Avecinamientos en torno al interregno neoliberal

Por: Armando Leal

@armandoleal71

La lucha de clases,

que no puede escapársele de vista

a un historiador educado en Marx,

es una lucha por las cosas

ásperas y materiales

sin las que no existen

las finas y espirituales.

Walter Benjamin

El pasado lunes 9 de noviembre se cumplieron treinta y un años de la Caída del Muro de Berlín, los que vimos asombrados aquellas imágenes en el noticiero nocturno no pensamos que atestiguábamos el fin de una época. Sin embargo, algunas mentes se aprestaron a avecinar el fin de la historia, referentes de la Escuela de Chicago, esos que en el plano económico planteaban como salida a la crisis capitalista de mediados de los años 70, la reconversión industrial: el neoliberalismo. Esas mentes que hoy aparentemente fallecen.

Han pasado treinta y un años de aquel acontecimiento, el pueblo alemán en vilo salió a las calles con enorme incredulidad. Aquella noche tomaron por asalto el muro e iniciaron a desgajarlo, con picos y martillos se hundió una parte esencial de la historia humana y profundamente oscura. El Muro fue la alegoría limítrofe de la experiencia del socialismo realmente existente.

Alegoría fotografiable, que podía llevarse como suvenir para exhibirlo en casa como manifestación libertaria. Los otros rastros, los del Gulag no fueron expuestos hasta años después. Frente al fracaso del socialismo realmente existente, el “triunfo de la libertad” se coloca como la antesala del interregno histórico que prosiguió después de aquella noche.

Eric Hobsbawm en “Historia del siglo XX” indica la importancia de lo que aquella madrugada acaeció, el fin de siècle, se trata del momento en que una época se cierra, eso es posible atestiguarlo; sin embargo, durante las tres décadas del evento, no se puede constatar si se ha abierto una nueva.

Se sabe lo que se urdió durante estos años… desde el experimento económico en el Chile de Pinochet, el desmantelamiento del Estado Benefactor inglés durante los once años en el poder de la Thatcher, las repercusiones de Reagan; o bien, las implicaciones del proyecto que impuso Salinas de Gortari en México… se sabe sí que, 689 millones de personas viven en pobreza extrema, que más del 50 por ciento de la población mundial vive en la pobreza; y que, 26 personas en el mundo poseen la misma cantidad de dinero que 3.800 millones de personas, lo pobres del mundo. Se sabe sí.

Desde una óptica simplista el proyecto que emana después de la Caída del Muro de Berlín tiene como asidero ideológico el neoliberalismo; sin embargo, esta doctrina debe entenderse desde su lado negativo, es decir, como una falsa ideología. El triunfo de la libertad y la antigua mano libre del mercado sólo han generado desigualdad económica y social, así como un individuo que aparentemente está redimido de las antiguas ataduras, pero vive una nueva forma de aherrojo.

Esa estructura de hormigón de 120 kilómetros de longitud y casi unos tres metros de altura, fue durante casi tres décadas la manifestación fraterna, democrática y los deseos igualitarios del proyecto socialista, la consumación de la REVOLUCIÓN. Pero los sueños libertarios del mundo permanecen, la necesidad de crear un mundo: LIBRE, IGUALITARIO y FRATERNO sigue profundamente vigente, y no sólo ello, es urgente repensar los viejos ideales para replantear la UTOPÍA.

Enzo Traverso en “La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo XX” (FCE, 2012) apostillando a Hobsbawm, plantea un nuevo arco histórico, se trata del período que va de 1975 a 2001, del final de la guerra de Vietnam a la mañana del 11 de septiembre y la caída de las Torres Gemelas, la supuesta destrucción Talibán; durante este interregno se gestaron permutaciones en el paisaje intelectual y políticocambió radicalmente nuestro vocabulario, las antiguas ataduras fueron reemplazadas.

En este interregno lo antiguo y lo viejo conviven, y violentamente se mezclan. Comunismo y socialismo enclaves de entendimiento de lo humano que va de la segunda mitad del siglo XIX hasta la noche del 9 de noviembre de 1989, aparentemente han perdido significación y valía. En las escuelas de Ciencias Sociales las obras de Karl Marx, Friedrich Engels, Antonio Gramsci, Vladímir Lenin y tantos más han perdido importancia; imaginariamente asistimos al entierro de la HISTORIA.

La falsa ideología neoliberal presupone que, con la Caída del Muro de Berlín, el capitalismo ha triunfado, por tanto, la Historia ha muerto; el fin de la historia ideológicamente implica la muerte de la REVUELTA; no más barricadas, no más resistencia de los pueblos. El disenso correrá por el camino del voto.

Nuevos lenguajes aparecen en el espacio público: tolerancia, empatía, toxicidad… un largo etcétera de palabrejas signa el interregno neoliberal: Charlatanería. Frente a ello la Revolución ha pasado a ser sinónimo de totalitarismo, dejó de ser el espacio de la acción emancipadora de los pueblos en búsqueda de JUSTICIA, para convertirse en un acto CONSERVADOR. Ser revolucionario es sinónimo de stalinista. En contracara mercado, capitalismo, individualismo y otro largo etcétera, adquieren un valor “positivo” que las generaciones post Muro de Berlín aquilatan y cultivan.

Byung-Chul Han ha señalado que en el interregno neoliberal el individuo tasa su LIBERTAD como valor supremo ¿pero de qué tipo de libertad hablamos? Regresemos aquella noche del 9 de noviembre de 1989, miles de jóvenes alemanes, miles de alemanes del Este corrieron a gastar los marcos que el canciller Helmut Kohl les regaló para prodigar en la Alemania capitalista… el espíritu del capitalismo y la libertad reducida al consumo.

La académica conservadora Denise Dresser señaló en alguno de sus múltiples comentarios que la importancia del TLC fue la posibilidad de adquirir cientos de mercancías. La libertad ya no es el reino de la posibilidad, sino el espacio que media entre el ser y su capacidad de consumo, uno donde ejerce su libertad. La libertad también es el espacio de resguardo del individuo, incapacitado para la colectividad. En el espacio público permea una suerte de conformismo político. El ciudadano, aparentemente sofisticado en su consumo, se vuelve un alienado ser frente a la reflexión pública.

El “razonamiento” es absolutamente ramplón: “todos los políticos son iguales”, su corrupción es análoga, lo mismo que su desidia, su falta de interés frente a las actividades de gobierno; todos obedecen a sus intereses. ¡Todos los políticos son iguales!, es la consigna que aparentemente expulsó a las masas de la revuelta ¿Para que rebelarse si al final el gatopardismo reina? ¿Para qué generar gobiernos de izquierda, son iguales que los de derecha? ¿para qué rebelarse si después de cambios radicales, regresan los conservadores? de Berlusconi a Trump… ¿para qué rebelarse?

El interregno que va de la noche del 9 de noviembre de 1989 al 2020 signa momentos de profunda tensión, una lucha entre el pasado y la incertidumbre del presente. El asidero neoliberal aparentemente está muriendo ¡aparentemente! Estamos frente a la reelaboración de los grandes ideales libertarios, la necesidad de LIBERTAD, IGUALDAD y FRATERNIDAD es sumamente vigente. Millones de seres humanos caeremos frente a la pandemia, seremos los pobres, los que no tenemos acceso a los servicios de salud, seremos aquellos que somos prescindibles.

La humanidad confronta un punto de inflexión, nada está escrito, nada está dicho… los caminos están a punto de bifurcarse, de crearse… somos los prescindibles los que habremos de generar brecha… esos que conformamos más del 50 por ciento de la población en el mundo en la pobreza; pero es necesario abandonar el razonamiento ramplón que galvaniza las contradicciones históricas. No todos los políticos son iguales, no todo es gatopardismo… no todo son derrotas.

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