Mi abuelo, el mejor artesano del pulque

Por María del Rosario Basurto Moreno

 

Pequeña, pero grande para otros. Esa es la cocina de mi abuela, la cocina donde 18 hijos han pasado, de los cuales diez son mujeres.

 

La cocina de mi abuela me llena de grandes recuerdos, recuerdos que nunca se olvidan con sólo ver u oler los platillos recién cocinados ahí. En la cocina cada domingo se juntan los hermanos más cercanos, ya sea el que te cae mal o con el que te llevas bien.

 

Cuando son fechas especiales en la cocina llegan a estar de tres a cuatro hermanas, pero nunca falta el hermano que entra a ver qué hacen y prueba la comida con su dedo (quién sabe si este limpio o no).

 

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En esa cocina no falta ni la sal, ni el orégano, falta una persona importante. Falta la persona que formó esa familia: Mi abuelo, aquel hombre que llegaba los domingos de jugar béisbol con pulque.

 

Se ponía en una esquina donde está la puerta para salir al patio. En esa esquina se encontraba la licuadora, las cucharas grandes colgadas y el microondas. Cuando acababa de curar el pulque con piña lo dejaba reposar en una olla de barro, tapado con una servilleta. Cuando ya estaba listo todos los hijos o nietos iban por un vaso. Un pulque que para mí siempre será el mejor.

 

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Si la cocina tuviera ojos, boca u oídos, nos contaría los secretos que cada hermano ha entrado a contar o chismear. Nos diría quién ha entrado para agarrar algo, comida o algún traste, o quién se ha besado en esas cuatro paredes de color amarillo con azulejo negro.

 

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Me gusta el refrigerador de mi abuelita y no digo que sea bonito o sea el más grande. Me gusta porque siempre hay comida, comida que parece que te dice: “Agarra sin ningún problema”. Pero cómo olvidar el congelador, el cual abres y piensas que encontrarás un rico helado, pero al final es comida guardada en esos botes. ¿Qué gracioso no? Aunque a veces sí he tenido la fortuna de encontrar un rico helado, ya sea napolitano, de chocolate o de frambuesa con queso.

 

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Cuando veo la alacena donde se guardan los vasos, los platos y toppers recuerdo cuando mi abuelito siempre acababa de comer y me mandaba por sus palillos para quitarse la comida de entre los dientes. Los guardaba ahí, en esa alacena donde ahora sólo está guardado el olvido.

 

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La cocina de mi abuela guarda muchos momentos que siempre estarán entre nosotros, momentos que yo nunca olvidaré, en especial la presencia de un gran abuelo, quien tiene como 25 nietos, aunque yo siempre fui su nieta favorita.

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