la iglesia católica, al Santo Padre, al vicario de dios, a Francisco el argentino, el progresista, el valiente. Al norte de la Ciudad las vallas habían sido alzadas en la Calzada de Guadalupe y, como una presa en río caudaloso, canalizaban a los pocos peatones presentes hacia los estrechos pasajes controlados por policías federales en uniforme azul marino.

Sin embargo, la Calzada estaba todavía desierta. La prensa, extranjera y mexicana, esperaba frente a sus cámaras y un reportero detrás del papel y la pluma platicaba con un pequeño grupo de devotos. En menos de cien metros, tres personas ignoradas se acercaban a pedir dinero, casi descalzos en el frío inusual que invitaba a refugiarse en los hoteles aledaños, saturados, según la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México.

Tres figuras errantes, esqueléticas suplican dinero para comer mientras se prepara la fiesta de la abundancia para Francisco. Fiesta que pasa por los 200 millones de pesos gastados, los litros de agua con los que se regó durante media hora una minúscula parcela de flores de apenas unos cuantos metros cuadrados enfrente de las rejas del lugar sagrado, los anuncios y espectaculares, los letreros de bienvenida, los vendedores ambulantes proscritos de las vialidades visitadas, los comercios cerrados y la omnipresencia de las fuerzas del orden.

La Calzada de la Virgen estaba adornada por espectaculares de la Delegación Gustavo A. Madero y anuncios que combinaban las bandas amarilla y blanca de la bandera del Vaticano y la tricolor mexicana. Una pantalla había sido dispuesta a proximidad de las primeras vallas, como si de un concierto se tratara,  y los camiones provenientes del Centro dejaban a sus pasajeros a unos 500 metros de la Plaza de las Américas, puerta de entrada a la Antigua y Nueva Basílica de Guadalupe.

***

“Venimos de la Defensa. Llevamos aquí tres días, nos turnamos para descansar.” declaró un elemento del Ejército. Cada vez más gente se acumulaba frente al recinto sagrado, feligreses provenientes de la Calzada de Guadalupe y la Calzada de los Misterios, ansiosos por ser los primeros en probar la tranquilidad del lugar y posteriormente decepcionados al descubrir que podrían entrar hasta el día siguiente y “Sólo con boleto”. 37 mil pases, supuestamente gratuitos, habían sido repartidos, pero se adivinaba que los asistentes serían muchos más.

Dos monjas, nadie más, entraron a la plaza vacía cuyo silencio sólo fue roto por la melodía que marcaba la hora. Las familias, con niños bien engominados y bien vestidos, discutían. Una joven se retrataba con su selfie stick y un estudiante de la UAM Azcapotzalco pedía que le prestaran el celular para llamar a la compañera que lo acompañaría en el evento. “En Europa casi no hay católicos, por la decadencia. Por eso el Papa casi no va allá, viene aquí.”,  comentaba el joven.

Sólo dos comercios estaban abiertos en la desierta calzada: un 7 eleven y la tienda de recuerdos situada justo enfrente del retén del Ejército, la tienda con los únicos baños cercanos a la Basílica, baños que “perdón pero no tienen agua”. La logística de la misa se antojaba complicada.

El regreso al Centro en transporte público requería de caminar un kilómetro para alcanzar la parada de autobús mientras que los organizadores de la delegación Gustavo A. Madero, reconocibles por sus chalecos amarillo neón, recomendaban tomar el Metro Deportivo 18 de marzo.

La visita papal estuvo marcada por un sentimiento de insatisfacción pues el encuentro con los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa nunca tuvo lugar ni aquél con las familias de víctimas de la pederastia. ¿Qué habrían obtenido de ese encuentro a más de un año de la desaparición de sus familiares? ¿Presión política? ¿Una voz que legitimaría su sufrimiento en un México en donde aún se pone en entredicho la inocencia de los normalistas?

***

La visita papal estuvo también marcada por la confusión en cuanto a la laicidad. ¿Vino como jefe de Estado o líder religioso? Podemos comenzar por revisar su programa oficial y advertir la presencia de cinco santas misas, una visita a la Catedral de San Cristóbal de las Casas, otra a la Catedral de Morelia y un encuentro con los obispos en la Catedral de México.

Cada día marcado por una actividad religiosa. Sin embargo, no podemos olvidar que separación del Estado y la Iglesia o no, la religión siempre ha estado unida a la política. Élite con élite mientras que la masa se mantiene controlada desde lo alto, con vallas y policías.

Related posts