Por Varinia de la Cruz
Fotos: Malena Díaz y Gabriel Parker
Ella, Malena Díaz, mujer de ojos serenos y valiente corazón, donde la Luna y el Sol la acompañan en su creación.
Ella, que aguarda en su alma la ancestral semilla de teocintle, origen de la vida, de todo lo que encierra.
Ella, madre de Luna, hija de nahuales y mexicas, de mayas y toltecas; mujer que congela con su magia el rostro de los celosos guardianes del alimento mexicano.
Ella, que captura con disparos de su cámara la belleza de las cosas que importan, y aguarda en su rebozo memorias eternas que nadie olvidar debiera.
Ella se alimenta del cacao, semillas, pinole, hongos, frutas de la madre tierra, agua de lluvia y bendito manantial.
Ella, que ama al pueblo por ser pueblo, y lo venera con su arte de pintar la realidad.
Ella, que tributa cada amanecer su creación en silencio, de norte a sur, de oriente a poniente; lo decreta, lo cura, lo vive, lo entrega a la raza.
Ella, la hormiga hermana, que cuidó el teocintle, padre ancestral del maíz, nuestro legado, herencia y patrimonio, vida y prosperidad.
Ella, que vigila el legado de Quetzalcóatl de dioses y párias eternos
Ella, con sus ojos de poeta detrás de la imagen, de Tlaxcala, latinoamericana de corazón; mujer que nos representa, hija del barro y del copal, baluarte de inspiración consagrada.
Ella, que envuelve su piel de barro entre lienzos de maguey y cruda manta; quien anda en ligero paso, mira y vigila lo que se pierde entre la niebla de Tlaxcala.
Ella escucha los secretos que las milpas le dicen cada noche y madrugada.
Ella, madre, ella hermana, ella hija de la madre patria,… Malena Díaz.

Foto: Gabriel Parker
***
–Gracias por recibirme en la hermosa Hacienda, Santa Bárbara, lugar emblemático que guarda historias de antaño y toda la paz que baja del cielo azul en Huamantla, Tlaxcala.
Ahí, la señora Malena Díaz y Luna, su musa y amada hija, quien también participa en la vida productiva de su madre, nos reciben. Entre un gran campo de maíz que rodea la barda de piedra de la hacienda, entre moradas lavandas, árboles preñados de peras y membrillos, flores madreselvas y pétalos de rosas, en un gran comedor de maderas añejas, barro y café con pan, inició nuestra plática:
—Dime Malena, ¿cómo encontraste tu pasión en la vida?
—Me acuerdo que hace muchos años un amigo me preguntó: “¿tú por qué quieres hacer foto?” Yo le dije: “porque desde que tomé la cámara y empecé a hacer fotos sentí como que siempre estuve ahí, no me separé de ella desde que tenía 15 años”. Y seguimos.
—¿Qué importancia tienen para ti los campesinos, los productores de la tierra?
–Mucha, es esencial la gente que está en la tierra, los campesinos, quienes se mantienen trabajándola, conectados al universo, nos dicen: “espera, todo está aquí, no hay nada afuera”. Desde hace once años que documento el maíz, siento que mi obra tiene un centro, permea más, porque la gente visibiliza a los campesinos. Siento que valoran mi obra y valoran a los campesinos porque nada es eterno y todo está cambiando constantemente, entonces el tiempo de ahora es documentar al maíz.
—El arte de la fotografía, ¿cómo empezaste con esa tarea de llevarte en tu cámara a tanta gente, historia, sentimientos?
—Hago foto desde muy joven, desde entonces me gusta hacer retrato, acercarme, contar historias, primero quería hacer fotografía de guerra, foto documental, luego me di cuenta que ese no era mi camino y decidí hacer otro tipo de imagen que mostrara el lado más humano.
—¿Cuál es tu mensaje que estás divulgando en tus andanzas ?
—La urgencia de reconocer el acercamiento a la tierra por medio de los campesinos, resaltar la importancia de tener gente que todavía cultive y que cultive semillas nativas. No sólo es cultivar grandes producciones, porque la gran producción al final es la máquina que sustituye al campesino. Cuando son semillas nativas se preserva el origen. La idea es sentirnos orgullosos de que en México todavía se conservan semillas nativas de maíz. De aquí se fueron a todo el mundo, porque el maíz es de México, de Mesoamérica.

Foto: Gabriel Parker
—¿Qué opinas de la transformación del genoma del maíz hoy en día?
—Hay muchas cosas modificadas, no sólo el maíz, sino todo, lo humano, animal y todas las semillas. Pienso que es parte de la aparente evolución. Se me hace una “devolución”, un retroceso. Yo solamente documento lo que me toca vivir. Ahora siento que vivo un gran momento porque todavía están estas semillas vivas y soy testigo ocular.
—¿Cuál es tu opinión de preservar el origen de las cosas?
—Me gusta lo natural, las telas sintéticas están en las tiendas y todo el mundo las puede adquirir, pero que yo que me las pegue al cuerpo, prefiero tener algo que ha hecho una artesana, que es como las semillas, quedan pocas, a mí me encanta usar textil artesanal que hay que contemplar para usarlo.
–¿Qué me puedes platicar de tu niñez?
— Tuve una niñez muy bonita con mis padres, Enedina López y mi padre Vicente Díaz. Vivimos en Santa Ana Chiautempan, luego Belén Atzitzimititlán, Tlaxcala. Ahí crecí. Mi papá hacía muchas cosas y entre ellas fotos para fiestas, por eso empecé a usar su cámara. Mis abuelos, Gudelia y Alfredo, son de la Sierra de Puebla de Zacatlán. Entonces yo iba seguido a visitarlos. Ellos eran completamente del campo; las vacas, el pulque, las tortillas, siempre que llegaba alguien. Mi abuelita tenía un taco para todos con sal, con salsa. A veces las personas confunden la pobreza, porque como ven a la gente en el campo dicen, “es que es pobre”, pero en realidad, cuando yo iba a casa de mis abuelos me sentía en abundancia total, porque ordeñaban las vacas, ordeñaban los magueyes, el pulque, las frutas, las tortillas. Siempre había alimento. Tuve una niñez feliz y tranquila.

Foto: Malena Díaz
—¿Qué formó tu personalidad?
—La vida te va formando y el tiempo te va llevando por caminos claros, vas teniendo claridad de lo que realmente quieres hacer y qué no. Tengo 52 años y me gusta estar dónde quiero estar. Prefiero ver un atardecer o un amanecer, que perder el tiempo.
—¿Qué me dices de la trenza, gran exposición de foto arte que se presenta en lugares del mundo? ¿Cómo nació la idea creativa, conceptual de la trenza?
— Porque veo la trenza de mazorcas de Ixtenco, Tlaxcala. Deseaba hacer una trenza de mazorcas nativas larga. Hicimos una de 50 mazorcas. La trenzamos en el pelo, para la sesión de foto. La trenza la hice por primera vez en el 2022, la expuse en el Hotel Arte de Xcaret y de ahí se fue a diferentes lugares. Hasta ahora ha caminado mucho. Ya estuvo en España, en Polonia, voy a África. Esta vez fue donación, porque sé que en África los recursos son diferentes y tenemos tantas cosas en común las mujeres africanas y las mujeres mexicanas. Nos unen nuestras raíces, costumbres y el apego a la tierra. Me parece muy importante que nos vean allá. La trenza está caminando por el mundo, mientras yo sigo produciendo. Ya terminé la Colección de Los Pantones del Maíz. Estoy en mi próxima serie fotográfica que se va a España el año que viene. Me gusta exponer en lugares exóticos, en el bosque, el mar, cerca de la naturaleza, en lugares místicos.

Foto: Malena Díaz
— ¿Qué haces en tu vida diaria, Malena?.
—Soy Artista, empresaria, produzco mi obra al tiempo que coordino el Museo del Pulque en Hacienda de Soltepec, la galería de arte en Hacienda Santa Bárbara. Participo en el mercadito orgánico. Me gusta estar con los productores, hacemos intercambio, les hago fotos; actualmente estoy en un momento en que me dejo llevar cómo va fluyendo. Si hay un lugar que me gusta para exponer, simplemente enfoco.
—Los Artesanos que participan en Soltepec…
—A los artesanos los escucho, les aprendo. Hay pocos espacios para los artesanos que realmente trabajan con sus manos, con fibras naturales, con diseño. Ese perfil se integra al mercadito, que la gente viva la experiencia de ver el proceso del teñido de fibras naturales, por ejemplo, está don Felipe tejiendo la palma, las mujeres bordan, se ven los telares de lana. En general, mi respeto total a los artesanos, amo las piezas de Oaxaca y Michoacán, tienen artesanos que admiro. Tlaxcala tiene muy buenos artesanos, sin duda, es toda una cultura de vida que no hay que perder.
—¿Cuál es tu filosofía de mujer, cada día?
— Primero agradecer, siempre agradecer, porque estás sana, por tu familia; después ordenar tus ideas para empezar el día y hacer cosas. Simplemente soy una persona que vive aquí para disfrutar y compartir con la gente que quiero.
—¿Cuál es tu mensaje para los amantes de la fotografía que no han logrado exponer o materializar sus expectativas?
—Que expongan, que den el paso, que se muestren. Antes nos quejábamos porque no había los medios. Hoy, subir tu material a redes sociales y vas creando un público de acuerdo a tu perfil. A mí me sigue gente que le gusta el maíz, que le gusta la tierra, el arte, la cultura. Les diría a los nuevos y actuales fotógrafos que no tengan miedo.
—¿Quiénes son tus escritores preferidos?
—Me gusta (Eduardo) Galeano. Lo leí mucho cuando vivíamos en Europa. Convivimos con exiliados, Mario Benedetti, Juan Rulfo, por supuesto Gioconda Belli, (Ernest) Hemingway, muchos más me gusta leer.
—¿Te gusta la poesía?
—Si me gusta, por ejemplo Pita Amor, cómo declamaba su libertad. También me gusta Rosario Castellanos.
— ¿Qué opinas de las grandes palabras, libertad y justicia?
—Son palabras ambiguas, bien ambiguas, la libertad y la justicia. Siento que ahora, sobre todo las mujeres, tenemos más derechos para opinar, exigir libertad, sin embargo, así se han ido muchas mujeres, buscando esa libertad, quizá en la ignorancia de no saber con quién están, han asesinado a muchas. Siento que ahora es un gran momento para todas nosotras y es ahora cuando tenemos que clarificar nuestras ideas para ser congruentes y comprometidas con esa libertad que pregonamos, que exigimos. La libertad personal se va a ir dando con el Universo, porque uno lo que lanza al universo resuena en nosotros con el tiempo, con madurez, con todo.
—Malena, sabes y escuchamos que el mundo se resquebraja…
—Yo siento que el mundo siempre se está resquebrajando. Sentimos que ahora se resquebraja más porque lo estamos viviendo. ¿Qué sintieron los de la Guerra Civil Española? Su mundo se estaba resquebrajando. En cada momento, en algún lugar, ahora, lo vemos por las redes sociales y nos hacen opinar o decir, yo veo muchas cosas feas. La guerra en la Franja de Gaza, Palestina, eso no es de ahora, eso tiene muchos, muchos años. Cuando vivíamos en Francia tenía amigos que estaban en campamentos y nos traían aceite de olivo para venderlo y apoyar a los campamentos de refugiados. Desde entonces los están asesinando, golpeando. Ahora ya está más rudo. A veces hasta siento más feo que lo estemos presenciando. Palestina está sufriendo muchísimo, pero desde hace años, y no nada más es Palestina, sino más lugares de México y el mundo. La manera de manifestarse, para mi, mostrarse, dejar de consumir lo que el sistema nos impone, de una manera pacífica que les impacte más a ellos, una forma de rebeldía, que lo hago también por gusto, es no consumir cosas de los comercios grandes. Me alimento de la huerta, con lo que traen los campesinos y comparto. La tierra todo lo da.
—¿A qué otros fotógrafos conoces que admires?
—Sebastián Salgado fue un fotógrafo sociodocumental y fotorreportero brasileño. Sin duda a Pedro Valtierra, que es mi mentor y lo admiro, gran amigo, su legado, un archivo histórico para nuestro país. También me gusta mucho Flor Garduño, fotógrafa mexicana, ya falleció. Por supuesto Graciela Iturbide, fotógrafa mexicana reconocida internacionalmente por su trabajo documental en blanco y negro. Me parece muy buena. Lourdes Grobet, mexicana, que fue reconocida por su foto en la lucha libre. El cubano Raúl Cañibano, entre algunos más. Leo la revista Cuartoscuro.

Foto: Malena Díaz
—¿Qué cámaras fotográficas has usado?
—Empecé con una Pentax porque era la que tenía mi papá, con un lente normal angular, luego empecé a usar una Nikon F3. Luego a la Nikon d90. Hoy uso la Nikon 100, y el celular para redes sociales. Tuve cuarto oscuro, revelé. Todavía estaban las latas de rollo fotográfico, recuerdo.
—¿Las instituciones, impulsan tu obra?
—Yo creo que todo es como estés vibrando y te acerques a las instituciones. Actualmente me buscan. Si tengo fotos, las presto con el compromiso de ser devuelta la obra. El arte es reciclar y compartirlo. También hubo momentos en mi carrera que no tuve apoyo alguno. Eso no me ha detenido en crear y mostrar mi obra. Avanzo. Tengo muy claro a dónde voy.
—Mi experiencia como mamá…
— Soy madre de mi modelo, Luna, ha sido muy bonito, trabajamos juntas .
—Y Luna me dice:
—Mi experiencia como hija de Malena, ha sido desde pequeña, llena de amor. Hemos tenido una vida muy bella. Tenemos confianza, comunicación. Estamos conectadas a pesar de la distancia. Ella me llama en el justo momento que la necesito, está cerca. Siempre está entre nosotras ese cariño y conexión. Trabajar con mi mamá me nutre. Amo sus proyectos. Me gusta ver los colores que tiene la trenza, los matices y tonalidades son impresionantes. Disfruto ser parte de la producción y vivir la creación con mi madre.
He aprendido de mi madre a ser segura, sensible al arte, a la humanidad. Lo que sucede me toca mucho, vivir sin miedo y ser yo misma. Cuando creces con artistas también sabes que son personajes particulares. Ahí aprendí a ser auténtica, a no tener miedo a expresarme, a ser rebelde con causa. Si quiero luchar debo saber dónde puedo expresarme. Hoy ser mujer en México y ser adolescente, es un riesgo, es peligroso, es una realidad que vivimos todas las mujeres de México.
Desde otros países, a México lo ven inseguro, yo les digo a quienes expresan esa idea, a lo que vayas a mi país, si vas a buscar arte y cultura te vas a Oaxaca y te vas a encontrar artesanos, escultores, pintores, creadores de alebrijes. Si buscas sanación vas a encontrar lugares mágicos, vas a encontrar comida viva y orgánica, depende la realidad que busques en México lo vas a encontrar. Debemos ver a México con la magia y misticismo que tiene.
Mi madre siempre ha buscado fomentar el arte y la cultura desde la fotografía. En algún momento ella dijo que yo era su musa. De mi mamá admiro que busca fomentar su compromiso con la tierra, admiro su trabajo por conservar las semillas nativas, saber que hay maíces de colores que se llaman, maisajo, arrocillo, sangre de cristo, o que venimos del Teocintle o conocer la leyenda que Quetzalcóatl que se transformó en hormiga para ir al centro de la tierra por un grano de maíz. Todo eso aprendo al acompañar a mi madre.
Luna mira a su madre, Malena, cuando pronuncia estas palabras.

Foto: Malena Díaz
—¿Malena, dime, qué importancia tiene que hoy en día las juventudes se acerquen al arte y a la fotografía?
—El arte es muy importante, porque nos crea sensibilidad y debe de continuar, porque si no te haces menos humano. El arte te hace sensible. Ver una obra te hace sentir lo que siente el artista, son emociones. La vida es menos plana con el arte. El arte mueve todo. No deberíamos vivir sin el arte, en ninguna comunidad, en ningún pueblo. La falta del arte hace que los jóvenes se vayan hacia las drogas, el alcohol, el ocio. Hay que impulsarlo. Nadie debe vivir sin hacer arte o disfrutarlo.
Hay mujeres que nos representan en su andar, en sus esfuerzos, en su creación, por existir, por esas palabras, Por ser Poesía. Gracias, Malena Diaz.
***
Nacida en Chiautempan, Tlaxcala, en 1972, Malena Díaz es una artista y fotógrafa mexicana de proyección internacional. Su obra, con más de 350 exposiciones en países como Francia, Estados Unidos, España, Japón, Polonia, Indonesia y los Emiratos Árabes, combina arte, identidad y memoria.
Actualmente expone en la embajada de México en Polonia, el metro de Yakarta, el Capitolio de Nebraska y la embajada mexicana en Costa Rica.
Formada. Junto a Pedro Valtierra, su mentor, Díaz vivió una década en Toulouse, Francia, donde perfeccionó un lenguaje visual que une fotografía, instalación y reciclaje artístico.
Su serie La Trenza rinde homenaje a los guardianes del maíz, símbolo de la raíz mexicana. En La Ruta del Maíz, colabora con chefs en México y España para difundir el valor cultural y gastronómico de la milpa.
Reconocida por medios como The New York Times, National Geographic Latinoamérica y El País, Malena Díaz crea un arte con propósito: preservar la memoria viva del maíz y de quienes lo cultivan.