Aviso de incendio… el rojo, Karl Kraus

Por: Armando Leal

@armandoleal71

Hay hipócritas que se jactan de ser deshonestos

 para serlo con ese pretexto

KARL KRAUS

El 28 de abril de 1874, hace 174 años nació en Bohemia, actualmente territorio de la República Checa: Karl Kraus, el escritor, periodista y crítico de la prensa, fue una mente lúcida que vislumbró “Los últimos días de la humanidad” (1915), su célebre novela que apostilla los tiempos porvenir.

En “Los últimos días de la humanidad”, Kraus capta la angustia que implicó para su contemporaneidad la experiencia de la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra; esa que ejemplificaba los límites de la razón, donde se manifiesta su verdadera cara, develándose como barbarie.

Die letzen tage der Menschheit ha sido caracterizada como una obra satírica y antibelicista. La oposición a la guerra, a participar en ella, la objeción de conciencia… lo que tiempo después se reconoció como pacifismo, fue visto en su tiempo de forma problemática, los objetores de conciencia eran considerados traidores a la patria.

La guerra fue visto como una cuestión de honor, una nación en combate con otra, así la veía Ernst Jünger en su obra “Tempestades de acero”; por lo tanto, oponerse a la guerra implicaba un deshonor, un acto de traición.

Die letzen tage der Menschheit es una novela compleja, imposible de adaptar al teatro o bien, al lenguaje cinematográfico. La redacción de la novela se inicia en el verano de 1915, le lleva a Kraus siete años. La versión definitiva de la obra ve la luz en mayo de 1922, la novela es producto de una técnica literaria, en aquellos años poco explorada, que vuelve los documentos dramas.

Algunos fragmentos-escenas de “Los últimos días de la humanidad” fueron publicados, en su primera versión, en Die Fackel, destaca la publicación en tres números especiales que es conocida como: “Akt-Ausgabe”.

La obra cobra relieve porque a través de ella se observan las transformaciones “ideológicas” del autor. En las partes elaboradas entre 1915 y 1919, puede leerse su conservadurismo; sin embargo, las del periodo de entreguerras, ya con la experiencia misma de la hecatombe humana, se puede distinguir a un Kraus afín a la Socialdemocracia.

Karl Kraus nace en el seno de una familia judía. Teniendo tres años, deciden migrar a Viena, la convulsa y bullente capital de “Fin-de-Siècle”, como la denomina Carl E. Schorske en su virtuoso libro. Kraus fue un converso, el judío que renuncia al judaísmo y migrá al catolicismo, del conservadurismo a la Socialdemocracia (el socialismo) y luego rompe con todos ellos.

En 1899, con 25 años, funda su propia revista Die Fackel, en su primera etapa es un proyecto colectivo, pero a partir de 1912 la escribe y edita en su totalidad. Die Fackel aparecía tres veces al mes, fue el faro de su generación. Es producto de un largo andar en la prensa y sufrir la censura.

Antes de crear Die FackelKraus publicaba una columna en: Die Wage; sin embargo, como dejó constancia en los primeros textos que publicó en “La Antorcha” se sentía amordazado por la cobardía de los directores, quienes lo obligan a matizar sus textos, o bien a quitar información; con ese mismo argumento rechaza colaborar en Neue Freie Presse.

Otro elemento determinante para abandonar los medios establecidos fue el giro que éstos daban, la forma en que informaban la realidad y su falta de ética frente a la crisis política que se traduciría en la caída de la monarquía y la desaparición del Imperio Austrohúngaro.

Die Fackel es una propuesta de reelaboración de la prensa, Kraus abandonaba el cotilleo para crear un espacio de reflexión, donde si bien la ironía mantiene un papel vital, no está supeditada al empobrecimiento del lenguaje y la realidad.

Su pluma vio con ojos críticos la condición económica, político y social que le rodeaba, su primer objetivo fueron los periodistas, le siguió una crítica a la descomposición de la élite y su corrupción.

Die Fackel se convirtió en un faro que iluminaba “…la corrupción, la ineficiencia y las mezquinas tiranías de todos los sectores de la sociedad…” vienesa. De forma anónima publicaron diversas personalidades de la época, lo mismo dirigentes socialistas, juristas o bien el líder político serbio Milovan Milovanović quien pugnaba por estrechar los lazos entre serbios, croatas y búlgaros, pueblos subsumidos bajo la monarquía de los Habsburgo.

Durante treinta y seis años, Kraus publicó su pequeño cuaderno rojo, resistió las embestidas de cada uno de los intereses que tocaba, lo mismo juristas que periodistas, sentado en la palestra de “La Antorcha” estuvo el anciano emperador Francisco José. No hubo quién se salvará de la ironía y crítica del “Rojo”.

Para Walter Benjamin “… Kraus ocupa por vocación, por destino, una dimensión, la metafísica, que reasume todas sus indiferencias literarias y políticas en una indiferenciación invariablemente penúltima: la de vivir no entre una época que agoniza, o que no agoniza tanto, y otra que pugna por nacer y no lo consigue sin mellas, sino pura y personalmente a las puertas del juicio final.”

Si como señala el historiador, Eric Hobsbawm, el siglo XX (la nueva época que signa Benjamin) nace justamente en el inicio de la Gran Guerra, entonces la centuria pasada se postró a las puertas del juicio final. No hay equívoco alguno, los eventos que marcaron al siglo XX muy probablemente lo introdujeron al final de los tiempos.

La Gran Guerra fueron los últimos días de la humanidad (Die letzen tage der Menschheit) lo que le siguió detrás de esa paz fatua, fue el holocausto humano de 1933-1945… el perpetuo reino de la barbarie… y la cuerda se sigue tensando con su fase superior: el neoliberalismo. Claro en las reflexiones sobre el siglo XX, Hobsbawm signa su conclusión en la caída del Muro de Berlín… aunque la pila de desechos siga in crescendo.

Karl Kraus ha sido mal interpretado, reducido a un simple autor… SATÍRICO, se menosprecia el oficio de la mordacidad, grandes exponentes de la ironía fueron William Shakespeare y Oscar Wilde.

El Rojo, como pretendían insultarlo sus detractores, ha sido poco leído por la contemporaneidad por tanto no se reconoce su originaria crítica a los medios de comunicación masiva; es cierto, en aquellos momentos no había televisión o redes sociales. Pero como señala Kraus en Die Fackel, o en Pro domo et mundo, traducido al español como: “Contra los periodistas y otras contras” los medios de comunicación masiva empobrecen al lenguaje y por tanto a la experiencia humana.

Su visión crítica de la prensa y los medios de comunicación son una luz vigente hasta nuestros días; una herramienta metodológica —si se quiere— para explicar la vacía subsistencia de la opinión pública mexicana y mundial; que se ha autodenominado: OPINOCRACIA.

Karl Kraus vivió momentos claves en la historia contemporánea, con profunda lucidez, dio cuenta de ellos: desde la crisis y caída del viejo orden monárquico: el Imperio Austrohúngaro, el nacimiento y la caída de la República de Weimar, y la ascensión democrática y la toma del Reichstag.

Karl Kraus identificó como los partidos dominantes de la Viena de entreguerras, se negaban a contribuir en la creación de una cultura política democrática y tolerante. Observó con horror la traición de la Socialdemocracia a la Roja, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht… Kraus dejó de ser Rojo… para estar en contra de todos y ser la mente que iluminó la Viena de fin-de-Siècle.

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