Algarabía y orgullo nacional

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Foto: Edgar López (Archivo)

¿Cómo no quererte México?, si desde nene te empecé a conocer, recorrí muchas zonas de tu cuerpo terrestre, y viví junto a mis padres verdaderos placeres al mirar muchos de tus paisajes, al conocer cientos de tus recovecos más preciados, al mojar mis pies con tus cálidas aguas de mar, al sentir tus colores, tus aromas, tus sabores, tus aspectos más suculentos y privilegiados. Si pude caminar sobre muchos de tus sitios arqueológicos (vestigios físicos de las culturas que previamente existieron en la latitud donde te encuentras, antes de que te conformaras como nación supuestamente independiente).

 

Si he vivido y recorrido a pie en algunas de tus ciudades emblema, con tu arquitectura representativa e histórica en diversas tendencias (sobre todo barroco y neoclásico); conozco muchas de tus rutas carreteras, tus grandiosas autopistas, reconozco tus rutas ferroviarias, tus zonas mineras, industriales, agropecuarias, lacustres y riveras, portuarias, boscosas, selváticas, costeras, nevadas, serranas; al revés y al derecho y quizás con los ojos cerrados identifico a plenitud tu división política y ubico tus principales zonas en tu mapa. Soy un privilegiado de conocerte a la saciedad.

 

¿Cómo no sentir tus símbolos?, si desde pequeño aprendí a recitar con claridad el juramento de tu bandera, fui parte de la escolta los lunes de honores cívicos, y tuve el honor de portar tu insignia patria entre mi brazo y mi pierna derechos, dirigiendo en voz marcial los movimientos básicos de un sexteto de estudiantes que teníamos el privilegio de arropar los colores de la misma; en ese mismo tenor concursé colectivamente, durante muchos años, contra muchos niños pequeños compatriotas, por la mejor interpretación sonora de la versión larga de tu cántico más representativo, ese himno que si bien expresa un sentido agresivo y fuertemente combativo de un contexto de nación, causaba (ante la ingenuidad de mi niñez) que mi piel se enchinara y me sintiera el niño mexicano más feliz de mi país al cantarlo, con el escudo y los colores nacionales adheridos a mi sweter infantil de la escuela.

 

De joven, quizás con mayor madurez biológica e intelectual, como estudiante te representé (con bandera y pasaporte mexicanos en mano) en el exterior y te entregué buenas cuentas en términos académicos, así como miles de compatriotas que han tenido el privilegio (con recursos propios y públicos) de servirte como embajadores en el extranjero en distintos rubros de la vida funcional, académica, laboral, cultural, deportiva, social, política, etc.

 

¿Cómo no degustarte?, si a lo largo de mis 26 años de vida, he probado tus deliciosos tacos, en las diversas presentaciones dependiendo de la zona del país en que me he encontrado, he degustado de tu mole, tus quesadillas, tus tostadas, tus tortas defeñas y ahogadas, tus burritos, tus carnes asadas, tus pollos estilo Sinaloa, tu cabrito, tus cockteles de mariscos y tus pescados, tus tlayudas, tus coyotas, tu tasajo, tus gorditas, tus pambazos, tus chalupas, tu cochinita pibil, tus frijoles negros, bayos y refritos, tus tortillas de maíz blanco y azul así como de harina, tu chile y su respectiva derivación espesa en una infinidad de salsas picosas. He ingerido tus jugos naturales, tus aguas frescas de sabor, he probado (poco, pero lo suficiente) tu mezcal, tu tequila, tu aguardiente, tu aguachile, tus micheladas y tu pulque. He bebido de tus cervezas y he disfrutado de tus refrescos. He comido de tu fruta, tu verdura, tus semillas y tus especias, producto de las cosechas y del esfuerzo campirano de mucha de tu población rural.

 

¿Cómo no sentirme parte de ti?, si el 97% de mis amistades son de aquí, si todas las mujeres que he amado son mexicanas, si mis familias son auténticamente nacionales, si mis valores y mis gustos culturales (a pesar de tener estrecho vínculo con aspectos del extranjero en muchos casos) tienen también una sintonía enorme con elementos y aspectos mexicanos. Si me siento identificado con tu cultura, tu música, con muchos de tus intelectuales, tus deportistas, tus académicos, tus personalidades, incluso con muchos de tus periodistas, pero sobre todo y por ser parte de, con tu pueblo en general.

 

¿Cómo no reconocerte?, si nos diste la dicha de tener artistas, científicos e intelectuales de gran calado como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Juan Soriano, Rufino Tamayo, Ramón López Velarde, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Jaime Sabines, Agustín Lara, Manuel M. Ponce, Cri-Cri, Andrés Molina Enríquez, Octavio Paz, Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Silvestre Revueltas, Carlos Monsiváis, Ruy Pérez Tamayo, Heberto Castillo, Mario Molina, Rodolfo Neri Vela, etc.; si nos has dado a conocer extraordinarios deportistas como Ana Gabriela Guevara, Julio César Chávez, Rubén Olivares, Javier Hernández. Hugo Sánchez, Blue Demon, El Santo, Cuauhtémoc Blanco, Rafael Márquez, Saúl Álvarez, el Perro Aguayo, Juan Manuel Márquez, Vinicio Castilla, Fernando Valenzuela, Paola Espinoza, Lupita González, etc. Nos has puesto en la mesa personajes de la farándula popular como Pedro Infante, María Félix, Jorge Negrete, Viruta y Capulina, Chava Flores, Cantinflas, José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, Consuelo Velásquez, Cuco Sánchez, Antonio Aguilar, Tin-Tan, Chespirito, etc.

 

¿Cómo no llorarte, ni sentirte?, si en la actualidad cada vez más te veo lastimado, semicanceroso, subsumido en lo más profundo de la crisis social, intervenido exógenamente; si te miro en un estado agónico en muchas de tus partes más íntimas; observo con tristeza la degeneración de tu tejido social. Por momentos te veo distraído, y a veces te vislumbro atado completamente al manejo político y económico de las elites más rapaces que te doblegan y por ende dominan ideológicamente a tu pueblo.

 

Me angustia verte indefenso, sin un proyecto interesante de rescate que mejore tu salud social, que reoriente tu rumbo y te encamine a ser pujante, a aprovechar la riqueza de tus fuerzas y tus recursos propios canalizados con la energía de tu gente.

 

Te deseo, por ser parte de ti y ser uno más de tus millones de seres humanos que viste nacer y que viven al interior tuyo, que mejores como nación. Te necesitamos vital para poder ser un pueblo próspero y moderno.

 

En ese sentido deseo que miles de nosotros despertemos en pro de tu salud, en el contexto de nuestra obligación social de hacerte mejorar dentro de nuestra condición plena de ciudadanía consciente de la condición en que estás; sin embargo no soy ingenuo, esto no se logra por voluntad divina; en todo caso, pudiera iniciarse tu tratamiento con la conducción y liderazgo político correcto, vinculado a una base social importante, dispuesta a recuperarte, a devolverte la condición absoluta de país, a sanearte, pero sobre todo a impulsarte, a darte alas para que vueles y nos devuelvas (producto de nuestro esfuerzo y trabajo político, cívico, ciudadano, intelectual y organizativo) un espacio de alegría, disfrute, y libertad, en las entrañas de tu amplio espacio terrestre.

 

A pesar de tus dolencias y tus condiciones adversas, me siento orgulloso de haber nacido en tu interior, de ostentar tu nacionalidad y de vivir mi vida cotidiana dentro de tu territorio. Aquí soy feliz, y quizás aquí me he de morir cuando me llegue el día de partir; debes saber que sobre esto último espero con cabal determinación que suceda en un futuro muy lejano todavía, pues soy joven aún.

Feliz aniversario querida patria. Es curioso que celebremos tu cumpleaños el día que comenzaste a buscar tu supuesta independencia, el 15 de septiembre de 1810, y no cuando supuestamente la consumaste, el 27 de septiembre de 1821.

 

Ingenuamente quizá, deseo e insisto en que debes despojarte de los halcones que te lastiman, y que pretenden verte siempre con la guardia baja y la cabeza agachada. Reitero, ese intento no llegará por acción divina ni obra santa, en todo caso tu pueblo deberá sacarte (con previa organización política) del atolladero tétrico en que te encuentras, y al cual te han condicionado.

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