Así es Clowndoctors la casa de refugiados sirios en Viena

Por Claudia Loredo

Viena.- julio 20 de 2016.- Es viernes de finales de julio y en Viena hace un calor apabullante.  Recorro junto con Christian y Mark, clowndoctors de Red Noses International, primero en metro y después en tranvía, el camino que me llevará a mi destino: una casa de Cáritas Austria que ha sido destinada desde hace poco más de un año como hogar temporal para refugiados, principalmente sirios, pero también afganos, iraquíes y africanos.

De la estación del tranvía a la Casa de Cáritas caminamos unos 800 metros a paso rápido porque se nos hace tarde. Lo primero que diviso son naves industriales y un edificio en muy buenas condiciones junto a lo que me parece un patio casero: un jardín, un tombling para que brinquen los niños, columpios, macetas, plantas, sillas de sol. Algunas miradas de niños y mujeres que intuyo son musulmanas por las pañoletas en la cabeza, se cruzan en mi camino. Damos la vuelta a la construcción, observo que en varios pretiles de las ventanas hay macetas con plantas, parece como cualquier inmueble vienés de apartamentos.

Llegamos, nos reciben varios hombres morenos de entre 30 y 40 años, vestidos como todo lugareño: playera, bermudas, chanclas o tenis en algunos casos. Si me los encontrara en algún otro lugar, no podría hacer la diferencia de si son o no refugiados, incluso si estuviera en México, no podría saber si son o no mexicanos.

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Entramos al lugar y nos recibe un austriaco con playera roja de Cáritas, él nos muestra dónde está el baño, en el cual Mark y Christian se pueden cambiar. Me presentan con el resto del equipo de Cáritas y me advierten que para fines de este reportaje no tome fotografías de los rostros de las personas que están ahí, pues varios son refugiados políticos; así es que decido abstenerme de sacar mi cámara. Me dedico a observar, a mirar, a leer todos los papeles y carteles que encuentro frente a mí. Me piden que no suba a los pisos superiores sola, que solo lo haga con los clowndoctors.

Mientras Mark y Christian se cambian voy al baño y me encuentro con que el comedor está enfrente. Me asomo y veo varias mesas con sillas como para 70 u 80 personas.  Un chico de unos 15 años limpia las grandes ollas de comida y en la pared de junto leo el horario: de 7 a 9 el desayuno, de 1 a 3 la comida y de 7 a 9 la cena.  También observo un cuadro de los días, semanas, meses y estaciones en alemán, y veo con tristeza una serie de mensajes de personas perdidas con sus rasgos generales y datos de dónde se extravió, información de contacto y horarios con los nombres de quienes deben limpiar y cocinar cada día.

Regreso a la oficina en donde están los clowndoctors terminando de cambiarse y veo que del otro lado de la barra que divide a ésta con el área de espera de la oficina, ya están los niños esperando. Están emocionados, les gritan bromas, les sonríen, les hacen señas, se secretean entre ellos.

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Los niños, todos musulmanes refugiados, hablan alemán porque al entrar a vivir a Austria, deben ingresar obligatoriamente a la escuela, así es que el lenguaje les resulta familiar cuando los clowndoctors los saludan y les hacen bromas. Son aproximadamente 10; con edades que oscilan entre los 3 y los 13 años. Se ríen, se acercan, tienen curiosidad de esos dos clowns que tocan una guitarra, cantan, suben las escaleras, las bajan, se regresan.

Yo voy detrás de ellos, me río igual que los infantes; las bromas y las risas son universales. Católicos, musulmanes, judíos, cristianos, nos reímos por igual.

Los adultos cantan, hacen juegos y los pequeños los siguen. Yo me aparto y me siento en una banca del jardín junto a uno de los integrantes del staff de Cáritas. Se llama Michael, es austriaco y mientras se fuma un cigarro me pregunta si hablo inglés, de dónde vengo y qué hago en Austria. Le contesto que estoy de vacaciones pero quiero hacer un artículo sobre los refugiados sirios en Austria. Me dice que él no sabe del tema en general pero de esa casa de refugio sí. Me cuenta que aproximadamente 100 mil sirios llegaron a Austria en el 2015 y lo hicieron por vía ferroviaria por lo que durante varios meses la estación de trenes más grande de Viena (Hauptbahnhof) tuvo entre sus andenes a miles y miles de ellos; y entre esos, había cientos de austriacos llevándoles comida, abrigo, juegos para los niños y actividades para todos. Varias organizaciones no gubernamentales comenzaron a realizar tareas planeadas, como la Organización de las Narices Rojas (Red NosesClowndoctors International).

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Cuando el gobierno austriaco decidió refugiar a los sirios, esta organización amplió su red de actividades y se centró no solamente en los ubicados en la estación de trenes, sino en las distintas casas o edificios destinados a su albergue. Ante ello, Red NosesClowndoctors, destinó a varios clownsdoctors a visitar a las distintas casas.

Michael me continúa narrando que el gobierno vienés tiene un acuerdo con los almacenes de autoservicio para que donen alimentos a las estancias que albergan refugiados, así como con distintos productores y distribuidores de servicios, por lo que muchas veces tienen suficiente fruta para todos como es el caso de los duraznos, conocidos en Austria como “pfirsich”.

También me cuenta que a año y medio de la llegada masiva de los sirios, quedan en Austria aproximadamente 76 mil, debido a que muchos otros tenían como destino final Alemania y otros regresar a Siria a reencontrarse con sus familias.

Narra que no es fácil para los refugiados adaptarse a la vida europea, porque ésta no es el paraíso esperado aunque sí les otorgue una existencia políticamente más estable. Dice que el racismo, el sectarismo y las mismas políticas austriacas no terminan de integrar totalmente a los refugiados y ocasionan que éstos se relacionen únicamente entre ellos mismos y no deseen conocer la vida local. Michael continúa hablando de cómo el gobierno austriaco destina una cantidad al mes a los hombres refugiados, les da casa y comida pero no les brinda permiso de trabajo, por lo que éstos no salen de la casa que habitan y no se integran a la sociedad austriaca. En cambio, sí obliga a los menores a asistir a la escuela, por lo que ellos poco a poco se van integrando a las costumbres europeas.

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Lo mismo sucede con las mujeres, encargadas de cocinar en la casa de Cáritas y atender a los chicos.  Ellas y los hombres reciben al menos una vez a la semana una clase de alemán impartida por voluntarios de organizaciones no voluntarias.

La mañana continúa mientras Mark y Christian divierten a carcajada abierta a los niños. Yo en cambio, observo con mayor detenimiento a los hombres inmersos en sus teléfonos añorando su vida diaria y cotidiana en Siria. La rabia me invade, me pregunto lo que miles se preguntan ¿vale tanto el dinero para desplazar de su hogar a miles de personas? ¿Vale tanto el poder para resquebrajar a un país completo? ¿Para desbaratar familias? ¿Vidas? ¿Ilusiones? ¿Vale tanto?.

 

 

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