Aviso de incendio… el rojo, Arthur Rimbaud

Por: Armando Leal

@armandoleal71

¡Qué flexibilidad, qué iniciativa histórica

y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisienses!

Después de seis meses de hambre y de ruina,

¡La historia no conocía hasta ahora semejante ejemplo de heroísmo!

Si son vencidos, la culpa será, exclusivamente, de su buen corazón.

KARL Marx

Se dice que Arthur Rimbaud estuvo en París entre el 25 de febrero y el 10 de marzo de 1871, también se agrega —aunque no es excepcional en el autor— que estaba sin dinero y sin conocer a nadie. Otras versiones indican que llegó a la Ciudad de la Luz, la primera semana de mayo; de ello hay testimonio en las conversaciones que mantuvo sobre el tema con Verlaine y Delahaye.

A las versiones contradictorias se agregan los encuentros imaginarios. Se describe a detalle sobre una larga conversación que Arthur Rimbaud y Karl Marx mantuvieron en el Distrito XVIII; el relato plantea que Rimbaud hubiera preferido que Marx lo invitase a alguna tabernucha, entre mendigos y prostitutas, ladronzuelos y conspiradores; pero Marx prefirió un café Montmartre.

Ambos eran revolucionarios, uno poeta y el otro… el gran crítico de la Modernidad. Se dice que el largo diálogo versó sobre la aherrojada realidad capitalista, sobre la guerra que era necesario dar contra la explotación y el terror burgués. Hablaron de la primavera comunista, de esa realidad que ante sus ojos mutaba. Rimbaud señaló el papel esencial de la mujer en la revuelta.

Después de ese diálogo rico, febril, casi inagotable, ambos partieron a vigilar sus trincheras. Vigilar las trincheras, la Comuna de París transformó el espacio público. Para Louis-Auguste Blanqui, las trincheras eran centros neurálgicos de la revuelta, pero eran solo sitios tácticos que no debían ser habitados, sino construidos, reforzados y a los cuales se les debería de mantener. Cuando el asalto represivo y sangriento de las fuerzas conservadoras de Versalles retomaban el sitio parisino, demostraron su importancia.

Marx regresó a Londres, hizo cambios en el “Manifiesto Comunista”, así como llevó el tema al seno de la Internacional, elaboró un llamamiento en el que inicialmente todos estaban de acuerdo; sin embargo, tiempo después se desdijeron. La necia historia de la izquierda y su divisionismo.

Rimbaud, el poeta vagabundo, regresó a habitar bajo los puentes del Sena, a comer de los restos que sacaba por la noche de los cubos de basura, pero fundamentalmente a seguir existiendo, reflexionando, creando… luchando contra la opresión y la injusticia, contra la miseria, por el derecho a la revuelta. Combatiendo por la llegada de la primavera humana desde su trinchera: la escritura, febril y visionaria. Disputando el amor insurrecto, el único capaz de transformarlo todo.

El encuentro entre Arthur Rimbaud y Karl Marx descrito maravillosamente por el poeta cubano Luis Rogelio Nogueras (Wichy) es producto de esa iluminación que destella el hambre y la injusticia, esa histórica contradicción que sostiene una relación de dominación, donde unos lo tienen todo y el resto absolutamente nada. Ambos sabían la situación que enfrentaba el pueblo francés ante la guerra franco-prusiana, ambos sabían sobre los inconvenientes de aquellos días, sobre esas condiciones objetivas que motivaron la revuelta: La Comuna.

En aquellos días, Rimbaud, trazó en su cuaderno de colegial:

Mientras los escupitajos rojos de la metralla

silban todo el día en el infinito del cielo azul

mientras escarlatas o verdes, junto al rey burlón

se desploman en masa los batallones bajo el fuego…

mientras que una espantosa locura, triturando

cien millares de hombres los convierte

en masa humeante.¡Pobres muertos en el estío, en la hierba, en tu alegría,!

Oh, tú que hiciste santamente a esos hombres

hay un Dios que se ríe en los manteles de Damasco…

Son muchos los testimonios, pero he aquí el del periodista y communarsdsLissagaray, autor de “Histoire de la Commune de 1871”, donde señala: El hambre picaba una vez más. La carne de caballo era ya una gollería: la gente devoraba perros, ratas y ratones. Las mujeres, con un frío de 17 grados bajo cero, o entre el barro del deshielo esperaban horas enteras una ración de náufrago. En vez de pan, una masa negra que retorcía las tripas. Las criaturitas se morían sobre el seno exhausto. La leña valía a peso de oro. El pobre no tenía para calentarse más que los despachos de Gambetta anunciando los éxitos conseguidos en provincias. A finales de diciembre, se encendieron los ojos, agrandados por las privaciones.

Se dice que aquellas terribles condiciones de subsistencia llevaron a cientos de mujeres a rebelarse, ellas fueron la vanguardia, las que marcharon y crearon las primeras barricadas aquellas situadas en el centro de París, en Place Concorde, Clichy, Rivoli, Charonne, Abbesses.

Se dice que, aquel 18 de marzo de 1871, casi en instantes se erigieron más de 160 barricadas, en total los communarsds construyeron más de 600, durante aquella primavera roja… los 70 días de la Comuna.

La Comuna transformó la experiencia revolucionaria, fue la primera revuelta de los miserables, de los explotados… fue la revolución que posibilitó la revolución, fue la revolución que ganó perdiendo. Es como si el antiguo deseo de justicia una mañana se le apresentó a los parisinos y los insufló a la acción.

Y emergieron barricadas quien sabe de dónde, algunas eran de adoquines y piedras, otras estaban compuestas de muebles… una diversidad interminable de objetos, sacados de su uso cotidiano y puestos al servicio de la justicia.

Las barricadas son en sí una crítica aguda de la mecánica capitalista, las mercancías pierden su valor de cambio, para, amontonadas y aderezadas en su cúspide con un cañón o una ametralladora, junto a una bandera roja ondeando, cobrar un nuevo sentido: el demente deseo por un presente diferente.

¡A partir de este día, nos pusimos como locos!

la ola de los obreros ha subido en la calle

y esos malditos se van, multitud que siempre crece

de tenebrosos fantasmas a las puertas de los ricos

Y yo me junto con ellos para apalear soplones:

y camino por París, con el mazo al hombro,

y en cada esquina, feroz, voy barriendo a algún canalla…

Hace casi doscientos años, el 28 de mayo de 1871 la reacción retoma las calles, miles de ciudadanos fueron masacrados, miles de mujeres asesinadas, niños… varones. Miles de communarsds fueron liquidados. En coro, la intelectualidad francesa celebró las masacres, los adoquines de París se inundaron de sangre. El viejo orden se mantuvo.

Se dice que RimbaudVerlaine y Villiers de L’Isle-Adam condenaron la masacre. Victor Hugo señaló: He aquí el tiempo de los Asesinos.

El encuentro entre Arthur Rimbaud y Karl Marx en Montmartre evidentementeno aconteció. Sin embargo, su poesía y textos críticos se encuentran cotidianamente cuando andamos aquellos pasos de esas mentes que se rebelaron, lucharon e imaginaron un mundo distinto.

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