Por Astrid Perellón
Uno de los mayores placeres de la vida es salirse con la suya. Aquel exquisito momento en donde las palabras <<te lo dije>> sobran y aún así decirlas es adictivo; nos reviste de superioridad arrogante pero también de una autoestima triunfal.
Nos satisface de pies a cabeza cuando una situación sale conforme a lo esperado al punto que olvidamos cruelmente cómo muchas veces hubiera sido mejor no tener razón. Preferiríamos haber llegado a tiempo al compromiso, en lugar de habernos perdido porque el conductor no siguió nuestra recomendación. Preferiríamos que el niño no se hubiera caído, en lugar de verlo lastimarse tal como auguramos sucedería si no se amarraba las agujetas.
En numerosas ocasiones, estamos tan acostumbrados al fugaz deleite de profetizar atinadamente que lo buscamos, lo anhelamos unas veces como amargura. <<Preferiría que a fulano le saliera todo mal con tal de que apreciara que le hago falta>>. Nos hemos convertido en despiadados trolls que viven bajo el puente, esperando salir intempestivamente para decir <<mua, ja, ja, ya lo decía yo, ¿ves?>>
Para algunos identificados con el personaje que describo, la razón es más importante que el resultado porque se han hecho adictos a su realidad. Las cosas tienen que ser como dicen para sentirse seguros, reconocidos, confirmados o, de menos, cómodos. Si algo osa resultar de manera opuesta, hallan justificación que encaje en su mundo. Son ellos personajes de muchas fábulas del aquí y del ahora bastante aburridas, por cierto pues están encadenados a un ciclo o maleficio de realidad regurgitada que se confirma a sus ojos una y otra vez. ¡Y no se explican por qué sus puentes se vuelven menos transitados!
El ser humano no busca confirmar lo que otro vaticina. Es nuestra naturaleza explorar caminos distintos, crear alternativas, innovar, desear lo que se sale de lo convencional. Los trolls tendrán siempre la razón pues ese es su maldición; ajustarán su percepción de la realidad para su beneplácito, sin embargo, desde su puesto bajo el puente nunca podrán vivir aventuras que es para lo que está hecho este cuento que es la existencia humana.
Me refiero a ellos con respeto pues todavía tengo que cruzar tantos puentes que no dudo los hallaré a mi paso pero sepan que, así como yo, muchos no les prestaremos oídos pues no deseamos entretenernos en profecías sino en cómo romperlas. ¿O qué no te has dado cuenta, troll que de eso tratan todas las tramas épicas? No de quien cumple con un destino, sino de la manera fabulosa y llena de veredas paralelas mediante las cuales un héroe consigue trascender.